Análisis de coyuntura
Consumo

Las nuevas prioridades de la economía pospandemia

Desde el estallido de la pandemia, el consumo de los hogares ha crecido, en promedio, un 2,0% anual real, prácticamente en consonancia con su ritmo histórico y con el avance del conjunto de la economía. El consumo de bienes duraderos, en cambio, ha aumentado el doble: un 4,0% anual.

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La actividad económica fluctúa a lo largo del ciclo, pero sus componentes no lo hacen con la misma intensidad. Algunos ámbitos, como el consumo de bienes de primera necesidad, suelen ser relativamente estables. Otros, en cambio, son mucho más sensibles a las condiciones económicas, ya sea por su elevado coste o porque sus beneficios se materializan con el paso del tiempo y dependen de cómo estará la economía en el futuro. Es el caso de la inversión y del consumo de bienes duraderos: suelen ser los primeros en repuntar cuando mejora el contexto y los que más avanzan cuando la expansión se consolida.

Hoy, pese al complejo contexto internacional y al shock energético, ambas variables señalan con claridad que la economía española sigue en fase expansiva. En el 2T, la formación bruta de capital fijo creció, en términos reales, un 1,4% intertrimestral, y el gasto en bienes duraderos, un 1,6%; en ambos casos, más del doble que el PIB. Sin embargo, sus motores difieren de los de ciclos expansivos anteriores. La pandemia y el cambio tecnológico han dejado una huella bien visible tanto en la inversión como en el consumo.

Desde el estallido de la pandemia, el consumo de los hogares ha crecido, en promedio, un 2,0% anual real, prácticamente en consonancia con su ritmo histórico y con el avance del conjunto de la economía. El consumo de bienes duraderos, en cambio, ha aumentado el doble: un 4,0% anual. La reciente actualización de las cuentas no financieras del INE permite precisar qué factores explican este dinamismo. En la expansión pospandemia, el protagonismo ha recaído en los bienes duraderos vinculados al ocio, como las caravanas y autocaravanas, el material de acampada o los equipos de gimnasio doméstico. El gasto en estos productos ha crecido un 21,1% anual en promedio, cerca de cuatro veces más que su media histórica. El mayor gasto en ocio también se refleja en el fuerte avance de los servicios recreativos –como gimnasios y parques de atracciones–, culturales –cine, teatro y conciertos– y de alojamiento –hoteles y campings–. En términos reales, estas partidas han crecido, en promedio, un 10,3%, un 16,1% y un 23,4% anual, respectivamente.

La tecnología es otro de los rasgos distintivos de las decisiones de gasto de los hogares en este ciclo. El desembolso en equipos informáticos y de comunicaciones ha seguido creciendo a un ritmo elevado, del 12,4% anual, muy similar a su media histórica. En cambio, el gasto en herramientas para el hogar y electrodomésticos ha perdido el protagonismo de etapas anteriores y se ha mantenido prácticamente estancado.

Otro rasgo singular de esta expansión es la evolución del consumo de bienes no duraderos. Desde el estallido de la pandemia ha caído un 5,0% en términos reales, un comportamiento poco habitual: aunque este componente suele fluctuar poco, normalmente crece durante los periodos de bonanza. En esta ocasión, el encarecimiento de varios productos, especialmente de los alimentos, ha llevado a los hogares a reducir las cantidades que consumen. Desde 2019, el consumo de fruta ha descendido un 16,8%; el de pan, un 10,6%; el de carne, un 6,2%, y el de pescado, un 8,2%. En parte, ello se ha visto compensado por el aumento del gasto en bares y restaurantes. No obstante, también cabe tener en cuenta que estas caídas se producen en un contexto de crecimiento de la población. Con todo, el aumento de los precios ha hecho que, en términos nominales, tanto el gasto en alimentos como el peso de los bienes no duraderos en el presupuesto familiar hayan aumentado.

El ocio y la tecnología también destacan cuando se analiza la inversión en el ciclo expansivo pospandemia. Los sectores de información y comunicaciones y actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento, junto con la Administración pública, son los que más han incrementado la inversión, con avances anuales medios iguales o superiores al 5%. Si cambiamos el ángulo, y nos fijamos en qué tipología de inversión ha destacado en el conjunto de la economía, sobresale la inversión en productos de propiedad intelectual, que ha aumentado un 6,8% anual en promedio desde 2020, 1 punto más que su media histórica. Dentro de esta categoría, la inversión en programas informáticos y bases de datos ha avanzado un 7,2% anual. Este dinamismo contrasta con la menor pujanza de la inversión en vivienda y en material de transporte durante el conjunto del ciclo, aunque ambos componentes han ganado tracción recientemente.

El resultado es una expansión consolidada, pero sustentada en motores distintos de los habituales, que reflejan las nuevas prioridades surgidas en los últimos años. Al mismo tiempo, el retroceso del consumo de alimentos recuerda que la mejora del conjunto de la economía convive con importantes presiones sobre el presupuesto de muchas familias. La expansión es sólida, pero sus beneficios no se perciben por igual.

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