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La mejora de la actividad global se ve empañada por las tensiones en algunos países emergentes. El primer mes de 2014 ha sido testigo de dos fases bien diferenciadas. El inicio del año fue muy prometedor: los indicadores de co­­yuntura confirmaban la mejora de las condiciones macro­­eco­­nómicas y el FMI revisaba una décima al alza el crecimiento de la economía global previsto para 2014, hasta el 3,7%. Las perspectivas más favorables en las economías desarrolladas protagonizaban una narrativa con un tono más prometedor para este año. En la segunda mitad del mes, en cambio, los países emergentes han ido copando el grueso de los titulares económicos, y no con buenas noticias. En algunos de estos países, la salida de capital foráneo ha puesto de manifiesto sus vulnerabilidades, lo que ha dado origen a un nuevo episodio de turbulencias que podría poner en riesgo el escenario de crecimiento para 2014 si se en­­quistan.

El avance de la actividad estadounidense respalda la decisión de la Fed de seguir con el tapering. Pese a la ralentización del ritmo de crecimiento del PIB en el 4T 2013 (con un aumento del 3,2% intertrimestral anualizado frente al 4,1% del 3T), la tendencia de fondo sigue siendo de recuperación. La mejora sostenida del mercado laboral y los últimos datos de actividad económica avalan una nueva reducción de las compras mensuales de deuda que efectúa mensualmente la Fed, de 75.000 a 65.000 millones de dólares. Aunque los riesgos asociados a este proceso siguen siendo notables (con repuntes de la volatilidad en las rentabilidades de los mercados de deuda pública norteamericana), nuestro escenario central aboga por un proceso de normalización lento y acompasado a la evolución tendencial del empleo y la inflación.

Reaparecen viejos obstáculos en el bloque emergente. El episodio de inestabilidad iniciado en Argentina, donde la reducción de las intervenciones del banco central en el mercado de divisas provocó una súbita depreciación del peso, ha deteriorado el sentimiento inversor. Como ya ocurrió en verano, ello ha vuelto a poner en la línea de fuego a los países emergentes con elevados desequilibrios externos y dependencia del capital foráneo. Turquía ha sido una de las economías con un mayor repunte de la vo­­la­­tilidad: la severa depreciación de la divisa ha forzado al banco central del país a reaccionar contundentemente y subir el tipo de referencia 550 p. b., hasta el 10%. Las dudas en Brasil y la India también han obligado a nuevos aumentos de tipos, aunque más moderados que en el caso turco. Pese a que estas respuestas de política monetaria puedan ayudar a contener las tensiones a corto plazo, es aconsejable que los países que se perciben como débiles adopten medidas estructurales creíbles para corregir sus desequilibrios macroeconómicos. Es importante resaltar, sin embargo, que estos problemas no son generalizados en todos los países emergentes. Así, la economía china registró un buen dato de crecimiento en el 4T 2013, del 7,7% inter-anual, y se desmarca de las noticias negativas del verano pasado.

Las tensiones en los países emergentes se trasladan a los mercados bursátiles. Las ganancias acumuladas en los primeros compases del año se desvanecieron con la aparición de temores a un nuevo capítulo de turbulencias a raíz de la crisis del peso argentino. Aun así, las perspectivas de medio plazo para las bolsas son alcistas. En los mercados europeos, el arranque prometedor de la deuda pública periférica ofrece una nota positiva, aunque la evolución de los índices bursátiles estará sujeta a los resultados de los test de estrés del BCE al sistema financiero europeo.

En la eurozona, se consolida el crecimiento a medida que la periferia recupera terreno perdido. A la espera del dato de cierre de 2013, los indicadores de mayor frecuencia marcan una vía de avance que sigue ganando tracción en el 1T 2014. La mejora de la previsión de crecimiento por parte del FMI para 2014, hasta el 1,0%, muestra que los principales riesgos en la región van perdiendo fuerza a me­­dida que los países de la periferia se suben al tren de la re­­cuperación. Para este año, se espera que la contribución cada vez mayor de la demanda interna al crecimiento re­­torne la inflación a niveles más moderados (en enero, cedió terreno hasta el 0,7%, presionada por los precios energéticos).

La economía española vuelve a crear empleo. La actividad económica avanzó un 0,3% intertrimestral en el 4T 2013 y se asienta en unas bases cada vez más sólidas: la recuperación de la demanda interna tiene un notable recorrido y el sector exterior sigue ganando competitividad. En este contexto, revisamos al alza las previsiones de crecimiento de 2014 del 0,8% al 1,0% anual. El mercado laboral también es testigo de la mejora de la actividad económica. En el 4T 2013, la economía española generó empleo (en términos desestacionalizados), un fenómeno que no ocurría desde el 1T 2008. El avance de la confianza en las expectativas de empleo y el avance de la actividad hasta niveles acordes con la generación de empleo durante todo 2014, nos llevan a revisar tres décimas al alza la evolución de la ocupación en 2014, hasta el 0,6%.

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