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El desacoplamiento entre los precios del gas y del petróleo

En un momento en el que todas las miradas están puestas en el petróleo por la caída vertiginosa de su precio desde mediados de verano, el precio del gas (especialmente en EE. UU.) se ha mantenido estable. Históricamente, los precios de ambos hidrocarburos se movían de manera muy similar. Sin embargo, en los últimos años, esta relación se ha roto (de nuevo, principalmente, en EE. UU.). Así, mientras que el precio del crudo ha caído un 50% en los últimos seis meses, el precio del gas estadounidense ha bajado en torno al 15%. ¿Qué factores explican este divorcio de precios?

El boom de la energía no convencional (shale) protagonizado por EE. UU. tanto en el gas como en el petróleo y su impacto desigual en ambos mercados es el principal responsable de la desalineación de precios. Hoy por hoy, el gas natural estadounidense es todavía tres veces más barato que el petróleo si lo comparamos en términos de energía equivalente (véase el gráfico).1 Esto se debe a que el mercado del gas, lejos de ser global como el del petróleo, se encuentra fragmentado en tres grandes regiones (EE. UU., Europa y Asia), aisladas entre sí debido al alto coste del transporte, en particular del marítimo. Así, en el caso estadounidense, la revolución del gas shale ha su­­puesto un incremento sustancial de la oferta de la región y, por tanto, una rebaja importante de su precio, que no se ha trasladado al resto del mundo.

A modo ilustrativo, entre el año 2007 y 2013 la producción americana de gas aumentó un 26%, llegando el shale a representar el 40% de la producción total (frente a menos de un 5% a principios de los 2000). La caída del precio del gas que se produjo durante este periodo en EE. UU. alcanzó el 45%. En cambio, la comercialización de petróleo a nivel mundial provocó que los precios de este recurso siguieran una dinámica muy diferente, a pesar de que la producción norteamericana también aumentara. Si bien la producción de crudo de EE. UU. incrementó un 45% en el mismo periodo, el país pro­­du­­ce en torno al 10 % del total mundial. No obstante, un matiz relevante se hace imprescindible en este punto. A pesar de la relativa globalidad del mercado petrolero, la revolución shale norteamericana sí tuvo algunas consecuencias en el precio del petróleo extraído en el país (el West Texas Intermediate): lo rebajó significativamente con respecto a la cotización del crudo co­­mer­­cializado en Europa (el Brent), una diferencia que llegó a alcanzar cotas del 20% a finales de 2011 y de 2012. El motivo fue el cuello de botella en el nudo de oleoductos situado en Cushing (Oklahoma), que aumentó los inventarios y desencadenó tensiones bajistas en los precios. Una situación que se ha ido corrigiendo a medida que han mejorado las infraestructuras de transporte en Cushing, pero que ha durado muchos años.

Asimismo, y a pesar de la fragmentación mencionada en el mercado del gas mundial, en Europa también se ha producido un cierto desacoplamiento entre el precio de uno y otro hidrocarburo (gas y petróleo). Con todo, dicho desacoplamiento ha sido menor y el precio del gas en Europa todavía duplica el de EE. UU. En Asia, la diferencia llega a ser cuatro veces mayor (véase el gráfico). En el caso eu­ropeo, con la finalidad de hacer atractiva la inversión y la explotación de gas, se decidió es­­tablecer en sus inicios (en los años cincuenta y sesenta) contratos de larga duración indexados al precio del petróleo (un claro sustituto energético). Una práctica que ha llegado hasta nuestros días, pues en 2011 en torno al 70% de los contratos todavía eran de larga duración e indiciados. Sin embargo, desde entonces el mercado al contado, según el cual el precio se fija más acorde a factores de oferta y de demanda locales, ha ido ganando terreno. Esta tendencia se ha visto favorecida por tres factores: la reducción de los costes de transporte (ante los avances conseguidos en el campo del gas natural licuado), cambios en la regulación de la Unión Europea hacia una mayor liberalización del mercado energético y las elevadas fluctuaciones del precio del petróleo.

A largo plazo, es de esperar que el aumento de la dispersión de precios en ambas dimensiones (entre gas y petróleo, y entre regiones) se vaya reduciendo. A nivel internacional, EE. UU. podría apostar por la exportación de gas, una opción que en la actualidad está muy restringida por ley. La significativa diferencia de precios, en especial respecto a Asia, junto con los avances mencionados en el gas natural licuado (que rebajan el coste del transporte marítimo), podrían hacer rentable la comercialización del gas americano fuera de sus fronteras. Esta apertura posibilitaría que en los próximos años se avanzara hacia una mayor convergencia de precios entre los tres mercados. En cuanto a la dispersión respecto al petróleo, una diferencia prolongada y de la magnitud observada, especialmente en el mercado norteamericano, podría incentivar un proceso de sustitución del recurso energético más caro (el petróleo en este caso) por el más barato (el gas), lo que debería poner límite también a esta brecha a largo plazo.2

1. El valor de la misma cantidad de la energía en ambos recursos.

2. Por ejemplo, con el diferencial de precios de 2013, la EIA estimaba que, hasta el año 2040, el uso del gas natural en el sector del transporte podría crecer a tasas anuales del 12%.

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