Coyuntura


  • En la eurozona, los indicadores más recientes sugieren un ritmo de crecimiento moderado en el inicio del 4T

    2018: no estamos tan mal. Los datos macroeconómicos agregados dibujan un 2018 globalmente positivo, en consonancia con las previsiones realizadas a finales del año pasado, y todo apunta a que el crecimiento global se habrá situado alrededor del 3,7% en el conjunto del año (solo 1 décima por debajo de lo que esperábamos en diciembre de 2017). Así, a pesar de que han aumentado los focos de riesgo, la salud macroeconómica global ha mostrado, por el momento, una resiliencia remarcable. Las perspectivas para 2019 también se han mantenido prácticamente inalteradas: ahora esperamos un crecimiento del 3,6%, solamente 1 décima por debajo de la previsión de hace un año. Por países, empero, sí que se han producido algunas sorpresas destacables, algunas positivas y otras negativas. Empezando por las primeras, la evolución de la economía norteamericana ha sido mejor de lo esperado, con un crecimiento que probablemente acabe siendo 0,4 p.p. superior al pronosticado hace un año. De todas formas, es importante recalcar que ello se debe, en gran medida, al impulso fiscal que ha llevado a cabo la Administración Trump, no a factores estructurales. En cambio, la eurozona ha sido la principal sorpresa negativa ya que, con toda probabilidad, el crecimiento de 2018 será inferior al esperado hace un año. Sin embargo, no hablamos de ninguna debacle: la gran sorpresa negativa se ha producido en el crecimiento del 3T (se ha quedado en un 0,2% intertrimestral), pero ello ha sido, principalmente, por factores temporales, y las perspectivas para 2019 siguen siendo positivas y razonablemente parecidas a las que estimábamos hace un año.

    Los riesgos proteccionistas siguen siendo significativos. Las elecciones legislativas de EE. UU. (midterms) no han supuesto un castigo contundente a Trump (la pérdida de la Cámara de Representantes es un toque de atención, pero el Partido Republicano ha conservado su mayoría en el Senado), con lo que no se espera que este proceso electoral lleve a la Administración norteamericana a cambiar de forma sustancial sus posiciones en política comercial. En esta línea, es probable que las tensiones comerciales entre EE. UU. y China se mantengan en cotas elevadas en los próximos meses. No obstante, se ha abierto una ventana de oportunidad que podría conducir a una cierta desinflamación: las conversaciones de representantes comerciales de alto nivel de China y EE. UU. en el mes de noviembre han sido un paso positivo y gana enteros la posibilidad de que en la cumbre del G-20 en Buenos Aires de principios de diciembre se produzca una tregua comercial tras el encuentro entre Trump y Xi Jinping.

    Se desencalla el preacuerdo por el brexit, pero su aprobación está en el alero. En concreto, Londres y Bruselas han llegado a un preacuerdo para la salida del Reino Unido de la UE. El pre­­acuerdo permite alargar el periodo de transición más allá de 2020 y establece la permanencia del Reino Unido en una unión aduanera con la UE si no se llega a un acuerdo sobre la futura relación económica de ambas partes durante el periodo de transición. Este último es un elemento ciertamente positivo, ya que implica que, si no se llegara a un acuerdo durante dicho periodo, la inestabilidad quedaría atenuada por la permanencia del Reino Unido en una unión aduanera con la UE. Ahora sendos parlamentos deberán aprobar el preacuerdo, lo que se antoja complicado en el caso del Reino Unido debido a la férrea oposición del ala euroescéptica del Partido Conservador y a la decisión del líder laborista de oponerse al

  • La economía española se muestra sólida

    Hacia una desaceleración suave del crecimiento. Prácticamente con el año concluido, y con datos oficiales de crecimiento del PIB para tres de los cuatro trimestres del año, todo apunta a que la economía española habrá crecido alrededor de un 2,5% en 2018, una cifra muy en consonancia con el 2,4% que barajaba nuestro escenario hace un año. Ello representa una desaceleración suave después de tres años excepcionalmente positivos creciendo por encima del 3%, en los que la economía española se vio favorecida por una serie de factores que dieron más impulso a la recuperación que ya estaba en marcha (como la reducción del precio del petróleo, la compresión de los tipos de interés o la depreciación del euro). Esta dinámica de moderación suave del crecimiento tendrá continuidad en 2019, cuan­­do esperamos que la economía crezca ligeramente por encima del 2%; una cota más moderada que la de los años anteriores, pero superior a la prevista para la mayoría de economías desarrolladas y más sostenible a largo plazo. En la misma dirección apuntan las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicadas el pasado noviembre en el análisis que realiza de forma anual (el llamado «Artículo IV»). En él, el Fondo pronostica un avance del 2,2% para 2019 y recalca que la moderación del crecimiento responde a un menor empuje de los factores de apoyo cíclicos y a un contexto internacional más adverso. Asimismo, el FMI también destaca la necesidad de reducir la deuda pública, que permanece en niveles elevados (cerca del 98% del PIB) a pesar del ajuste del déficit de los últimos años. Una reflexión que coincide con las valoraciones realizadas por la Comisión Europea en su opinión sobre los presupuestos de 2019 presentados por el Gobierno ante Bruselas.

    Los indicadores de actividad señalan un buen ritmo de avance. En octubre, el índice de sentimiento empresarial PMI para el sector manufacturero se situó en los 51,8 puntos, un registro muy similar al de septiembre (51,4 puntos) y cercano al promedio del 3T (52,4 puntos). Por su parte, el índice PMI del sector servicios repuntó hasta los 54,0 puntos, +1,5 puntos respecto al registro del mes anterior y ligeramente por encima del promedio del 3T (52,6 puntos). Por el contrario, el avance de la producción industrial en septiembre fue algo menor de lo esperado, con un crecimiento nulo en términos interanuales. Por último, las ventas minoristas crecieron un significativo 1,8% interanual en octubre, muy por encima del registro del mes anterior (–0,4%) y del promedio de 2017 (0,9%), y apuntan al mantenimiento del buen tono del consumo privado en el último trimestre de 2018. En conjunto, pues, los indicadores sugieren que el crecimiento del 4T se mantiene en cotas similares a las del trimestre anterior (del 0,6% intertrimestral).

    La creación de empleo mantiene un buen tono. El número de afiliados a la Seguridad Social aumentó en 110.567 personas en octubre (datos desestacionalizados), lo que supone un avance del 3,1% interanual en el empleo (2,9% en septiembre) y eleva hasta las 562.544 personas la creación de empleo acumulada en los últimos 12 meses. Este dato se suma a la buena evolución de la EPA y a los datos de contabilidad nacional del 3T. Así, cabe recordar que, en el 3T, la tasa de paro se situó en el 14,6%, su menor nivel desde el 4T 2008, mientras que la remuneración por asalariado a tiempo completo subió un 1,1% interanual, una tasa superior al promedio de 2017 y la primera mitad de 2018.

    La moderación del superávit

  • Se cierra un año positivo, pero los riesgos bajistas no remiten

    2018: no estamos tan mal. Los datos macroeconómicos agregados dibujan un 2018 globalmente positivo, en consonancia con las previsiones realizadas a finales del año pasado, y todo apunta a que el crecimiento global se habrá situado alrededor del 3,7% en el conjunto del año (solo 1 décima por debajo de lo que esperábamos en diciembre de 2017). Así, a pesar de que han aumentado los focos de riesgo, la salud macroeconómica global ha mostrado, por el momento, una resiliencia remarcable. Las perspectivas para 2019 también se han mantenido prácticamente inalteradas: ahora esperamos un crecimiento del 3,6%, solamente 1 décima por debajo de la previsión de hace un año. Por países, empero, sí que se han producido algunas sorpresas destacables, algunas positivas y otras negativas. Empezando por las primeras, la evolución de la economía norteamericana ha sido mejor de lo esperado, con un crecimiento que probablemente acabe siendo 0,4 p. p. superior al pronosticado hace un año. De todas formas, es importante recalcar que ello se debe, en gran medida, al impulso fiscal que ha llevado a cabo la Administración Trump, no a factores estructurales. En cambio, la eurozona ha sido la principal sorpresa negativa ya que, con toda probabilidad, el crecimiento de 2018 será inferior al esperado hace un año. Sin embargo, no hablamos de ninguna debacle: la gran sorpresa negativa se ha producido en el crecimiento del 3T (se ha quedado en un 0,2% intertrimestral), pero ello ha sido, principalmente, por factores temporales, y las perspectivas para 2019 siguen siendo positivas y razonablemente parecidas a las que estimábamos hace un año.

    Los riesgos proteccionistas siguen siendo significativos. Las elecciones legislativas de EE. UU. (midterms) no han supuesto un castigo contundente a Trump (la pérdida de la Cámara de Representantes es un toque de atención, pero el Partido Republicano ha conservado su mayoría en el Senado), con lo que no se espera que este proceso electoral lleve a la Administración norteamericana a cambiar de forma sustancial sus posiciones en política comercial. En esta línea, es probable que las tensiones comerciales entre EE. UU. y China se mantengan en cotas elevadas en los próximos meses. No obstante, se ha abierto una ventana de oportunidad que podría conducir a una cierta desinflamación: las conversaciones de representantes comerciales de alto nivel de China y EE. UU. en el mes de noviembre han sido un paso positivo y gana enteros la posibilidad de que en la cumbre del G-20 en Buenos Aires de principios de diciembre se produzca una tregua comercial tras el encuentro entre Trump y Xi Jinping.

    Se desencalla el preacuerdo por el brexit, pero su aprobación está en el alero. En concreto, Londres y Bruselas han llegado a un preacuerdo para la salida del Reino Unido de la UE. El pre­­acuerdo permite alargar el periodo de transición más allá de 2020 y establece la permanencia del Reino Unido en una unión aduanera con la UE si no se llega a un acuerdo sobre la futura relación económica de ambas partes durante el periodo de transición. Este último es un elemento ciertamente positivo, ya que implica que, si no se llegara a un acuerdo durante dicho periodo, la inestabilidad quedaría atenuada por la permanencia del Reino Unido en una unión aduanera con la UE. Ahora sendos parlamentos deberán aprobar el preacuerdo, lo que se antoja complicado en el caso del Reino Unido debido a la férrea oposición del ala euroescéptica del Partido Conservador y a la decisión del líder laborista de oponerse

  • La inestabilidad perdura en noviembre

    Los mercados financieros se abonan a la volatilidad en el tramo final del año. Tras un mes de octubre marcado por las pérdidas en las bolsas internacionales, sobre todo en EE. UU., en noviembre los mercados continuaron con una dinámica errática. Las tensiones comerciales entre EE. UU. y China y las tensiones políticas en Europa (concentradas en Italia y en las negociaciones sobre el brexit) continúan marcando la evolución de la mayoría de los activos financieros. Además, a ello se le ha sumado el temor, entre los inversores, de que en 2019 la economía mundial se desacelere más de lo esperado (algo que ha penalizado especialmente al precio del petróleo). Frente a esta inquietud en los mercados financieros, tanto la Fed como el Banco Central Europeo mantienen una visión positiva del escenario macroeconómico para sus respectivas regiones y prosiguen con sus estrategias de normalización de la política monetaria.

    Las principales bolsas internacionales no consiguen librarse del tono negativo de octubre. Las tensiones comerciales entre China y EE. UU., con el temor de que erosionen el crecimiento de la demanda global, provocaron descensos en las principales bolsas internacionales. Además, en Europa, los índices también se vieron lastrados por unos datos de crecimiento económico algo decepcionantes, especialmente en Alemania, y las tensiones entre Italia y la Comisión Europea alrededor de la política fiscal italiana. Sin embargo, en el tramo final del mes, los parqués de EE. UU. y Europa recuperaron parte del terreno perdido las semanas anteriores (algunos incluso consiguieron cerrar el mes en positivo), empujados por la esperanza, entre los inversores, de que las tensiones comerciales entre China y EE. UU., por un lado, y en Italia, por el otro, podrían moderarse. Por su parte, en las economías emergentes, el índice MSCI para el conjunto de la región tuvo un comportamiento muy volátil y consiguió cerrar el mes en positivo, aunque el desempeño fue dispar entre continentes (los índices asiáticos avanzaron mientras que los latinoamericanos, liderados por México, registraron pérdidas).

    El euro se mantiene débil en su cruce con el dólar. Las tensiones políticas alrededor de Italia y la decepción de los indicadores de actividad de la eurozona también incidieron sobre el mercado de divisas, donde el euro se depreció hasta situarse cerca de los 1,12 dólares, su mínimo en lo que llevamos de año. Por otro lado, los distintos movimientos en las negociaciones del brexit comportaron una depreciación de la libra británica frente a la mayoría de las divisas internacionales. Así, pese a que la Comisión y el Reino Unido alcanzaron un acuerdo de salida que minimiza las disrupciones, las cotizaciones financieras se vieron más afectadas por los temores a que este no sea aprobado por el Parlamento del Reino Unido y dé lugar a un impasse de incertidumbre. Por su parte, en las economías emergentes, las divisas latinoamericanas, lideradas por el peso argentino y el real brasileño, se depreciaron, mientras que la mayoría de las divisas asiáticas ganaron terreno al dólar.

    Los principales bancos centrales mantienen la hoja de ruta. En EE. UU., en la reunión mantenida el 8 de noviembre, la Fed mantuvo los tipos de interés inalterados en el intervalo 2,00%-2,25%. Asimismo, el comunicado de prensa posterior a la reunión reiteró una visión positiva sobre el crecimiento de la actividad económica y destacó que la robustez del mercado laboral, juntamente con una inflación alrededor del objetivo del 2%, refuerza la estrategia de aumentos graduales de los tipos de interés. Por su parte, el BCE publicó las actas de su

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