Perspectivas de la economía española en clave sectorial 2025-2026
La economía española encara este año y el siguiente con un sólido impulso expansivo, respaldado por una demanda interna robusta y por ventajas diferenciales frente a sus principales socios europeos. A pesar de un contexto internacional complejo, prevemos un crecimiento del PIB del 2,9% en 2025 y del 2,1% en 2026, apoyado, entre otros factores, en una situación financiera del sector privado globalmente favorable para que el consumo y la inversión sigan creciendo de forma dinámica, en el crecimiento demográfico y en unos costes energéticos relativamente más competitivos. El análisis sectorial revela también un ciclo expansivo ampliamente transversal, que abarca desde los sectores más pujantes como la construcción o la industria farmacéutica, hasta los que avanzarán a un ritmo más moderado, como el textil y el automovilístico.
Un crecimiento sectorial amplio y dinámico
Tras un 2024 en el que la economía española creció un notable +3,5% a medida que se disipaban los shocks de la pandemia y de la crisis energética, en 2025 el PIB ha logrado seguir avanzando de manera vigorosa y generalizada, a pesar de enfrentarse a un nuevo shock, esta vez en el ámbito del comercio global. Así, CaixaBank Research estima que el PIB en 2025 haya crecido un 2,9%, un ritmo sólido y superior al que se preveía a principios de año (+2,4%). Esto se explica por la capacidad de la demanda interna, en particular del consumo privado y la inversión, de impulsar la economía, que ha más que compensado el impacto negativo del shock comercial en las exportaciones.
La economía española encara este año y el siguiente con un sólido impulso expansivo
La descomposición sectorial del crecimiento en 2025 pone de relieve la fortaleza transversal de la economía. Si bien el shock arancelario podría haber mermado el crecimiento de las manufacturas, estas se han visto favorecidas por el menor precio de los insumos energéticos para la industria española en comparación con la europea. De este modo, mantienen un crecimiento superior al del ciclo expansivo anterior entre 2015 y 2019. Por su parte, los servicios registran una ligera desaceleración, del 4,0% en 2024 al 3,3% en 2025. Esta moderación se concentra en el turismo, cuyo ritmo de crecimiento se reduce del 6,0% al 2,7%. Como resultado, en 2025 el turismo habrá aportado 0,35 p. p. al crecimiento del PIB, 4 décimas menos que el año anterior. En otras palabras, dos terceras partes de la ralentización del PIB en 2025 se deben a la menor aportación del turismo. Entre los servicios, destaca la excelente evolución de las actividades profesionales, que se han acelerado desde un ya elevado 4,3% en 2024 a un 5,4% en 2025. El sector de la construcción también se ha beneficiado de la fortaleza de la demanda interna, respaldada por el crecimiento de la población. Tras la intensa reactivación del sector registrada en 2024, con un crecimiento del +4,8%, estimamos que en 2025 habrá crecido un 4,1%, significativamente por encima del conjunto de la economía.
En cambio, el sector primario ha mostrado un crecimiento más modesto en 2025. Tras el fuerte repunte de 2024, impulsado por la mejora de las condiciones climáticas, después de la grave sequía y la normalización de los costes de producción, tras el impacto inicial de la guerra en Ucrania, su ritmo se ha ralentizado en 2025. Aunque el peso del sector primario es relativamente modesto (representa el 2,8% de la economía española),4 la caída estimada de casi 10 p. p. en su tasa de crecimiento en 2025 ha supuesto una aportación de –0,3 p. p. al crecimiento del PIB respecto a 2024. Adicionalmente, pese al sólido desempeño global de las manufacturas, algunas ramas muestran crecimientos más débiles, entre ellas destaca el sector automovilístico y el textil, ambos en una situación de competencia internacional particularmente intensa.
Para 2026, CaixaBank Research anticipa una moderación adicional del crecimiento del PIB, que se situaría en el 2,1%. En este escenario, aún marcado por la fortaleza de la demanda interna, prevemos un crecimiento también altamente transversal de los distintos sectores de actividad. Se espera un desempeño particularmente expansivo del sector de la construcción, que crecerá un 3,8%, gracias al empuje del segmento residencial. También crecerán con fuerza sectores de alto valor añadido y con tendencias seculares positivas como la industria química y farmacéutica (+6,0%), las actividades profesionales (+4,0%) y la información y comunicación (+4,2%). El conjunto de las manufacturas mantendrá un crecimiento robusto (+2,6%), apoyado por la ventaja competitiva del menor precio relativo de los inputs energéticos. Asimismo, se prevé que la recuperación observada en la segunda mitad del año en la producción automovilista se consolide, permitiendo al sector retomar la senda de crecimiento en 2026. Por su parte, el sector turístico mostrará un ritmo de crecimiento ya normalizado (+2,5%), y aunque continuará beneficiándose de un alto nivel de especialización, su crecimiento estará condicionado por la debilidad económica de sus principales mercados emisores.
Aunque la economía presenta una base amplia de crecimiento, algunos sectores con perspectivas estructuralmente más limitadas registrarán incrementos relativamente modestos. Es el caso del primario (+1,5%) y de ciertas ramas industriales de menor valor añadido y alta competencia internacional, como la madera y muebles (+0,8%) o la textil (+0,7%). Con todo, para 2026 no se prevén tasas de variación negativas en el valor añadido bruto (VAB) de ninguno de los sectores analizados.
A efectos de análisis, clasificamos los sectores de actividad en tres grandes bloques, según su crecimiento previsto para el bienio 2025-2026: 1) sectores con un crecimiento elevado, 2) sectores con un crecimiento cercano al promedio y 3) sectores con un crecimiento más débil.
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Véase el artículo «El sector agroalimentario español toma impulso en 2025 tras superar los desafíos recientes», en el Informe Sectorial Agroalimentario 2025.
1) Sectores con un crecimiento elevado
Construcción: tras un 2023 marcado por un crecimiento modesto (+1,1%) debido al impacto de la subida de los tipos de interés, el sector de la construcción se reactivó con fuerza en 2024 y alcanzó un avance del 4,8% gracias a la demanda embalsada, especialmente en el segmento residencial. Para 2025 y 2026, prevemos que el elevado déficit acumulado de vivienda y la moderación de los tipos de interés impulsen un fuerte crecimiento del sector (+4,1% y +3,8%, respectivamente). Además, la construcción seguirá beneficiándose de la ejecución de los fondos Next Generation EU (NGEU), tanto de proyectos de infraestructuras como en viviendas y rehabilitación urbana. Un despliegue más ágil de estos fondos, en particular los destinados a rehabilitación urbana, podría generar riesgos al alza sobre estas previsiones.
Actividades profesionales y administrativas: el sector muestra una tendencia secular muy positiva, aupada por la creciente demanda de servicios especializados por parte de las empresas, como la consultoría y los servicios administrativos. Entre 2019 y 2024, estas actividades han sido un motor clave en el dinamismo de las exportaciones de servicios no turísticos. De cara a 2025 y 2026, prevemos que continúen creciendo muy por encima del promedio de la economía, avanzando un 5,4% en 2025 y un 4,0% en 2026.
Tecnologías de la información y la comunicación (TIC): en un contexto marcado por la aceleración digital y la integración creciente de la IA en los procesos empresariales, el sector TIC se consolida como uno de los motores más dinámicos de la economía española. Desde el 4T 2019 hasta el 3T 2025, acumula un crecimiento del 32,6%, reflejo de su papel estratégico en la transformación digital. Aunque en los últimos trimestres las cifras de contabilidad nacional arrojan una ligera ralentización, las perspectivas son optimistas: se prevé una reaceleración en 2026, con un avance del 4,2%, impulsado por la expansión de servicios digitales, la adopción generalizada de soluciones basadas en IA y el desarrollo de infraestructuras tecnológicas de última generación.
Industria farmacéutica: la industria farmacéutica se mantiene como la rama industrial más pujante de los últimos seis años, consolidándose como un vector de crecimiento de alto valor añadido para la economía española. Su liderazgo se sustenta en la innovación, la internacionalización y la capacidad para generar empleo cualificado. Si bien su elevada exposición al mercado estadounidense la ha hecho vulnerable a los aranceles impuestos en los últimos años, el sector ha mostrado una notable resiliencia. Las previsiones apuntan a que continuará creciendo por encima del promedio industrial y del conjunto de la economía, con una reaceleración en 2026 a medida que se estabilicen las reglas del comercio internacional y se refuercen las cadenas globales de suministro. Este escenario abre oportunidades para consolidar a España como un hub europeo en investigación biomédica y producción farmacéutica avanzada.
2) Sectores con un crecimiento en torno al promedio
Turismo y hostelería: el sector turístico español sigue siendo uno de los pilares de la economía, gracias a su alto nivel de competitividad y especialización. Durante el ciclo 2015-2019, creció por encima del promedio nacional y, tras la pandemia, protagonizó una recuperación más rápida y vigorosa de lo previsto, creciendo más que sus principales competidores europeos y consolidando la posición de España como destino líder. Este desempeño confirma la resiliencia del turismo y su capacidad para adaptarse a los cambios estructurales y coyunturales del mercado.
De cara al futuro, se anticipa una normalización de las tasas de crecimiento, con avances del 2,5% en 2026, que reflejan la transición hacia un ritmo más sostenible tras el rebote pospandemia.
El menor dinamismo respecto a los últimos años se explica por el moderado crecimiento que se prevé para las economías de los principales países emisores. A pesar de ello, la demanda turística internacional seguirá creciendo por encima de la renta bruta disponible en dichos países, dado que el turismo internacional se comporta como un bien de lujo (es decir, a medida que aumenta la renta de los hogares en los países emisores, una proporción creciente se destina al turismo en España). Además, las elevadas tasas de ahorro en la mayoría de estos países contribuirán a apuntalar la demanda del sector.
Industria manufacturera: la industria manufacturera continuará exhibiendo un desempeño sólido, con un crecimiento previsto del 2,4% en 2025 y del 2,6% en 2026. Estas cifras superan tanto su promedio histórico como los registros de sus principales competidores europeos. El avance se sustenta en una ventaja competitiva clave: el menor coste de los insumos energéticos en comparación con otros países del continente gracias a la menor exposición al gas ruso, y al elevado peso de las renovables, de menor coste que las energías tradicionales, en la generación de electricidad en España.55 Si bien la industria está más expuesta a los aranceles impuestos por EE. UU. –tanto por el canal directo ligado a su intensidad exportadora, como por el impacto indirecto derivado de los efectos de la incertidumbre sobre la inversión–, el sector ha mostrado una notable resiliencia frente a las tensiones exteriores. Cabe destacar, además, la fortaleza de la demanda interna como un factor de apoyo adicional.
Entre las ramas que crecen a un ritmo cercano al promedio, destaca la fabricación de maquinaria. Esta rama se vio penalizada durante la pandemia y por las disrupciones en las cadenas globales de suministros, pero en los últimos años ha experimentado un crecimiento sólido (+8,0% en 2023 y +3,5 en 2024), que prevemos se mantenga (+2,0% en 2025 y 2026), aupado por la buena marcha de la inversión en este bienio.
Comercio mayorista y minorista: se anticipa un avance sólido en ambos segmentos, gracias al impulso del consumo privado. El comercio minorista, si bien mantiene un crecimiento positivo, afronta retos de calado como la creciente competencia del comercio electrónico, la transformación digital y cambios en los hábitos de consumo que exigen una rápida adaptación. Aun así, prevemos un crecimiento promedio en 2025 y 2026, por encima del 1,5% para ambos sectores.
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Para más detalle, véase el artículo «Las claves del buen desempeño de las manufacturas españolas» en este mismo informe.
3) Sectores con un crecimiento relativamente débil
Aunque en el escenario central no prevemos caídas en ningún sector, algunos mostrarán un desempeño inferior al promedio. Entre las manufacturas, los sectores más débiles incluyen la industria textil y la maderera y de fabricación de muebles. Estas ramas enfrentan un elevado nivel de competencia internacional y, en el caso particular de la industria textil, una tendencia secular negativa. La industria papelera, aunque algo más dinámica, también se situará ligeramente por debajo del promedio del sector manufacturero.
Superados ya los impactos de la pandemia y del shock energético, la industria automovilística encara nuevos desafíos estratégicos. La transición hacia el vehículo eléctrico y la competencia internacional –especialmente de China– presionan a un sector que, sin embargo, cuenta con factores de apoyo: un parque automovilístico envejecido, una demanda privada en expansión y un alto nivel de automatización de la industria automovilística en España (segunda en Europa, solo después de Alemania). Si bien se espera un crecimiento aún débil en 2025, las previsiones apuntan a una reactivación en 2026, siempre que el sector logre adaptarse a la electrificación y apueste por modelos de alto valor añadido. Para ello, será clave acelerar el despliegue de infraestructuras de recarga y aprovechar el PERTE VEC para consolidar la cadena de valor completa en territorio nacional.
Por su parte, el sector primario también presentará un crecimiento algo más modesto. Conviene recordar que, tras la fuerte expansión que registró en 2024, propiciada por el descenso de los costes de producción y la mejora de las condiciones meteorológicas, el sector se enfrenta a importantes desafíos estructurales, como el envejecimiento demográfico en las zonas rurales y el avance del cambio climático, factores de calado que condicionarán su competitividad y sostenibilidad.
Un ciclo expansivo transversal
La economía española, pese a haber atravesado shocks recientes como la pandemia y la crisis energética, muestra hoy una característica singular: la dispersión de los ritmos de crecimiento entre sectores se sitúa en mínimos históricos. Este fenómeno refleja un ciclo expansivo especialmente equilibrado, donde el dinamismo no depende de un único motor, sino que se reparte entre múltiples sectores.
El análisis de la varianza del crecimiento anual –excluidas ramas volátiles como la refinería y el sector primario– confirma que la dispersión es contracíclica: tiende a reducirse en fases de expansión y a aumentar en periodos de contracción. Sin embargo, incluso comparado con otros ciclos expansivos, el actual destaca por su amplitud y homogeneidad.
A diferencia del ciclo 2004-2007, dominado por el auge inmobiliario, el crecimiento actual se apoya en una base mucho más diversificada. Esta transversalidad aporta confianza en la solidez del ciclo, ya que la economía no depende de un solo sector para sostener su avance. En consecuencia, cualquier deterioro macroeconómico tendría que afectar simultáneamente a múltiples ramas de actividad para frenar el crecimiento, lo que refuerza la resiliencia del conjunto frente a perturbaciones específicas.