Actividad y crecimiento

Las exportaciones españolas frente a los desafíos para su competitividad

Analizamos competitividad en precio y costes de las ventas al exterior y analizamos cómo se sitúa hoy la cuota exportadora española en un escenario global de crecientes tensiones comerciales en el que los márgenes para competir parecen estrecharse.


 

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En los últimos tres años, el sector exterior español ha mejorado notablemente su posición: el superávit por cuenta corriente pasó de representar un 0,4% del PIB en 2022 a cerca del 3% del PIB en 2025, lo que refleja una mayor capacidad de financiación frente al resto del mundo. Esta mejora se da, sin embargo, en un contexto en el que la inflación española en los últimos dos años ha mantenido un diferencial ligeramente positivo con respecto al promedio de la eurozona, coincidiendo además con un euro que ha tendido a apreciarse frente al dólar en este periodo. Ante el posible encarecimiento de las exportaciones derivado de estas condiciones, evaluamos su impacto sobre la competitividad en precio y costes de las ventas al exterior y analizamos cómo se sitúa hoy la cuota exportadora española en un escenario global de crecientes tensiones comerciales en el que los márgenes para competir parecen estrecharse.

Como medida de la competitividad por precios, utilizaremos el tipo de cambio efectivo real (TCER), que mide el tipo de cambio nominal de España promediado frente a un conjunto de socios comerciales, ajustado por la inflación relativa según el IPC armonizado. El ajuste por la inflación captura las diferencias de precios al consumo entre España y sus contrapartes. Por lo tanto, si el TCER sube, significa que España pierde competitividad, ya que sus exportaciones se encarecen y las importaciones se abaratan en términos relativos, y viceversa.

En el primer gráfico, comparamos el TCER frente a la eurozona y a un grupo de 37 países industrializados. En la comparación con la eurozona, al compartir moneda, el componente del tipo de cambio nominal no opera y la lectura equivale a comparar precios relativos. Tras un punto de inflexión en el último trimestre de 2022 (cuando la inflación en España subió menos que en otros países de la eurozona), vemos un modesto deterioro de competitividad hasta el último trimestre de 2025, que nos deja, no obstante, en un nivel aún más competitivo que el que teníamos en 2019. Frente al conjunto de 37 países, el repunte reciente del TCER es más marcado debido al impacto de la apreciación del euro. A pesar de ello, nos mantenemos en niveles comparables a los que teníamos antes de la pandemia.

Por otro lado, podemos analizar también la evolución del TCER deflactado por el índice de coste laboral unitario (CLU) en lugar de la inflación. Este nos permite ver si, desde el lado de la producción, existe una presión a través de la relación entre salarios y productividad que pueda contribuir al encarecimiento relativo frente a otros países. En el segundo gráfico se observa que, tras un pico del TCER durante la COVID-19 debido al fuerte repunte de los CLU, España ha recuperado competitividad de forma clara frente a los costes de la eurozona, aunque se sitúa en peor posición que en 2019. Frente al grupo de 37 economías industrializadas, la mejora que se produjo en 2020 ha tendido a moderarse y, tras un leve repunte en 2025, la posición actual es similar a la de 2019.

En conjunto, los dos gráficos muestran un panorama con matices: por el lado de precios finales se aprecia una competitividad sólida, mientras que la ligera pérdida observada recientemente proviene en mayor medida del lado de los costes laborales, cuya evolución ha sido más favorable respecto a la eurozona que frente al grupo de 37 economías industrializadas, poniendo en evidencia a su vez el efecto de la apreciación del tipo de cambio. Para saber si estas tensiones se han traducido realmente en un retroceso en nuestra posición exterior, complementamos el análisis examinando la evolución de la cuota española de exportaciones de bienes y servicios. Esta medida resulta útil porque la competitividad puede evaluarse además de precio y coste, desde otras dimensiones como innovación, complejidad o nivel de tecnología de las exportaciones.1 En este sentido, la cuota exportadora refleja cómo el conjunto de factores que influyen en el comercio internacional termina materializándose en las ventas al exterior.

En el tercer gráfico destaca la ganancia de España frente a Alemania, Italia y Francia: la cuota española sobre las exportaciones de bienes de este grupo ha seguido aumentando y se sitúa ya en un 13%, frente al 11,4% de 2019. Esta mejora se explica porque, en el periodo 2020-2025, las exportaciones españolas de bienes crecieron un 30%, frente a un crecimiento del 12% en el conjunto de estos tres países. A su vez, la participación de España en el comercio mundial se ha mantenido estable, alrededor del 1,7% en los últimos años, lo que indica que España no ha perdido presencia en el comercio global de bienes pese a las dinámicas de inflación y del tipo de cambio. Esta capacidad de mantener cuota durante este periodo resulta aún más destacable en un contexto en el que la cuota de exportaciones de China, y de otras economías asiáticas como Vietnam y Taiwán, ha crecido de manera imparable.

Respecto a la cuota de exportaciones de servicios sobre el total mundial, España recupera en el último año su nivel prepandemia, un resultado especialmente positivo si se compara con Alemania, Italia y Francia, que pierden cuota. En paralelo, EE. UU., pese a seguir siendo el líder del sector, cede algo de terreno en el reparto global, mientras que China y el Reino Unido ganan cuota en los últimos años. Si analizamos los servicios turísticos en particular, el desempeño de España es destacable. Nuestra cuota mundial se sitúa en torno al 6%, por delante de Francia (alrededor del 4%), Italia (3,5%) y Alemania (2,5%), y 1 p. p. por encima del nivel registrado en 2019, consolidando a España como uno de los principales exportadores de servicios turísticos de Europa. Si nos centramos en tan solo los servicios no turísticos, tras el excepcional crecimiento del sector a partir de 2021, obtenemos que España ha sabido defender su cuota de mercado en un entorno en el que Alemania, Italia, Francia y EE. UU. han retrocedido, aunque sin mejorarla, dado que el volumen de exportaciones mundiales también ha aumentado de forma pronunciada.

En conjunto, los indicadores analizados sugieren que, pese al diferencial inflacionista y a la apreciación del euro en los últimos años, no se observa un deterioro relevante de la competitividad exterior de España. Esto, en combinación con unas cuotas de exportación estables o al alza tanto en bienes como en servicios, apunta a que la economía española ha logrado mantener su posición competitiva en un entorno exigente. Este desempeño podría estar asociado a un esfuerzo diversificador de nuestro sector exportador, o a la capacidad de competir en otras dimensiones, que habría compensado parcialmente el impacto del mayor nivel de precios relativos. Todo ello adquiere aún más relevancia en un entorno global en el que China continúa ampliando su peso y en el que varias economías europeas e incluso EE. UU. han cedido posiciones.

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