La economía española en 2026
El escenario de previsiones de CaixaBank Research para la economía española, cerrado antes del estallido de la guerra en Irán, contempla un crecimiento dinámico en 2026, aunque más moderado que el de los últimos años. La demanda interna y, especialmente, el consumo privado y la inversión iniciaron el año con suficientes bazas para crecer con fuerza y seguir liderando la recuperación. Sin embargo, el estallido del conflicto en Oriente Próximo abre un nuevo capítulo de incertidumbre económica y política a nivel global.
Las consecuencias económicas de este último conflicto dependerán de su alcance regional y de su duración, así como del daño que sufran las infraestructuras energéticas de la zona. En este sentido, todavía es pronto para valorar el impacto que puede tener para la economía española. A cierre de este informe, el repunte de los precios de la energía ha sido notable, pero los mercados descuentan que podría ser transitorio; el repunte de las expectativas de inflación también ha sido moderado, y las primas de riesgo soberano siguen en niveles relativamente bajos. Estos son algunos de los canales a través de los que la economía española podría verse afectada, por lo que su evolución se deberá seguir de cerca los próximos meses.
La economía cerró 2025 con buen pie
2025 fue un buen año para la economía española. A pesar de los desafíos arancelarios, el PIB avanzó un destacable 2,8%, casi el doble que el 1,5% del conjunto de la eurozona. La composición del crecimiento confirmó el viraje de las fuentes de crecimiento. La demanda interna y, en especial, el consumo privado y la inversión fueron el motor de la expansión, mientras que la demanda externa neta restó crecimiento por primera vez en años (véase el gráfico). Esta aportación negativa no implica una pérdida de competitividad –como explicamos en el Focus «Las exportaciones españolas frente a los desafíos para su competitividad» en este mismo Informe Mensual–, sino que refleja el débil avance de nuestro principal socio comercial, el giro proteccionista de EE. UU. y el fuerte aumento de las importaciones ligadas a la inversión y, en menor medida, al consumo.
El crecimiento del 4T 2025 fue mejor de lo esperado: el PIB avanzó un 0,8% intertrimestral, superando la previsión inicial del 0,5%. Del mismo modo que en el conjunto del año, el impulso vino del consumo privado y de la inversión, mientras que el sector exterior restó crecimiento pese al avance de las exportaciones. Esta sorpresa positiva sitúa la economía española en un mejor punto de partida con el que encarar el año 2026, y añade 0,2 p. p. a la previsión de crecimiento anual de forma mecánica por el llamado efecto arrastre.
Tras el buen cierre de 2025, los indicadores de actividad, empleo y consumo disponibles para 2026 presentan un perfil más irregular. Los primeros datos de afiliación a la Seguridad Social y los índices PMI muestran cierta moderación respecto al trimestre anterior, en parte debido a las disrupciones provocadas por el mal tiempo. El indicador de consumo de CaixaBank Research también presenta una pérdida temporal de impulso debido al mal tiempo: en enero, creció un 4,0% interanual, un registro muy similar al de 2025; en las dos primeras semanas de febrero, el ritmo de avance se redujo por debajo del 1%, pero los últimos datos ya apuntan a cierta recuperación. El escenario de previsiones contempla un crecimiento del 0,5% en el 1T 2026, pero a tenor de todo ello los riesgos se han ido desplazando a la baja.
Supuestos subyacentes del escenario
La economía española se ha beneficiado de varias dinámicas que podrían mantenerse en el tiempo y seguir impulsando la actividad. La población creció un 1,0% en 2025, muy por encima del ritmo promedio del 0,4% registrado entre 2014 y 2019, gracias sobre todo a los flujos de inmigración. Aunque estos flujos podrían moderarse, es probable que continúen sosteniendo el crecimiento demográfico en los próximos años.
El mercado laboral ha logrado absorber el aumento de población, y la tasa de empleo –ocupados sobre la población mayor de 16 años– siguió creciendo: pasó del 52,1% en 2024 al 52,8% en 2025. Nuestro escenario asume que esta tendencia se mantiene los próximos trimestres, ya que no observamos señales claras de tensionamiento. Prueba de ello es que el indicador salarial de CaixaBank Research muestra que los salarios del sector privado crecieron un 2,7% en promedio en 2025, por debajo del 3,3% registrado en 2024, lo que sugiere ausencia de presiones salariales generalizadas.
Además, en 2025, se inició un potente ciclo inversor, especialmente en bienes de equipo. Este tipo de ciclos suele mostrar una elevada persistencia, por lo que, mientras las condiciones macrofinancieras sigan siendo acomodaticias y la incertidumbre no aumente de forma persistente, la inversión podría mantener cierto dinamismo los próximos años.
En el plano internacional, la principal incógnita es el precio de la energía. Antes del estallido del conflicto, anticipábamos una moderación gradual. En los primeros compases del conflicto, el precio del Brent y del gas natural han repuntado de forma notable. Aunque se trata de aumentos significativos, de momento son inferiores a los registrados en 2022. Si estos repuntes se mantienen durante un periodo limitado, su impacto sobre el crecimiento y la inflación sería acotado, de apenas algunas décimas. Bajo este supuesto, la perturbación inflacionista sería temporal y el BCE podría mantener los tipos de interés en los niveles actuales. No obstante, la incertidumbre es especialmente elevada en esta dimensión.
En relación con los mercados exteriores, el escenario de previsiones se sustenta en la hipótesis de un crecimiento moderado de los principales destinos de exportación, de alrededor del 2% en 2026 (2,8% en 2025, 4,3% entre 2017 y 2019), pero podría ser inferior en función de cómo evolucione el conflicto en Oriente Próximo.1 Por tanto, las exportaciones españolas probablemente seguirán avanzando a un ritmo contenido.
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Para más información acerca del cálculo de los mercados de exportación, véase el artículo «¿Cómo afectará a la economía española el comportamiento de sus principales mercados de exportación?», en el IM11/2025.
Escenario de previsiones
El escenario de previsiones asume que en 2026 la economía española mantiene buena parte de las dinámicas que marcaron 2025, aunque en función de la evolución del conflicto en Irán podrían verse más o menos afectadas. En principio, la demanda interna –sostenida por el consumo y la inversión– podría seguir siendo el principal motor del crecimiento. En cambio, se espera que las exportaciones mantengan un papel más discreto debido a la debilidad del comercio global. Al mismo tiempo, el avance previsto de las importaciones para atender la demanda interna haría que la demanda externa reste crecimiento. Tras el 2,8% registrado en 2025, el escenario prevé que el PIB crezca un 2,4% en 2026 y un 2,0% en 2027.
El consumo privado podría contar con el apoyo de las bajadas de tipos de interés, el crecimiento demográfico impulsado por la inmigración, la solidez del mercado laboral y la gradual reducción de la tasa de ahorro. Por su parte, la inversión también se podría beneficiar de los menores tipos de interés y el apoyo continuado de los fondos NGEU. Este 2026 es un año clave para estos fondos, ya que es el último año de vigencia, y nuestro escenario supone que se logrará ejecutar la totalidad antes de la fecha límite, lo que implicaría una ligera aceleración del ritmo de ejecución. Si entre 2023 y 2025 se ejecutaron en promedio unos 15.000 millones anuales, en 2026 se asume que se ejecutarán alrededor de 16.000 millones. Por componentes, se contempla un mayor impulso de la inversión residencial, mientras que la inversión en equipo se espera que crezca a un ritmo más moderado.
Por otro lado, el escenario contempla una moderación de la inflación hasta cotas cercanas al 2,4%, frente al 2,7% de 2025. Sin embargo, el repunte de los precios de la energía a raíz del conflicto en Oriente Próximo introduce riesgos al alza en este sentido. Más allá de las dudas sobre la futura evolución del componente energético, cabe notar la resistencia de los precios de los servicios a moderarse y cierta reactivación de las presiones de los precios de los alimentos.
La incertidumbre que rodea las previsiones del mercado laboral también es elevada. Este cerró 2025 con un tono muy sólido, incluso acelerando el ritmo de crecimiento en el tramo final del año. En este contexto, el crecimiento del empleo arrancó 2026 con unas perspectivas relativamente favorables y así lo refleja nuestro escenario de previsiones, que contempla un crecimiento de la ocupación del 2,3% este año y una reducción de la tasa de paro de hasta el 9,8%. Pero también en este ámbito podría notarse el impacto de la guerra en Oriente Próximo si afecta a los precios de la energía, el comercio global o las condiciones financieras.
En definitiva, la economía española arrancó el año con suficientes bazas para seguir creciendo de forma notable, pero el estallido de la guerra en Irán hace que vuelva a ser muy difícil cualquier ejercicio de previsiones. En función de la duración, la intensidad y el alcance geográfico del conflicto, el impacto será más o menos pronunciado. Para ir calibrándolo, los próximos meses cabrá seguir de cerca la magnitud y persistencia esperadas del repunte de los precios de la energía y las potenciales afectaciones en los flujos comerciales globales, así como la resistencia de las condiciones financieras.