Análisis de coyuntura

La economía española resiste

La inestabilidad geopolítica complica el escenario macroeconómico, mientras los indicadores de actividad apuntan aun crecimiento dinámico en el 1T. Donde mejor se aprecia el impacto del conflicto en Oriente Próximo y las medidas del Gobierno es en el repunte de la inflación. La reducción del déficit público de los últimos años ayuda a afrontar el nuevo shock y el endeudamiento, en cotas relativamente bajas, es otro factor diferencial respecto a crisis anteriores. La robustez del empleo se mantuvo en marzo.

CaixaBank Research

La inestabilidad geopolítica complica el escenario macroeconómico

El complejo contexto internacional de los últimos años se ha visto nuevamente sacudido por la guerra en Oriente Próximo, acentuando los riesgos a la baja de nuestro escenario, sobre todo por el encarecimiento de la energía. Aunque aún es pronto para evaluar su impacto sobre la economía, dada la elevada incertidumbre sobre su duración y alcance, afrontamos la situación desde un punto de partida relativamente favorable: la economía española mostró una dinámica muy robusta a finales de 2025, lo que nos llevó a revisar al alza la previsión de crecimiento del PIB para 2026 hasta el 2,4% en febrero, antes del estallido de la crisis. Además, los indicadores de actividad del 1T han seguido en cotas enérgicas. A esto se suma la reducción del déficit público y del endeudamiento externo en los últimos años, factores diferenciales respecto a crisis anteriores.

Desde CaixaBank Research estimamos que, si el aumento del coste de la energía es temporal y moderado, en consonancia con lo que han apuntado los futuros del petróleo y del gas durante el mes de marzo, las previsiones de crecimiento para la economía española apenas se debilitarían unas décimas. Aun así, el impacto no sería homogéneo en toda la economía, siendo la industria intensiva en energía, el transporte y el agroalimentario los sectores más afectados. El efecto sería menor que en la eurozona, dada la menor dependencia española de los flujos energéticos con origen en Oriente Próximo (alrededor del 5% del petróleo y menos del 2% del gas natural licuado que llega a España pasa por el estrecho de Ormuz) y el mayor peso de las renovables en el mix energético. Además, para mitigar los efectos de la crisis, el Gobierno ha aprobado un paquete de medidas valorado en unos 5.000 millones de euros, que incluye rebajas fiscales sobre los combustibles, el gas y la producción eléctrica, así como ayudas directas a sectores y hogares (véase el Focus «La crisis en Irán: cuánto puede afectar a la economía española» en este mismo informe). En cualquier caso, será necesario seguir de cerca la evolución del conflicto, si la guerra se resuelve rápidamente o se prolonga en el tiempo y, sobre todo, la gravedad de los daños sufridos en las infraestructuras energéticas.

Los indicadores de actividad apuntan a un crecimiento dinámico en el 1T

La adversa meteorología y las disrupciones en el tráfico ferroviario lastraron la actividad en el arranque del año, pero se han ido reacelerando hasta cerrar un trimestre dinámico. Por el lado de los servicios, el índice PMI repuntó en marzo hasta los 53,3 puntos, compensando gran parte de la caída experimentada en febrero: se sitúa 3,5 puntos por debajo del registro del trimestre anterior, pero apunta a un crecimiento todavía notable en el sector (por encima de 50 puntos marca expansión). Por su parte, el PMI de manufacturas se redujo 1,8 puntos en el promedio del 1T respecto al 4T 2024, hasta los 49,3 puntos, anticipando un posible retroceso del sector industrial, motivado por la creciente incertidumbre. Por el lado del consumo, las ventas minoristas sin estaciones de servicio, en volumen y desestacionalizadas, cayeron en enero-febrero un 0,4% respecto al promedio del 4T 2025, el primer descenso desde el 1T 2023. Sin embargo, el Monitor de Consumo de CaixaBank Research, con datos para el conjunto del trimestre, crece un 3,5% interanual, por debajo del 4,6% del trimestre anterior, aunque el perfil mensual es muy revelador: en enero creció un robusto 4,0%; en febrero se desplomó hasta el 1,8%, en gran medida por el comportamiento de la primera mitad del mes debido al mal tiempo; y en marzo repuntó hasta el 4,7%. En su conjunto, los indicadores disponibles sugieren un crecimiento del PIB en el 1T en torno al 0,4%-0,5% intertrimestral.

La robustez del empleo se mantiene en marzo

Los afiliados a la Seguridad Social aumentaron en marzo en 211.511 personas (un 0,98% intermensual), algo por encima de lo habitual en este mes en los últimos años (0,91% de media en 2023-2025). De este modo, en el conjunto del 1T la afiliación en términos desestacionalizados desaceleró levemente su ritmo de crecimiento, en 0,1 p. p., hasta un avance del 0,5% intertrimestral.

Donde mejor se aprecia el impacto del conflicto en Oriente Próximo y de las medidas del Gobierno es en el repunte de la inflación

Según el indicador adelantado del IPC, la inflación general se situó en marzo en el 3,3%, 1 punto por encima del mes anterior. Sin embargo, el repunte habría sido aún mayor sin las medidas adoptadas por el Gobierno, acercándose al 4,0%. La inflación subyacente, que excluye los precios de la energía, se mantuvo en el 2,7%, pero si el conflicto se alargara, y las presiones sobre los costes de la energía se mantuvieran, también se podría ver afectada. El repunte del precio de la energía introduce riesgos al alza en nuestra previsión de inflación. El escenario de previsiones contempla una inflación del 2,4% para el conjunto del año, pero podría situarse alrededor del 3% si los precios del petróleo y el gas evolucionan de acuerdo con lo que han contemplado los mercados de futuros durante el mes de marzo, aunque la tregua anunciada recientemente, de consolidarse, podría moderar el alcance del repunte.

La reducción del déficit público de los últimos años ayuda a afrontar el nuevo shock

El déficit de las Administraciones públicas se situó en 40.330 millones de euros en 2025 (2,4% del PIB), lo que supone 8 décimas menos que el año anterior y el mejor registro desde 2007. De este modo, el déficit mejoró en 1 décima el objetivo marcado por el Gobierno. Si excluimos el impacto presupuestario derivado de la DANA, que no computa en términos de las reglas fiscales europeas, el déficit pasa del 2,9% al 2,2%.

El endeudamiento externo se mantiene en cotas relativamente bajas y es otro factor diferencial respecto a crisis anteriores

El déficit de la posición de inversión internacional neta (PIIN, saldo de los activos y pasivos financieros frente al resto del mundo) creció 3,8 p. p. en 2025, hasta el 44,8% del PIB, pero se mantiene en un nivel reducido respecto a años anteriores (–83,6% de media en 2014-2019) y muy lejos del máximo histórico de 2009 (–97,2%). El deterioro fue consecuencia, exclusivamente, de un efecto de valoración negativo, ligado a los precios y el tipo de cambio (la revalorización y la apreciación del euro impactaron más en los pasivos que en los activos), mientras que las transacciones financieras netas fueron positivas (el activo aumentó más que el pasivo). La deuda externa bruta (saldo de los pasivos que generan obligaciones futuras de pago) creció ligeramente hasta el 163,6% del PIB (162,9% en 2024), aunque sigue por debajo del nivel de 2019 (168,6%).

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