Observatorio sectorial

El impulso emprendedor en España: evolución, sectores y retos

España ha experimentado en los últimos años un aumento sostenido del emprendimiento empresarial, alcanzando su nivel más alto desde 2012. Sin embargo, la creación de empresas sigue situándose por debajo de la media europea y persisten importantes desafíos estructurales: una elevada mortalidad temprana de las nuevas empresas, una fuerte concentración geográfica del emprendimiento y una escasa orientación hacia sectores de alto valor añadido. Pese a estas debilidades, emergen señales alentadoras en los sectores vinculados a la digitalización y la economía 4.0. El gran reto consiste en aprovechar este foco de dinamismo para lograr que más proyectos sobrevivan, se consoliden y se orienten hacia sectores de mayor productividad, de modo que todo ello se traduzca en un crecimiento económico más sólido, equilibrado y duradero.

Evolución reciente del emprendimiento en España: de la crisis de 2008 al auge pos-COVID

La trayectoria del emprendimiento en España durante la última década y media ha estado fuertemente condicionada por el ciclo económico y los cambios socioeconómicos que ha experimentado el país.

Tras la crisis financiera de 2008-2013, España vivió un auge del emprendimiento «por necesidad»: es decir, muchas personas abrieron un negocio propio ante la falta de empleo asalariado. La tasa de actividad emprendedora (TEA),16 porcentaje de adultos de entre 18 y 64 años involucrados en iniciativas empresariales nacientes o nuevas, alcanzó un pico del 5,7% en 2012. A medida que la economía se fue recuperando y creció el empleo por cuenta ajena, ese ímpetu inicial remitió ligeramente, situando la TEA en torno al 5,2% en 2016. Posteriormente, con un entorno más favorable, se pasó a un perfil de emprendimiento «por oportunidad»: entre 2017 y 2019 la actividad emprendedora volvió a repuntar (TEA en torno al 6%-6,5%), señal de que más emprendedores identificaban nichos de mercado y proyectos vocacionales, apoyados por una cultura start-ups incipiente en las grandes ciudades.

La irrupción de la pandemia en 2020 supuso un paréntesis brusco que redujo el número de nuevas iniciativas. Sin embargo, la reacción fue rápida: muchos negocios se adaptaron (mediante la digitalización, los cambios de modelo, etc.) y las medidas de apoyo (como los avales ICO) evitaron un colapso empresarial mayor.

Ya en 2021 el emprendimiento retomó la senda alcista, y desde entonces la creación de empresas muestra un auge sostenido. En 2023, la tasa de natalidad empresarial (nuevas empresas sobre el total existente) se situó en el 9,1%, un nivel similar al de años más recientes, pero todavía por debajo de los máximos alcanzados en la recuperación posterior a la crisis financiera (2014-2018), cuando superó el 10%.

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    Informe GEM España 2024-2025.

Concentración territorial: unas pocas comunidades autónomas tiran del emprendimiento

El mapa del emprendimiento en España revela grandes disparidades geográficas. Las comunidades autónomas más pobladas y con economías dinámicas exhiben un mayor dinamismo emprendedor, mientras que regiones de tejido productivo más tradicional o poco diversificado quedan rezagadas.

  • En 2023, las Islas Baleares, la Comunidad Valenciana y las Canarias lideraron la creación empresarial, con tasas en torno al 10%-11%, casi el doble que las registradas en regiones menos activas e incluso superiores. Se trata de territorios fuertemente orientados a los servicios de consumo y al turismo, sectores con bajas barreras de entrada en los que proliferan multitud de pequeños negocios en periodos favorables.

  • También por encima de la media nacional se sitúan Andalucía, Madrid, Murcia y Cataluña, que combinan un mayor tamaño económico con ecosistemas más diversificados e innovadores. En el extremo opuesto, regiones como La Rioja, Navarra, Castilla y León o Galicia registran tasas de natalidad empresarial más bajas (en torno al 6%-7%), asociadas a tejidos productivos más estables y dependientes de sectores tradicionales.

Estas brechas implican que algunas regiones crean nuevas empresas a un ritmo casi dos veces superior al de otras, configurando un emprendimiento altamente concentrado desde el punto de vista territorial. En Baleares o Canarias el boom turístico de 2022-2023 se tradujo en una oleada de aperturas en hostelería, comercio y transporte, mientras que las zonas del interior peninsular, con menor demanda y población, apenas generaron empresas nuevas.

Baleares, C. Valenciana y Canarias destacan por una elevada tasa de emprendimiento

Tasa de natalidad en España en 2023

Última actualización: 27 mayo 2026 - 10:44

Otro dato relevante es que las comunidades más emprendedoras tienden a registrar tasas de mortalidad empresarial relativamente contenidas (situándose más alejadas de la bisectriz del gráfico de la página anterior) y a lograr un mayor crecimiento neto del tejido empresarial. Es el caso de Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid, Andalucía, Canarias y Cataluña. Por el contrario, el resto de las regiones se concentra en torno a la bisectriz y reflejan patrones de menor expansión neta y una mayor estabilidad empresarial.

Las comunidades más emprendedoras tienden a registrar tasas de mortalidad empresarial relativamente contenidas y a lograr un mayor crecimiento neto del tejido empresarial

La concentración geográfica del emprendimiento plantea el reto de equilibrar el desarrollo empresarial entre territorios. Ampliar las oportunidades para emprender en las regiones rezagadas podría impulsar un crecimiento más homogéneo y evitar una excesiva concentración en polos tradicionales como Madrid o Barcelona. Para ello, cada zona debería potenciar modalidades de emprendimiento alineadas con sus ventajas competitivas locales: por ejemplo, fomentar la innovación agroalimentaria y la economía verde en las áreas rurales, impulsar el turismo sostenible en regiones costeras maduras o apoyar start-upss industriales en comarcas con tradición manufacturera. Asimismo, aprovechar la capilaridad de redes de apoyo público-privadas a nivel regional (aceleradoras, viveros de empresas, programas autonómicos, etc.) puede contribuir a impulsar el emprendimiento más allá de los grandes núcleos urbanos.

¿En qué sectores se concentra el emprendimiento español? Los ganadores de la economía 4.0 vs. sectores rezagados

El perfil sectorial del emprendimiento en España refleja la estructura económica nacional, con un predominio absoluto de los servicios. Dentro de este amplio dominio de los servicios, el impulso emprendedor no es uniforme. Destacan sectores emergentes ligados a la digitalización y a la economía 4.0. Así, ramas como información y comunicaciones, actividades tecnológicas o investigación y desarrollo presentan elevadas tasas de creación de empresas, superiores además a sus tasas de cierre, lo que indica una expansión neta del tejido empresarial en estos campos.

Sobresale especialmente el auge de transporte y la logística, estrechamente vinculado al éxito del comercio online. Este sector se ha convertido en uno de los principales motores del nuevo emprendimiento en España. La tasa de natalidad en transporte y almacenamiento alcanzó el 11,8% en 2023, más de 5 p. p. por encima de su nivel de hace una década, lo que refleja cambios estructurales como el auge del comercio electrónico y la reorganización de las cadenas de suministro. Este dinamismo contrasta con el estancamiento, e incluso el retroceso, de sectores tradicionales como, por ejemplo, el comercio mayorista y minorista, que ha visto disminuir su peso relativo en la creación de nuevas empresas, señal de un desplazamiento del esfuerzo emprendedor desde la distribución comercial tradicional hacia actividades logísticas más innovadoras.

Sobresale el auge del transporte y la logística, estrechamente vinculado al éxito del comercio online

Mención aparte merecen las actividades vinculadas a la hostelería y al ocio, que combinan una altísima creación empresarial con tasas de mortalidad igualmente elevadas. En estos sectores de bajo coste de entrada y una fuerte competencia, el tejido empresarial se renueva constantemente: surgen muchas empresas, pero también desaparecen muchas otras, de modo que el crecimiento neto resulta modesto pese al dinamismo observado, configurando una auténtica «rotación empresarial» estructural.17 Este patrón de rotación intensa sugiere que el reto en turismo y consumo no reside en atraer nuevos emprendedores (que ya existen en gran número), sino en lograr que una mayor proporción de estos proyectos logre consolidarse y escalar, generando así un valor sostenido en el tiempo.

Por su parte, las ramas manufactureras registran tasas de natalidad empresarial modestas y, en muchos casos, una mortalidad superior a las nuevas entradas, lo que implica una contracción neta del tejido: es decir, se cierran más empresas de las que se crean. Esto sucede especialmente en industrias sometidas a profundas transformaciones (globalización, cambio tecnológico, nuevos hábitos de consumo, etc.) donde el emprendimiento no resulta suficiente para compensar la salida de empresas existentes.

España ante el espejo europeo: ¿qué posición ocupa el emprendimiento español en el conjunto de Europa?

En comparación con Europa, España ha perdido parte de su dinamismo relativo desde finales de la pasada década. Mientras que a mediados de la década de 2010 las tasas de natalidad empresarial eran similares –e incluso, puntualmente, superiores– a las de la UE, desde 2019 el diferencial vuelve a ser desfavorable. En 2023, la tasa europea (10,5%) superó en más de 1 p. p. a la española. No obstante, el emprendimiento en España sigue situándose en niveles comparables a los de otras grandes economías europeas y por encima de países como Alemania o Italia.

La tasa de nacimiento de empresas se mantiene por debajo de la media de la UE

Evolución de los nacimientos de empresas

Última actualización: 27 mayo 2026 - 10:45

Nacimientos de empresas en la UE* en 2023

Última actualización: 27 mayo 2026 - 10:45

El siguiente gráfico permite comparar la tasa de natalidad empresarial de España con la de la UE por sectores de actividad. La mayoría de las ramas se sitúan a la izquierda de la bisectriz, lo que indica que el menor dinamismo emprendedor de la economía española es un fenómeno ampliamente generalizado.

Esta brecha es especialmente acusada en los sectores industriales –como manufacturas, química, metalurgia o automoción– y en los servicios avanzados, como las actividades profesionales y administrativas. Asimismo, sectores con altas barreras de entrada o muy regulados (como la energía, la educación, la sanidad o el sector financiero) muestran un nivel de emprendimiento muy limitado en España en comparación con otros países, lo que sugiere que los obstáculos son más estructurales que coyunturales.18

Por el contrario, España solo sobresale de forma positiva en actividades vinculadas al consumo y al turismo: por ejemplo, la restauración y la hostelería exhiben tasas de creación de empresas superiores a la media europea, señal de un impulso emprendedor especialmente intenso en estos ámbitos. Eso sí, esta fortaleza relativa viene acompañada, como ya se ha señalado, de una elevada rotación: son sectores en los que se crean muchas empresas, pero también desaparecen muchas, por lo que el desafío de fondo consiste en transformar el dinamismo en consolidación y crecimiento.

También se observan algunos nichos industriales donde España muestra mayor iniciativa emprendedora que nuestros vecinos (en casos como la industria farmacéutica o la textil y del cuero), así como en el comercio mayorista.

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    El sector «suministro de energía» recoge únicamente a empresas cuya actividad principal es la producción o comercialización final de electricidad, gas o calor. En varios países europeos, la transición energética ha ido acompañada de una mayor fragmentación empresarial del sector –con numerosos pequeños productores y comercializadores–, mientras que en España buena parte del dinamismo emprendedor ligado a la energía se canaliza a través de actividades industriales y de servicios, fuera de esta categoría. Respecto al sector «educación», en España, la provisión educativa se apoya de forma más intensa en el sector público y en redes concertadas y privadas maduras, con menor rotación y menor creación de nuevas empresas. En varios países europeos, en cambio, la educación de mercado se articula a través de un mayor número de pequeñas entidades privadas.

El reto del emprendimiento: no solo crear, sino sobrevivir y crecer

El desafío del emprendimiento no termina con la creación de empresas: empieza ahí. Lo verdaderamente decisivo es que los proyectos sobrevivan, se consoliden y crezcan. En este terreno, España afronta un problema estructural relevante. Según la Demografía armonizada de empresas del INE, solo el 78,5% de las empresas supera su primer año de vida, lo que implica que casi 1 de cada 5 cierra antes de cumplir 12 meses. A cinco años vista, la tasa de supervivencia cae por debajo del 44%.

Esta evidencia subraya la necesidad de reorientar las políticas públicas: no basta con fomentar el emprendimiento en términos cuantitativos, sino que resulta imprescindible mejorar la supervivencia en las fases iniciales. El impacto acumulativo sería notable: más empresas que alcanzan la madurez implica más empleo estable, mayor capacidad innovadora y un tejido productivo más sólido.

El emprendimiento es una palanca estratégica para la transformación económica de España. En un contexto marcado por la transición digital, los retos climáticos y la urgencia de elevar la productividad, contar con un ecosistema emprendedor robusto, inclusivo y resiliente es más necesario que nunca. España dispone de talento, creatividad y una red creciente de apoyos institucionales y financieros, pero estos activos solo se traducirán en crecimiento sostenible si se superan las barreras estructurales que dificultan la consolidación de los proyectos.

Reducir los obstáculos administrativos y regulatorios es un primer paso clave. La simplificación de trámites, una fiscalidad que no penalice el crecimiento de las pymes y marcos regulatorios más ágiles, especialmente en sectores muy regulados, contribuirían a un entorno más favorable. En paralelo, es fundamental reforzar el acompañamiento en las fases iniciales: asesoramiento, formación en gestión, acceso a financiación y conexión con redes de mentores e inversores. Profesionalizar la gestión desde el inicio y vincular a los emprendedores con el ecosistema empresarial, académico y tecnológico aumenta de forma significativa las probabilidades de supervivencia y escalado.

Asimismo, es fundamental orientar el dinamismo emprendedor hacia sectores de mayor valor añadido, intensivos en conocimiento y capital, como la tecnología, las energías renovables, la biotecnología o los servicios avanzados. Alinear el emprendimiento con los grandes cambios estructurales –digitalización, sostenibilidad y reindustrialización inteligente– multiplicaría su impacto a largo plazo.

En definitiva, apostar por el emprendimiento es apostar por una economía más dinámica, innovadora y generadora de empleo de calidad. España ha avanzado, pero consolidar un verdadero motor emprendedor exige perseverar en las reformas y en el apoyo a la supervivencia y el crecimiento empresarial.

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