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Fuentes de financiación alternativas: el capital riesgo

Tras la puesta en marcha de la unión bancaria, la Comisión Europea se ha fijado una nueva iniciativa insignia para se­­guir construyendo un marco financiero común dentro de la Unión Europea: la unión del mercado de capitales (UMC). Uno de los pilares de la UMC es la ampliación y diversificación de las fuentes de financiación alternativas al crédito bancario a medio y largo plazo. En este artículo se analiza una de ellas, el capital riesgo (venture capital en inglés), un gran desconocido para muchos, pero con un notable impacto potencial sobre el crecimiento económico de un país.

Las gestoras de capital riesgo proveen de capital a empresas no cotizadas con un alto potencial de crecimiento, ya sean empresas de nueva creación (en etapa semilla y start-ups1) o en fase de expansión. En Es­­paña, el 91% de las empresas respaldadas con estos fondos son empresas con menos de 100 trabajadores, el 58% se en­­cuentra en una fase avanzada de desarrollo del negocio y el 76% pertenece al sector de las TIC y de la tecnología digital. Esta fuente de financiación resulta especialmente atractiva para las compañías con poca historia operativa, ya que, dada su juventud, suelen tener pocas pers­­pectivas de acceder a otros tipos de financiación más tradicionales. Además, las gestoras de capital riesgo no solo proporcionan una in­­yección de capital a las empresas en las que invierten, sino que también ofrecen experiencia y asesoramiento técnico, la profesionalidad de un equipo directivo con conocimientos de gobernanza corporativa y un seguimiento minucioso del negocio, puesto que su principal objetivo es que la empresa en la que han invertido crezca y se revalorice, para poder obtener un re­­torno que compense el riesgo en el que se ha incurrido. Otra ventaja de esta fuente de financiación es que es más estable a lo largo del ciclo que fuentes de financiación tradicionales como la deuda o el crédito.

Muchos estudios académicos han analizado los beneficios del capital riesgo sobre la economía y el tejido empresarial de un país. Básicamente, el impacto de este tipo de financiación se traduce en un aumento de la innovación, la productividad y la competitividad. Por un lado, las empresas respaldadas con capital riesgo son más eficaces a la hora de asignar recursos a la investigación y el desarrollo. Por ejemplo, un euro invertido en I+D por estas empresas es hasta nueve veces más efectivo, en términos de probabilidad de generar una nueva patente, que un euro invertido por empresas no respaldadas con capital riesgo.2 En cuanto a la productividad, un estudio3 sobre distintas compañías estadounidenses halló evidencia de que las que estaban respaldadas con capital riesgo experimentaron un aumento de la productividad en los dos primeros años de la inversión 2 p. p. superior a las que carecían de apoyo. Finalmente, al ser empresas con alto contenido tecnológico y fuerte potencial de crecimiento, son más proclives a la internacionalización. De hecho, estas empresas se conciben desde un inicio con una visión global, y la participación de los fondos de capital riesgo les permite alcanzar el ta­­maño necesario para que sea posible.

Si bien los beneficios de la financiación a través del capital riesgo parecen claros, en España este mercado todavía está poco desarrollado. La inversión de ven­­ture capital en empresas españolas fue de 280 millones de euros (un 0,03% del PIB) en 2014, claramente por debajo de los volúmenes de EE. UU., del 0,17% del PIB. Sin embargo, es importante subrayar que, a pesar de ser cifras modestas, se han restaurado los niveles de 2011 gracias al incremento del número de fondos internacionales atraídos por las empresas españolas en fase de desarrollo. Asimismo, estos avances también se apoyan en un contexto económico muy favorable para el país, en una abundante liquidez global que facilita la financiación de nuevas inversiones y la dinamización de la industria de capital riesgo por parte de los fondos públicos. Concretamente, destaca el fondo de fondos del Gobierno FOND-ICO Global, que ha distribuido un total de 755 millones de euros desde su creación en 2013. Sin embargo, a pesar de todos los apoyos mencionados, todavía es un mercado muy joven en España, por lo que esperamos que vaya ganando peso en los próximos años, a medida que los fondos de pensiones inviertan en fondos de capital riesgo, como ya ocurre en otros países, y a medida que las gestoras de estos fondos alcancen la madurez y dispongan de una trayectoria de éxitos.

En resumen, considerando las ventajas que pueden ofrecer los fondos de capital riesgo a ciertos sectores de la economía con alto potencial de crecimiento, todas las iniciativas que potencien el desarrollo de este mercado, como la reciente iniciativa de la Comisión Europea en el marco de la UMC, son más que bienvenidas.

1. Las empresas en etapa semilla son las que acaban de nacer y cuyos productos están en fase de definición. Las start-ups son las empresas de reciente creación que no han empezado la producción y distribución del producto.

2. Popov, A. y Roosenboom, P. (2009), «Does private equity investment spur innovation? Evidence from Europe», ECB.

3. Davis, S. et al. (2009), «Private Equity, Jobs and Productivity», Globalization of Alternative Investments Working Papers, World Economic Forum.

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