Turismo

El cambio climático y la fidelización del turismo internacional: nuevas evidencias para España

Analizamos cómo reaccionan los turistas a experiencias térmicas extremas para anticipar riesgos y oportunidades del sector turístico ante el cambio climático, a partir de datos internos anonimizados de pagos con tarjetas extranjeras en TPV de CaixaBank.

El turismo internacional ha sido una de las grandes fortalezas de la economía española en los últimos años. Tras la recuperación posterior a la pandemia, el sector ha vuelto a registrar cifras muy elevadas de llegadas y gasto y ha reforzado su papel como motor de actividad, empleo y generación de renta en buena parte del territorio. Sin embargo, esta posición de liderazgo convive con un reto estructural de primer orden: el cambio climático. España es un destino muy competitivo por la riqueza de su oferta, la calidad de sus infraestructuras y la amplitud de su calendario turístico, pero una parte relevante de su atractivo se apoya todavía en unas condiciones climáticas que están cambiando con rapidez. En este contexto, es importante entender cómo reaccionan los turistas ante experiencias térmicas extremas para anticipar riesgos y oportunidades del sector.

En un artículo publicado anteriormente,1 analizamos por primera vez, a partir de los datos internos de pagos con tarjetas extranjeras en TPV de CaixaBank cruzados con información climática de la European Union’s Copernicus Land Monitoring Service Information, si las olas de calor afectaban a la probabilidad de que un turista internacional volviera a España. En ese análisis, encontramos que los turistas que habían experimentado temperaturas excepcionalmente elevadas durante su estancia mostraban una menor propensión a regresar al año siguiente. En concreto, cuando la desviación de la temperatura media respecto a su referencia histórica superaba los 8 ºC –lo que considerábamos una ola de calor extrema–, la probabilidad de repetir visita se reducía en un 13,8%. La actualización de este análisis con datos de 2024 y 2025 confirma que este patrón no fue un episodio aislado, sino una regularidad que persiste en el tiempo.

El primer gráfico muestra que la relación entre la experiencia térmica y la fidelización mantiene una forma muy similar a la observada anteriormente. Cuando la temperatura experimentada por el turista se sitúa en torno a su promedio histórico, la propensión a regresar a España se mantiene estable. En cambio, a medida que la desviación positiva de la temperatura aumenta por encima de los cuatro grados, la probabilidad de retorno se reduce. En los episodios más extremos, los turistas expuestos a vacaciones anormalmente calurosas presentan una propensión a volver aproximadamente un 15% inferior a la de aquellos cuya estancia transcurrió bajo condiciones térmicas más próximas a la normalidad histórica. Este resultado es especialmente relevante porque se obtiene en un contexto en el que el turismo internacional hacia España mantiene un gran dinamismo, lo que sugiere que el efecto climático opera incluso en una fase de elevada demanda agregada.

La principal novedad de este artículo es que ampliamos el análisis para estudiar no solo si los turistas regresan, sino también cómo ajustan sus decisiones cuando regresan. El segundo gráfico muestra que los turistas que han experimentado una ola de calor durante su estancia tienden, al año siguiente, a realizar sus vacaciones en zonas o fechas con temperaturas esperadas más frescas. En concreto, la probabilidad de elegir en 2025 un paquete de destino y fechas con una temperatura histórica al menos 5 ºC inferior a la de 2024 aumenta con la proporción de días de la estancia previa en los que se superaron temperaturas máximas de 32 ºC. Dicho de otro modo, la experiencia de calor extremo reordena las preferencias dentro del mercado turístico español.

 

El ajuste de preferencias respecto al mercado turístico español puede producirse por dos canales principales. El primero es la sustitución geográfica: el turista mantiene, en términos generales, el calendario de sus vacaciones, pero cambia de destino dentro de España hacia zonas con temperaturas esperadas más moderadas. El segundo canal es la sustitución temporal: el turista mantiene una tipología de destino similar, pero desplaza su viaje hacia meses menos calurosos, anticipando o retrasando sus vacaciones.

A pesar de que los turistas ajustan sus viajes, vemos que lo hacen de manera sutil. Los turistas repetidores tienden a ser fieles a sus destinos. Por ejemplo, en los destinos mediterráneos, que concentran dos tercios de las llegadas internacionales, el 85,2% de los turistas repetidores cuyo destino principal en 2024 fue mediterráneo repitió en esa misma tipología en 2025. Solamente el 1,8% de turistas internacionales que eligieron el Mediterráneo en 2024 y volvieron a España eligieron la costa atlántica como destino principal en 2025. Un análisis de regresiones que vincula la experiencia climática con la sustitución por tipología de destino sugiere que esta opción no suele utilizarse: los turistas que han sufrido una ola de calor y, aun así, vuelven a España, no suelen cambiar de tipología de destino. Asimismo, observamos que las olas de calor no están asociadas con cambios en la propensión a sustituir temporadas.

La limitada movilidad entre tipologías de destino y temporadas no significa, sin embargo, ausencia de adaptación. Un turista que desea unas vacaciones mediterráneas puede cambiar de municipio o de zona costera, sin abandonar la categoría general de destino que prefiere. Asimismo, un visitante de Canarias puede elegir otra isla, otra orientación de costa o unas fechas distintas dentro de una temporada parecida. La especificación de nuestras regresiones, que vincula la experiencia de las olas de calor con la sustitución a un destino con una temperatura histórica más baja, manteniendo fija la tipología de destino y la temporada, muestra coeficientes positivos y económicamente significativos. Por tanto, lo que parecemos observar es que los turistas que experimentan olas de calor logran seleccionar destinos más frescos en su misma temporada y tipología geográfica de destino.

El tercer gráfico ilustra cómo los turistas que han experimentado temperaturas más extremas en el Mediterráneo en el verano de 2024, y que vuelven al Mediterráneo en verano de 2025, tienen una mayor propensión a elegir destinos con temperaturas históricas 5 grados por debajo de la temperatura histórica de su destino en 2025. Ello evidencia que existe un margen de sustitución climática importante dentro de las mismas temporadas y categorías de destino. Otro ejemplo de este tipo de sustitución es que los turistas que visitaron el interior en verano de 2024, sufrieron olas de calor y decidieron volver al interior en 2025 tendieron a elegir destinos con mayor altitud que los turistas que no experimentaron olas de calor.

En conjunto, los resultados muestran que los turistas responden a las olas de calor de dos formas. Por un lado, reducen su propensión a volver a España. Por otro, sin modificar la tipología del destino principal ni la temporada del viaje, optan por destinos más frescos.

Para el sector turístico español, las implicaciones son importantes. En primer lugar, la fidelización de los turistas internacionales puede verse erosionada por las olas de calor extremas. En segundo lugar, la adaptación de la oferta será cada vez más determinante para sostener la competitividad. Mejorar el confort térmico de alojamientos y espacios públicos, ampliar las zonas de sombra, reforzar la eficiencia energética, adaptar horarios y diversificar actividades en interiores y al aire libre son medidas que pueden reducir el impacto del calor sobre la experiencia turística y mantener los niveles de fidelización de los turistas internacionales en España.


 

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