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El despegue económico de México: mejor ahora que nunca

En los últimos treinta años, México ha avanzado considerablemente en el ámbito de la estabilidad política y macroeconómica, así como en el proceso de internacionalización. Ello le ha permitido dejar atrás las crisis internas recurrentes y sortear con buena nota la tormenta global que estalló en 2008-2009. En particular, después de una caída del PIB del 4,7% en 2009, la economía mexicana creció un promedio anual del 4,3% entre 2010 y 2012. Y aunque todo indica que 2013 habrá cerrado con una cifra significativamente menor (del orden del 1,3%), a causa de la debilidad de las condiciones globales y la tardanza en la adopción de estímulos fiscales, ya se atisba una gradual reaceleración en los próximos trimestres, apoyada en la mejora de la demanda externa (léase de EE. UU.) y unas políticas monetaria y fiscal ahora en modo expansivo, que permitirán alcanzar un +3,4% en 2014.

La Crisis de Deuda de 1982 (cuando México se vio obligado a interrumpir el pago de su deuda externa) y la Crisis Tequila de 1994-1995 (que implicó la devaluación del peso y se saldó con la quiebra de bancos y numerosas empresas) sirvieron de incentivo para promover profundos cambios económicos, políticos y sociales en el país durante las tres últimas décadas. Cambios que han sido clave en la reducción de las vulnerabilidades, externas e internas, de las que adolecía la segunda potencia latinoamericana en la década de los ochenta. Así, la privatización de empresas públicas ayudó a reducir la deuda pública, mientras que la aprobación de la Ley de Responsabilidad Fiscal explica la moderación reciente de los déficits fiscales. Por otro lado, el Pacto Social al que llegaron empresarios, sindicatos y Gobierno en 1987, y en virtud del cual, entre otras cosas, se acordó el anclaje de los precios, fue determinante para romper la espiral inflacionista en la que estaba sumido México. Posteriormente, el proceso de desregulación, la eliminación de subsidios que favorecían a las empresas locales, el proceso de apertura de la economía, y una autoridad monetaria independiente, transparente y con la prioridad de controlar la inflación, han sido otros factores que han apoyado la moderación de los precios. Por último, la mejora en la regulación y supervisión bancaria y la adopción de un tipo de cambio flexible tras la Crisis Tequila son dos pilares extras que han apuntalado la estabilidad macroeconómica del país.

Si bien todos los cambios mencionados han desempeñado un papel en la configuración del México actual, la apertura del país ha sido uno de los elementos que más ha transformado su estructura económica. En concreto, a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa se dieron algunos de los pasos más radicales en aras de esta internacionalización. En 1986, México se adhiere al Acuerdo General de Comercio y Aranceles (o GATT, por sus siglas en inglés),(1) comprometiéndose a reducir de manera significativa sus aranceles comerciales así como otras medidas no arancelarias. En 1994, esta política aperturista y globalizadora se consolida con la firma, junto a Canadá y EE. UU., del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés). Estos compromisos sirven para impulsar de manera definitiva la instalación de nuevas plantas maquiladoras, que pasan de emplear 180.000 trabajadores en 1984 a algo más de dos millones hoy en día.(2)

Las maquilas son plantas manufactureras (situadas por lo general en la zona fronteriza con EE. UU.) que gozan de tasas arancelarias privilegiadas tanto para las importaciones de insumos y maquinaria como para la exportación hacia EE. UU., y son receptoras de volúmenes elevados de inversión extranjera (estadounidense en su mayor parte).(3) Además de las facilidades arancelarias y de inversión promovidas por los Gobiernos mexicano y estadounidense, tres factores explican el boom de las maquiladoras: (i) la posibilidad de fragmentar los procesos productivos en distintos países (offshoring), (ii) unos costes laborales relativamente bajos y (iii) la proximidad geográfica a una economía grande (de hecho, la mayor del mundo) con costes laborales elevados. En consecuencia, las exportaciones mexicanas pasaron de representar un 11% del PIB en 1980 a un 33% en 2012.(4) Algo más de la mitad del total de exportaciones procede de las maquiladoras y cerca del 80% es absorbido por EE. UU., principal destino de las exportaciones del país.

Sin duda, el paso de una economía apoyada sobre los componentes locales a un modelo exportador explica algunas historias de éxito rotundo. El caso más destacado y reciente sería el de China, que, después de una política de apertura iniciada en los noventa, logró mantener tasas de avance promedio del 10% anual. Pero también sobresalen otros países, como los cuatro tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur), en la década de los setenta y ochenta, o, anteriormente, los casos de Alemania y Japón, en la de los cincuenta y sesenta, respectivamente. Sin embargo, y a pesar de los logros cosechados por México, sus tasas de avance económico se han situado claramente por debajo de las cotas alcanzadas por esos otros países en sus etapas de esplendor. Y es que una fuerte dependencia de las maquiladoras (y, por extensión, de algunos tipos de offshoring) acarrea consigo ciertos inconvenientes:(5) (i) especialización en sectores manufactureros relativamente volátiles, (ii) alta sensibilidad al ciclo económico del país destino (EE. UU. en el caso que nos ocupa) y (iii) fuerte competencia de otros países dada la facilidad de trasladar este tipo de procesos productivos.

Justamente, la rivalidad internacional supuso un serio desafío. La coincidencia en el tiempo del proceso aperturista de México con el de China, una potencia demográficamente arrolladora y con unos salarios muy competitivos, puede explicar, en parte, la demora en el despegue económico del país azteca. Pero la falta de acción del propio México frente a importantes problemas estructurales, entre los que destacan una baja calidad educativa, ineficiencias en el mercado laboral, o un grado de competitividad insuficiente en sectores estratégicos, tiene mucho que ver en este retraso. Una mejora en estos ámbitos podría haber minimizado los inconvenientes de las maquiladoras, gracias a la estimulación de nuevos sectores manufactureros con mayor valor añadido y, por tanto, menos volátiles y sensibles al ciclo de terceros países, y más competitivos internacionalmente.(6)

Las perspectivas a medio plazo, sin embargo, son alentadoras gracias a la confluencia de diversos elementos. Por un lado, el Pacto por México, que a finales de 2012 aunó la firma de los tres partidos políticos más importantes en México, ha materializado el anhelado consenso político imprescindible para promover un ambicioso plan de reformas que podría dar un valioso impulso al crecimiento potencial del país (véase el artículo «El ímpetu reformista sacude México» del presente Dossier para un análisis detallado de este proceso reformista y su posible impacto). Asimismo, la subida de salarios en China, una creciente y joven población mexicana y una renovada tendencia al nearshoring (fragmentación en países cercanos) frente al más clásico offshoring, pueden dar la oportunidad a México de sumarse finalmente al club de las historias de éxito entre los países emergentes con estrategia exportadora.

Clàudia Canals

Departamento de Economía Internacional, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"

(1) En la actualidad, la Organización Mundial del Comercio, OMC, o WTO, por sus siglas en inglés.

(2) También fue muy importante el Programa de Importación Temporal para Producir Artículos de Exportación, iniciado en 1990 y por el cual empresas ya establecidas en México tenían ciertas ventajas arancelarias en la importación de insumos y maquinaria. En 2006, este programa se funde con el de la promoción de la planta maquiladora.

(3) Aunque el origen de las maquilas se remonta a 1965 como parte del Programa de Industrialización de la Frontera Mexicana, a finales de los ochenta, con el ingreso de México en el GATT se produce el impulso definitivo. Asimismo, y a pesar de que en la actualidad la mayoría todavía se sitúan en la frontera, pueden instalarse en distintos puntos del país.

(4) Donde cerca de un 96% de estas exportaciones son manufacturas y derivados del petróleo.

(5) Véase Bergin, Paul R., Robert C. Feenstra, and Gordon H. Hanson. 2009. «Offshoring and Volatility: Evidence from Mexico's Maquiladora Industry.» American Economic Review, 99(4): 1664-71.

(6) En particular, y según De la Cruz, Koopman, Wang y Wei (2011,«Estimating Foreign Value-added in Mexico's Manufacturing Exports», Office of Economics Working Paper, U.S. International Trade Commission), el valor añadido de las exportaciones mexicanas (34%) se sitúa significativamente por debajo del valor añadido de las exportaciones chinas (51%).

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