¿Qué colectivos están sufriendo más la crisis económica de la COVID-19?

Los datos internos de CaixaBank nos permiten evaluar con detalle qué colectivos está sufriendo de forma especial la crisis que ha generado la COVID-19 y hasta qué punto las transferencias del sector público están siendo efectivas para protegerlos.

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Ruben Durante
Jose G. Montalvo
Marta Reynal-Querol
16 de noviembre de 2020
Fotografía de multitud con el icono del Monitor de Desigualdad

La crisis económica no está afectando a todos los colectivos por igual. Como hemos visto en el artículo anterior, las personas que tenían, antes de la crisis, ingresos más bajos se han visto, en general, más perjudicadas. Además, el impacto de la crisis también puede ser distinto en función de otras características socioeconómicas como la edad, el género, el origen o el lugar de residencia. Los datos internos de CaixaBank nos permiten evaluar con detalle si alguno de estos colectivos está sufriendo de forma especial la crisis que ha generado la COVID-19 y hasta qué punto las transferencias del sector público están siendo efectivas para protegerlos.

Distribución de los ingresos según la edad

La edad es, sin lugar a duda, una de las dimensiones en las que más se acentúan las diferencias entre los distintos grupos de población. Como puede apreciarse en los diagramas de Sankey adjuntos, los jóvenes de entre 16 y 29 años tenían, de partida, un nivel de ingresos claramente inferior al de las personas de mayor edad y son los que están experimentando un mayor deterioro: entre febrero y abril, y antes de tener en cuenta las transferencias del sector público, el peso del grupo de jóvenes sin ingresos aumentó en 24 p. p., frente al incremento de 15 p. p. que observamos en el conjunto de la población. Además, los jóvenes que antes de la pandemia tenían unos ingresos más bajos son uno de los colectivos que más está sufriendo la crisis. Concretamente, un 42% de los jóvenes que tenían ingresos medios antes de la pandemia pasaron a tener un nivel de ingresos bajo o a quedarse sin ingresos, y, entre los que tenían unos ingresos bajos, el 44% se quedó sin ingresos. Cuando analizamos estas dinámicas para el conjunto de la población, siendo el impacto también muy abultado, es 10 p. p. inferior al de los jóvenes.1

Entre las personas de mayor edad, entre 50 y 64 años, el impacto fue menor aunque no despreciable. Así, el aumento del número de personas mayores sin ingresos fue de 9 p. p., y el porcentaje de mayores que antes de la pandemia tenían unos ingresos bajos y que en abril se encontraban sin ingresos (antes de tener en cuenta las transferencias públicas) fue del 23%, 10 p. p. inferior al conjunto de la población y 22 p. p. inferior al de los jóvenes. En cambio, en el otro extremo de la distribución de ingresos, las personas con ingresos altos se mantuvieron más estables a lo largo del tiempo, tanto entre las personas mayores como entre los jóvenes.

En los diagramas también se aprecia cómo las transferencias del sector público amortiguaron el impacto de la crisis en ambos colectivos. El nivel de cobertura que ofrecen a los jóvenes y a los mayores es similar, alrededor del 50% en ambos casos. Así, el aumento de las personas que se quedaron sin ingresos se reduce a la mitad (11,8 p. p. en el caso de los jóvenes y de 4,8 p. p. en los mayores) cuando nos fijamos en los ingresos que incluyen las transferencias del sector público. Finalmente, también se aprecia cómo la reactivación económica que se produjo a partir de mayo ayudó a deshacer parte del impacto inicial, especialmente entre el colectivo de jóvenes, aunque todavía permanece en niveles claramente superiores a los previos a la crisis.2

La evolución del índice de Gini por edades también refleja que el impacto de la crisis es distinto entre diferentes grupos. Para los jóvenes, el índice de Gini antes de las transferencias del sector público aumentó en 19 puntos entre febrero y abril, y en agosto todavía se mantenía 8 puntos por encima del nivel previo a la crisis. En cambio, entre las personas de mayor edad, el aumento fue claramente inferior, y en agosto «solo» se encontraba 3 puntos por encima del nivel de febrero. Aunque en menor medida, estas diferencias entre jóvenes y mayores persisten cuando nos fijamos en el índice de Gini después de las transferencias del sector público: entre los jóvenes se mantenía 6 puntos por encima del nivel previo a la crisis en agosto, mientras que para las personas de mayor edad aumentaba 1 punto.

  • 1. El impacto diferencial de la crisis por edades también se observa en el desempleo. La tasa de paro juvenil (16-29 años) aumentó hasta el 30,0% en el 2T 2020 (+6,2 p. p. con respecto al 4T 2019), mientras que para el conjunto de la población se situó en el 15,3% (+1,5 p. p. con respecto al 4T 2019).
  • 2. Por ejemplo, ha disminuido la proporción de personas sin ingresos (antes de tener en cuenta las transferencias públicas). Cabe tener en cuenta que los diagramas de Sankey no están corregidos por la variación estacional y en agosto se produce un aumento estacional del número de personas sin ingresos, que es más pronunciado en el caso de los jóvenes.
Distribución de los ingresos salariales de los jóvenes (16-29 años) antes de las transferencias del sector público
Distribución de los ingresos salariales de los jóvenes (16-29 años) después de las transferencias del sector público
Distribución de los ingresos salariales de los mayores (50-64 años) antes de las transferencias del sector público
Distribución de los ingresos salariales de los mayores (50-64 años) después de las transferencias del sector público
Distribución de los ingresos según la procedencia

El impacto de la crisis también está siendo muy distinto en función del origen de las personas, siendo más acusado entre los que han nacido fuera de España. Como en el caso de los jóvenes, los inmigrantes presentan una distribución de ingresos sesgada hacia rentas más bajas, que son las que más padecen durante la crisis. Sin tener en cuenta las transferencias del sector público, entre abril y febrero el 46% de las personas nacidas fuera de España y que, antes de la pandemia, tenían unos ingresos medios pasaron a tener unos ingresos bajos o a quedarse sin ingresos. Y de entre las personas que tenían unos ingresos bajos, el 36% se quedó sin ingresos. Así, el número de personas sin ingresos nacidas fuera de España aumentó en 21 p. p. entre febrero y abril. En agosto, todavía persistía un aumento de 14 p. p. respecto a los niveles previos a la pandemia. Es remarcable que, si tenemos en cuenta el papel del sector público, el incremento del número de personas que finalmente se queda sin ingresos es sensiblemente inferior, aunque sigue siendo muy elevado (de 10,2 p. p. entre febrero y abril), con lo que el nivel de cobertura implícito es muy similar al del conjunto de la población. Tal y como sucedía con los jóvenes, el índice de Gini también muestra un impacto de la crisis más pronunciado en este colectivo, con un aumento de 8 puntos en agosto respecto a los niveles previos a la crisis antes de tener en cuenta las transferencias públicas, y de 4 puntos cuando se tienen en cuenta.

Distribución de ingresos según el género y el lugar de residencia

Cuando analizamos el impacto de la crisis en función del género, observamos algunas diferencias entre mujeres y hombres, aunque muy inferiores a las comentadas anteriormente en relación con la edad o el país de nacimiento. Por ejemplo, antes de las transferencias del sector público, la proporción de mujeres que no tenía ingresos aumentó en 15,7 p. p. entre febrero y abril, mientras que, para los hombres, el incremento fue de 14,2 p. p. (7,4 p. p. y 6,5 p. p. cuando se tienen en cuenta las transferencias públicas, respectivamente). El aumento del índice de Gini también es parecido en ambos colectivos. Entre febrero y abril, y antes de tener en cuenta las transferencias del sector público, el índice aumentó en 12 puntos en el caso de las mujeres y en 11 en el caso de los hombres, mientras que en agosto el incremento respecto a los niveles previos a la pandemia era de 5 puntos en ambos casos (2 puntos las mujeres y 3 los hombres cuando se tienen en cuenta las transferencias públicas).

El análisis del impacto de la crisis en función del lugar de residencia también revela algunas diferencias. Si dividimos el territorio teniendo en cuenta la densidad de población, observamos que el impacto de la crisis está siendo algo más pronunciado en las zonas urbanas que en las rurales.3 Por ejemplo, en las zonas urbanas la proporción de personas que se quedó sin ingresos fue de 16 p. p. entre febrero y abril, mientras que en las rurales fue de 12 p. p. El aumento del índice de Gini también fue distinto en función de la zona. Como se puede observar en el gráfico, el aumento de la desigualdad entre febrero y abril fue claramente superior en las provincias con una mayor proporción de población urbana. Sin embargo, cabe señalar que las diferencias entre regiones prácticamente desaparecen cuando tenemos en cuenta las transferencias del sector público: ya no se observa una relación entre el porcentaje de población en zonas urbanas o rurales y la variación final del índice de Gini.

  • 3. Tomamos como referencia la Ley 45/2007 para el desarrollo sostenible del medio rural y definimos un municipio como rural si la población es inferior a 30.000 habitantes y la densidad de población es inferior a 100 habitantes por km². El resto de los municipios los definimos como urbanos.
Aumento de la desigualdad por provincias en función de la proporción de la población urbana

El análisis del impacto regional de la pandemia revela un patrón similar, con algunas comunidades autónomas mucho más afectadas antes de tener en cuenta las transferencias del sector público, entre las que destacan las Islas Baleares y las Canarias. Sin embargo, una vez se tienen en cuenta las transferencias públicas, las diferencias se reducen de forma significativa.

Ruben Durante
Jose G. Montalvo
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