El INE confirma el dato de inflación general de diciembre del 2,9% (1 décima menos que en noviembre) y que la inflación subyacente se mantuvo en el 2,6%. El leve descenso en el indicador general responde principalmente a la caída del precio de los carburantes. Con los datos de diciembre, la inflación general cierra el año en un promedio anual del 2,7%, una décima menos que en 2024, pero dos décimas por encima de lo que preveíamos en nuestro escenario que elaboramos en septiembre debido al peor comportamiento del componente de la energía en los últimos meses y a la resistencia de los servicios. Por otro lado, la inflación subyacente se ha moderado 6 décimas hasta un promedio anual del 2,3%.
Resultats de la cerca
La inflación general cae 5 décimas en enero y se sitúa en el 2,4%, mientras que la subyacente se mantiene en el 2,6%, según el indicador adelantado del IPC publicado por el INE. Este descenso de la inflación general responde a la contribución a la baja de la energía. Con este dato, la inflación se desacelera por tercer mes consecutivo y empieza el año mostrando señales claras de moderación. En base a la evolución de los últimos meses, tanto el dato de inflación general como el de inflación subyacente se encuentran en el rango esperado por CaixaBank Research.
La inflación general de la eurozona disminuyó al 1,7% interanual en enero (–0,3 p. p. respecto a diciembre), mientras que la núcleo bajó al 2,2% (–0,1 p. p.) empujada por una moderación de los servicios. Los datos fueron acordes con lo esperado y no alteran la hoja de ruta de un BCE que se siente cómodo con su estrategia de «esperar y ver» y para el que no se prevén cambios en su reunión del próximo jueves (los mercados cotizan un depo estable en el 2,00% con un 99% de probabilidad).
La inflación se modera en enero y refuerza la visión de CaixaBank Research de reducción de las presiones en los precios respecto a los registros de 2025. La inflación general ha caído del 2,9% en diciembre al 2,3% en enero, mientras la inflación núcleo ha bajado 1 décima.
La inflación general de EE. UU. se moderó en enero 3 décimas hasta el 2,4% interanual, el menor registro desde mayo de 2025, y la inflación núcleo, que excluye alimentos y energía, cayó 1 décima hasta el 2,5%, mínimo desde marzo de 2021.
La inflación general se mantiene en febrero en el 2,3%, mientras que la subyacente sube 1 décima hasta el 2,7%, según el indicador adelantado del IPC publicado por el INE. La estabilización del indicador general se debe a dos efectos contrapuestos: la presión a la baja ejercida por la electricidad, que se habría visto compensada por la contribución al alza de otros componentes, entre ellos los carburantes. Con este dato, la inflación se estabiliza tras tres meses de caídas. El dato de inflación general de febrero se encuentra ligeramente por encima del rango esperado por CaixaBank Research, una sorpresa al alza que responde a la subida de los precios de los carburantes.
La inflación general de la eurozona subió al 1,9% interanual en febrero (+0,2 p. p. respecto a enero), mientras que la núcleo repuntó al 2,4% (+0,2 p. p.). En los datos, algo más elevados de lo previsto, destacó el rebote de los componentes núcleo, tanto en los bienes industriales no energéticos como en los servicios. El desglose completo que se conocerá en dos semanas permitirá saber si estos aumentos responden a los habituales reajustes de algunos precios a principios de año. Más relevante para el futuro de la inflación y las decisiones del BCE es el recrudecimiento del conflicto entre Irán, Israel y EE. UU. y el encarecimiento de los precios energéticos en los últimos días. Estimamos que la tensión de precios energéticos que recogen los futuros en los mercados financieros podría añadir 0,4 p. p. a la inflación europea en 2026, algo que no alteraría la hoja de ruta del BCE (la inflación no se alejaría del objetivo y las expectativas seguirían ancladas). El impacto, sin embargo, dependerá de la duración y el alcance geográfico de las tensiones, lo que refuerza que el BCE adopte una toma de decisiones «reunión a reunión» pero sin «hipercalibrar» la política monetaria a cada pequeña variación en los datos (los mercados cotizan con un 99% que no haya cambios en la próxima reunión del 19 de marzo).
La inflación de EE. UU. se mantuvo estable en febrero, con una tasa general del 2,4% interanual, y una núcleo (excluyendo alimentos y energía) del 2,5%. El desglose del dato arroja señales positivas sobre la trayectoria de la inflación en EE. UU. Sin embargo, no anticipamos que altere la hoja de ruta de la Fed de mantener los tipos de interés sin cambios a corto plazo, en medio de un contexto en el que los riesgos inflacionistas se mantienen sesgados al alza e intensificados con las tensiones en Oriente Próximo.
La inflación general sube en marzo 1 punto hasta el 3,3%, mientras que la subyacente se mantiene en el 2,7%, según el indicador adelantado del IPC publicado por el INE. Esta subida se debe al aumento de los precios de la energía, en especial de los carburantes, como consecuencia de la escalada del conflicto en Oriente Próximo. El resto de los componentes del IPC se han mantenido contenidos y en línea con nuestras previsiones.
La inflación general de la eurozona subió al 2,5% en marzo, en un rebote previsible ante el encarecimiento de los precios energéticos derivado del conflicto en Oriente Próximo, mientras que la núcleo bajó al 2,3%. Este dato todavía es demasiado prematuro para alterar la hoja de ruta del BCE y decantar una posible subida de tipos en la reunión del próximo 30 de abril. La clave es la propagación del encarecimiento de la energía al resto de precios de la cesta. La incertidumbre es muy elevada y favorece una actitud de «espera en alerta» por parte del BCE, con los riesgos sesgados hacia alguna subida de tipos, pero a la expectativa de acumular información sobre la propagación del shock energético. Los mercados cotizan subidas de tipos graduales en 2026 (+75 p. b. casi al 100%), pero sin urgencias (la probabilidad de un incremento de 25 p. b. en abril es del 50%).
La inflación general de EE. UU. subió hasta el 3,3% interanual en marzo, el nivel más alto desde mayo de 2024, y la núcleo avanzó ligeramente hasta el 2,6%. El aumento de la inflación general se debió al incremento de los precios energéticos como consecuencia del conflicto en Oriente Próximo, mientras que las presiones inflacionistas se mantuvieron más contenidas en el resto de los componentes, sugiriendo que, por ahora, el traspaso del aumento de la energía al de la cesta de consumo no se ha producido. Sin embargo, entre el descenso limitado de la inflación en los últimos cuatro meses, junto con el nuevo repunte de la energía, la Fed probablemente vuelva a mantener los tipos de interés en la próxima reunión del 29 de abril. No obstante, la Fed también corre el riesgo de que mayores precios puedan generar un enfriamiento indeseado de la actividad, especialmente dada la actual fragilidad del mercado laboral como punto de partida. Por lo tanto, el elevado grado de incertidumbre sigue favoreciendo una estrategia de «esperar y ver» la evolución de la economía.
La inflación general cae en abril 2 décimas hasta el 3,2%, mientras que la subyacente baja 1 décima hasta el 2,8%, según el indicador adelantado del IPC publicado por el INE, y se sitúa en el rango esperado por CaixaBank Research. Este retroceso responde principalmente al descenso de los precios de la electricidad, mientras que el precio de los carburantes ha aumentado respecto a marzo. El aumento de precios en el resto de componentes del IPC se ha mantenido contenido, conforme a nuestras previsiones.
El incremento de la inflación fue acorde con lo previsto (el consenso de Bloomberg pronosticaba exactamente un 3,0% de la general y un 2,2% de la núcleo). Dos grandes fuerzas hacían prever estos movimientos. Por un lado, el persistente encarecimiento energético a raíz del conflicto en Oriente Próximo. Por el otro, el efecto calendario de Semana Santa, que cada año distorsiona alguna décima los datos de primavera, y seguramente contribuyó a moderar la última cifra de inflación núcleo.
La inflación general subió en abril hasta el 3,8% interanual (+0,5 p. p. respecto a marzo, hasta el nivel más alto desde 2023), y la núcleo avanzó hasta el 2,8% (+0,2 p. p.). El aumento de la inflación ya se prevía debido al incremento de los precios energéticos como consecuencia del conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, las presiones de fondo en servicios, que impulsaron la inflación núcleo y no acaban de aflojar del todo, junto al repunte de precios de alimentos, sesgan al alza los riesgos de cara a los próximos meses. Todo ello refuerza la decisión de la Reserva Federal de mantener los tipos de interés sin cambios.
La inflación general se mantiene en el 3,2%, mientras que la subyacente sube 1 décima hasta el 2,9%. Ambas se sitúan en el rango esperado por CaixaBank Research. La inflación podría repuntar ligeramente los próximos meses. El repunte debería estar concentrado en la categoría de energía, tras la retirada de los descuentos fiscales en electricidad y gas a principios de junio.
La inflación general de la eurozona subió hasta el 3,2% interanual en mayo, mientras que la núcleo saltó al 2,5%. La energía se mantiene como la principal fuerza que empuja los precios, pero en los datos destacó un notable repunte de la inflación de los servicios (reflejo de una combinación de efectos de calendario, pero, posiblemente, también de impactos indirectos del encarecimiento energético). Estas cifras refuerzan la perspectiva de que el BCE endurezca de manera controlada su política monetaria, con un primer incremento de tipos en su reunión del próximo 11 de junio (tipo depo al 2,25% con más de un 90% de probabilidad cotizada en los mercados).
La inflación general aumentó en mayo hasta el 4,2% interanual (4 décimas más que en abril) y alcanza máximos de los últimos tres años, mientras que la núcleo repuntó 1 décima, hasta el 2,9%. Continúa la intensa transmisión de los elevados precios energéticos derivados del conflicto en Oriente Próximo a productos sensibles, como la gasolina o las tarifas aéreas, si bien los canales indirectos se mantienen contenidos, lo que ha rebajado las expectativas de mercado respecto a una segunda subida de tipos de la Fed en la primera mitad de 2027.
La inflación general se mantiene en el 3,2% en junio, mientras que la subyacente cae 1 décima hasta el 2,9%. Ambos indicadores se sitúan en el rango esperado por CaixaBank Research, en base a la información más reciente. En la lectura del dato de junio, destaca la subida de la inflación de la energía tras la retirada de las rebajas impositivas en electricidad y gas, un aumento que habría sido mayor de no ser por la caída de los precios de los carburantes. Asimismo, también destaca la resistencia de la inflación de los servicios, que se mantiene cerca del 4%.
La inflación general de la eurozona bajó hasta el 2,8% interanual en junio (–0,4 p. p. respecto a mayo), mientras que la núcleo disminuyó de nuevo hasta el 2,4% con el que había empezado el año. La moderación de la inflación fue prácticamente generalizada, tanto entre las principales partidas como entre las grandes economías de la eurozona. Los datos refuerzan la visión de que el BCE no subirá los tipos de interés en su reunión del próximo 23 de julio, pero ni confirma ni descarta la posibilidad de que el BCE siga deseando un endurecimiento controlado de la política monetaria para los próximos trimestres.
La inflación se moderó con fuerza en junio en EE. UU., tanto por los menores precios energéticos, como por una moderación de los servicios, y en particular de las partidas relacionadas con la vivienda. Así, la general pasó del 4,1% de mayo al 3,5% de junio; y la núcleo se desaceleró del 2,9% de mayo al 2,6% en junio. El número de partidas con tasas de inflación por debajo del 2% aumentó, lo que en conjunto apunta a una desinflación tras el repunte ocasionado por las tensiones bélicas en oriente próximo más rápida de lo esperado. El dato reduce la urgencia de la Fed por aumentar los tipos de interés.