La COVID-19, enfermedad causada por el nuevo coronavirus surgido en la ciudad china de Wuhan, empezó como una amenaza distante para el mundo occidental. En las últimas semanas se ha hecho realidad. Hoy en día, se han detectado al menos 100 casos en más de 30 países del continente europeo, que ya registra el 75% de todos los nuevos casos diarios del mundo. El día 26 de marzo, EE. UU. sobrepasó a China en el número de casos confirmados.
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En un inicio de un año con toda la atención centrada en cómo la Fed y el BCE implementarán el giro en la política monetaria y la sensación de que se puede abrir alguna divergencia temporal en el punto de partida de las bajadas de tipos de interés a ambos lados del Atlántico, durante las últimas semanas se han producido novedades que pueden arrojar algo de luz en el agitado mundo de la política monetaria.
Reducir el elevado stock de deuda pública española llevará su tiempo, pero en el contexto económico actual hay elementos que pueden ayudar a que la digestión sea algo más llevadera de lo que estas astronómicas cifras (1,34 billones de euros en 2020) pueden dar a entender.
En 2024, la economía mundial se mostró resiliente a un entorno de condiciones financieras restrictivas y las grandes economías internacionales lograron crecer en general más de lo previsto. Sin embargo, 2025 no deja de presentarse como un año exigente: al mapa de riesgos se le suma la amenaza de una mayor fragmentación económica, con un incremento de las barreras comerciales y de la incertidumbre.
La incertidumbre política, principal fuente de volatilidad en el mercado, redujo el apetito por el riesgo de los inversores en junio moderándolo notablemente respecto a mayo, aun siguiendo en niveles elevados.
La crisis financiera de 2008 y las recientes olas migratorias son dos de los factores coyunturales que han favorecido el aumento de la polarización política en Europa. La incidencia de la primera se estima más relevante que la segunda. Las políticas de cohesión social podrían explicar que la influencia de la inmigración en la polarización sea menor.
La concatenación de shocks de oferta y de demanda que llevan aparejados los anuncios de las últimas semanas van a alterar los equilibrios de crecimiento e inflación, con la variable expectativas modulando los efectos que se desplegarán a través de los canales comerciales y financieros.