Mientras nosotros cambiamos de fases para desescalar el confinamiento, la UE también ha puesto encima de la mesa un cambio de fase pero, en su caso, para escalar en el proceso de construcción europea. De hecho, el plan de recuperación propuesto por la Comisión Europea, que se podría decir que pone los cimientos de una unión fiscal, es más que un cambio de fase y supone un verdadero salto cuántico, un momento excepcional en la historia de la Unión.
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Investigamos si la COVID-19 ha cambiado los hábitos de consumo electrónico en España a partir de los pagos con tarjeta de los 13,5 millones de clientes de CaixaBank, anonimizados y analizados mediante técnicas de big data.
China va un trimestre por delante que el resto de países, al ser el primero en haber sufrido la COVID-19 y en haber contenido la epidemia. Calibrar la velocidad de su recuperación nos puede dar pistas sobre cómo evolucionarán las economías avanzadas en los próximos meses.
Vivimos circunstancias verdaderamente extraordinarias. La lucha por contener la epidemia ha provocado un parón sin precedentes de gran parte de la economía en más de medio mundo. Ante esta situación, el objetivo de la política económica debe ser doble: apoyar la gestión sanitaria movilizando todos los recursos que sean necesarios y evitar que lo que en principio es un choque transitorio acabe derivando en una contracción duradera de la actividad económica.
Gracias a un éxito rotundo en la lucha contra la COVID-19, China espera ver crecer su economía un 2,0% en este año de la pandemia, lo que la convierte en la única gran economía que acabará 2020 en positivo. El futuro no está escrito, pero en 2020 China ha dado pasos significativos para volver a ser la primera economía mundial, como fue norma en el pasado.
Algunos sectores han sufrido un impacto enorme por la pandemia, mientras que otros han podido seguir creciendo. En este artículo analizaremos la situación de los que se sitúan entre un extremo y el otro.
La irrupción de la COVID-19 ha impactado de lleno en numerosos ámbitos sociales y económicos. El lugar y la manera en la que trabajamos es solo uno de ellos. Hasta ahora, las oficinas eran un espacio de trabajo, de reunión y de socialización, atributos que, gracias a la tecnología, pueden desarrollarse a distancia. En tiempos de coronavirus, ¿están las oficinas heridas de muerte?
Aunque la caída de la actividad ha sido fuerte, el impacto de la COVID-19 en el mercado laboral portugués está siendo más contenido por el momento, gracias al ajuste temporal del empleo y al teletrabajo.
A pesar del deterioro inusitado de la economía que ha provocado la COVID-19, el coste de financiación de la deuda pública se encuentra en mínimos prácticamente nunca vistos. ¿Hasta qué punto pueden explicar los fundamentos macroeconómicos estos niveles de los tipos de interés?
A finales de diciembre, las autoridades chinas detectaron la existencia de un nuevo coronavirus (el llamado COVID-19) en la ciudad de Wuhan. En enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó una emergencia sanitaria global y los mercados financieros se vieron sacudidos por el temor a que se cobre un importante coste económico. ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos por el impacto económico del virus?
El turismo será, inevitablemente, uno de los sectores más afectados por la pandemia del nuevo coronavirus, dado que la rápida propagación de la enfermedad a escala mundial ha obligado a adoptar medidas extraordinarias de restricción a la movilidad por parte de los gobiernos en todo el mundo. ¿Cómo ha impactado la COVID-19 en el sector turístico en Portugal?
La COVID-19 y las medidas de distanciamiento social impuestas para frenar su avance han obligado a teletrabajar a un gran número de personas. Se trata de una práctica que, hasta el momento, estaba poco extendida en nuestra sociedad, pero que, seguramente, perdurará más allá de esta pandemia. El paso de ir a la oficina –donde se desarrollan un gran número de tareas susceptibles de llevarse a cabo en remoto– a teletrabajar tiene efectos en muchos ámbitos, desde los puramente económicos hasta los sociales. En este artículo nos centramos en la esfera económica, en particular en las consecuencias del teletrabajo en la productividad.
Prudencia. Los economistas solemos equivocarnos en momentos como el actual. Al inicio de una recesión nos cuesta anticipar el cambio de tendencia y a menudo somos demasiado optimistas. En cambio, cuando se empieza a encauzar la recuperación solemos ser demasiado cenizos.