En 2022 todos los hogares tuvieron que destinar un mayor porcentaje de sus ingresos a pagar las facturas de la luz y el gas. Sin embargo, el esfuerzo adicional para pagar el consumo energético no fue el mismo para todos. En este artículo, estimamos dicho esfuerzo a partir de los datos internos de CaixaBank.
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En España las familias han empezado a reducir el ahorro acumulado durante la pandemia para poder sostener el consumo en un entorno de elevada inflación. La caída de la tasa de ahorro también se ha reflejado en los activos financieros de los hogares españoles.
Según los datos internos de CaixaBank, el consumo creció un 2,2% en España durante el 2T 2022, pese al descenso de la confianza de los consumidores por las presiones inflacionistas y la incertidumbre económica.
El Gobierno ha presentado un segundo plan de choque para amortiguar el impacto económico de la elevada inflación. Este segundo paquete implicará, según estimaciones del propio Ejecutivo, un esfuerzo presupuestario de más de 9.000 millones de euros (0,7% del PIB) que se descompone en 5.500 millones más de gasto y 3.600 en reducción de ingresos por rebajas fiscales en los impuestos de la electricidad.
Este artículo analiza la dinámica reciente del mercado del alquiler en España a partir de datos internos de CaixaBank sobre recibos domiciliados en concepto de alquiler de vivienda. Según nuestros indicadores, los incrementos anuales del precio del alquiler son moderados cuando se mantienen el mismo inquilino y el mismo arrendador, generalmente por debajo del 3% y cercanos a la inflación, y coherentes con los topes regulatorios. En cambio, la presión sobre el precio de los nuevos contratos de alquiler ha ido al alza y ha cerrado 2025 con un crecimiento superior al 10% interanual. Pese a ello, la tasa de esfuerzo mediana se mantiene estable en torno al 30%, aunque persiste una elevada desigualdad por edades y una mayor presión en las grandes ciudades.
A partir del análisis anonimizado de datos internos de CaixaBank analizamos en profundidad comportamiento reciente del gasto en restauración en España.
El acuerdo provisional entre EE. UU. e Irán alcanzado a mediados de mes, que prolongó la tregua militar y permitió la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz, desencadenó una de las caídas más intensas del precio del petróleo de los últimos años. Esto llevó a un descenso significativo de las expectativas de inflación a corto plazo a nivel global. Sin embargo, la Fed y el BCE endurecieron su mensaje en sus respectivas reuniones y enfatizaron su postura antiinflacionista, lo que generó fuerzas contrapuestas en los mercados.
El escenario macroeconómico vuelve a estar condicionado por un conflicto geopolítico. La crisis entre EE. UU. e Irán, iniciada hace más de tres meses, se mantiene bajo una frágil tregua. Sin embargo, el estrecho de Ormuz continúa cerrado, lo que constituye, por ahora, la derivada más perjudicial para la economía mundial. España afronta este episodio desde una posición de fortaleza, pero el encarecimiento de la energía y el deterioro del entorno internacional restarán dinamismo a la actividad y elevarán la inflación. Por ello, revisamos el crecimiento del PIB hasta el 2,1% en 2026 y el 1,8% en 2027, frente al 2,4% y el 2,0% previstos anteriormente. La revisión es moderada y no altera el diagnóstico de una economía que crece con dinamismo.
El efecto más visible e inmediato del conflicto se ha producido en la inflación, mientras que el mercado laboral presenta una respuesta más lenta a los shocks. El único ámbito en el que el conflicto ha tenido un impacto positivo desde el punto de vista macroeconómico ha sido el sector turístico.
La guerra en Oriente Próximo podría generar un nuevo shock económico a nivel global que también afectaría a la economía española. En este artículo, analizamos los tres principales canales a través de los cuales podría impactar: el primero es la inflación, a través del encarecimiento de la energía, de otros productos que provienen del Golfo Pérsico y del aumento de los costes del transporte marítimo; el segundo es la demanda externa, si el conflicto frena el crecimiento de nuestros socios comerciales; y el tercero es el canal financiero, en caso de que aumenten los tipos de interés y se endurezcan las condiciones financieras. A estos tres factores se añade el efecto de la política fiscal, sobre la que el Gobierno ya anunció una primera batería de medidas el pasado 20 de marzo para amortiguar el impacto del shock.
La relativa mejora de los precios internacionales de los bienes agrícolas apenas se ha reflejado en las cestas de precios al consumo mundiales. La principal razón es la depreciación de las divisas de muchos países frente al dólar, intensificada con la primera subida de los tipos de interés por parte de la Fed.
El precio de la electricidad, un dato que habitualmente apenas lograría captar la atención del lector, ha poblado los titulares de prensa y aliñado las discusiones de sobremesa desde mediados de este año. Este cambio no es baladí: el precio de la electricidad se disparó a partir de julio y ya en octubre casi cuadruplicaba el promedio de 2018-2019. ¿A qué se debe este aumento y cuál va a ser el impacto económico derivado del mismo? Estas son las preguntas que trata de responder este artículo.
Una vez superados los tres meses de conflicto en Oriente Próximo, los efectos del shock de oferta provocado por la subida de los precios de la energía se irán manifestando progresivamente en los datos de inflación y crecimiento. La combinación de incertidumbre y resiliencia que ha caracterizado el comportamiento de la economía mundial en los últimos tiempos conforma un equilibrio frágil, sobre todo mientras el riesgo geopolítico permanezca en niveles muy elevados.
Desgranamos los principales factores que dominarán el escenario macroeconómico en los próximos meses y actualizamos nuestras previsiones. En 2023, esperamos que el PIB crezca un 1,3% y que la tasa de inflación, todavía elevada, sea del 4,2% en promedio anual. El empleo seguirá creciendo, aunque a tasas más modestas, y esperamos que el mercado inmobiliario se ralentice a lo largo del año, sin correcciones bruscas. El déficit público se mantendrá alrededor del 4% del PIB, el mismo nivel que proyectamos para 2022.
En su lucha contra la inflación, la política monetaria se ha endurecido de manera notable, como es claramente visible en los tipos de interés oficiales y en los que afrontan empresas, familias y gobiernos. Pero estos tipos de interés no son un fin en sí mismos, sino que el objetivo último es enfriar la actividad económica y, de este modo, frenar la inflación. En este artículo analizamos el estado de la transmisión monetaria a través de uno de sus principales canales: las condiciones crediticias.
Analizamos lo ocurrido en las economías avanzadas en cuanto a inflación y tipos de interés para tratar de apuntar a la dirección que tomarán los bancos centrales en los siguientes meses.
Los ingresos salariales por empleado aumentaron en media un 2,4% interanual en mayo según nuestro indicador de salarios. ¿Están creciendo al mismo ritmo las nóminas de los trabajadores de ingresos bajos que las de ingresos altos?