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El inicio del proceso de normalización de la política monetaria por parte del BCE ha provocado una aceleración de los precios de la vivienda, especialmente en los mercados con un fuerte desajuste entre una oferta insuficiente y una demanda dinámica. Entre las economías en las que los precios reales han aumentado con más fuerza en el último año y medio, y cuyos mercados residenciales presentan indicadores de sobrevaloración más significativa, destacan Portugal, Bulgaria, Hungría, Países Bajos y Estonia. En contraste, los mercados de grandes economías como Alemania, Suecia, Francia y Luxemburgo siguen sobrevalorados, pero han corregido el fuerte crecimiento de precios que experimentaron en las décadas previas a la pandemia, reduciendo las señales de sobrecalentamiento.
En el contexto actual, marcado por la ruptura de algunas cadenas de suministros, ¿en qué medida puede Portugal sacar partido de la situación, situarse como proveedor alternativo y aumentar la contribución de las exportaciones al crecimiento del PIB?
Destaca el buen comportamiento de los indicadores relativos al consumo, en particular las ventas de automóviles y el tráfico aéreo, lo que sugiere que el turismo sigue siendo un importante motor de actividad. Asimismo, los indicadores de confianza muestran una tendencia positiva en todos los sectores, a excepción de la construcción.
Los datos preliminares del PIB publicados por el INE indican una notable aceleración del crecimiento en el último trimestre de 2023, con un avance del 0,8% intertrimestral y del 2,2% interanual en el 4T 2023.
La prima de riesgo de la deuda portuguesa se ha reducido de forma notable en los últimos 18 meses y se ha mantenido claramente por debajo de la italiana y la española. ¿Qué explica esta dinámica?
La región de la Gran Lisboa concentró el 18% de todas las compraventas de vivienda realizadas en Portugal en 2023. Un 23% de las transacciones las hicieron compradores con domicilio fiscal fuera de Portugal y de la UE.
La riqueza de las familias portuguesas ha aumentado en los últimos años y no muestra diferencias significativas en su distribución por nivel de riqueza o situación laboral respecto a la eurozona. Sin embargo, la proporción de pasivos asumidos por la mitad de la población con menos riqueza es relativamente mayor.