Coyuntura


  • La economía española capea con solidez un semestre exigente

    La actividad mantiene un buen ritmo de crecimiento. En el entorno exterior más adverso que se describe en la coyuntura de economía internacional de este mismo Informe Mensual, los indicadores muestran que la economía española está sorteando mejor que sus socios europeos la desaceleración de la economía global. En concreto, tras crecer un sólido 0,7% intertrimestral (2,4% interanual) en el 1T 2019, el modelo de previsión a corto plazo del PIB de CaixaBank Research apunta a un avance del 0,6% intertrimestral en el 2T (la primera estimación del PIB se conocerá el 31 de julio). Este ritmo de crecimiento refleja la elevada generación de empleo, la mejora de la confianza de los consumidores y el buen ritmo de avance de las cifras de negocios del sector servicios (+5,4% interanual en abril, media móvil de tres meses) y del sector industrial (+2,4% interanual). Además, la producción industrial rebotó en abril con un avance del 1,7% (en marzo había caído un 3,0%, arrastrada por el sector de la energía, especialmente volátil). Al otro lado de la balanza, se ha producido un cierto debilitamiento de la confianza empresarial (en mayo los PMI de manufacturas y servicios disminuyeron en 1,7 y 0,3 puntos hasta los 50,1 y 52,8 puntos, respectivamente) y del sector exterior, pero, de momento, no impiden que las tasas de crecimiento se mantengan en cotas considerables. De este modo, aunque el crecimiento continúa en una senda de moderación hacia niveles más acordes con el potencial económico, y por lo tanto más sostenibles, España se mantiene como uno de los países con mejor ritmo de crecimiento de la eurozona, empujada especialmente por la contribución de la demanda interna y la inversión. Así lo reflejan también las últimas previsiones macroeconómicas del BCE, que en su desglose por países apuntan a que el PIB de España crecerá un 2,4% en el conjunto de 2019, una cifra acorde con el escenario de CaixaBank Research (previsión del 2,3%).

    El mercado laboral avanza con dinamismo. El crecimiento del empleo fue del 2,8% interanual en mayo (datos desestacionalizados), lo que representa un buen ritmo de creación de empleo aunque ligeramente inferior al 3,0% registrado en abril (una moderación que, por otro lado, es coherente con la senda hacia un crecimiento más suave de la actividad, comentada anteriormente). Así, el número total de afiliados a la Seguridad Social se situó en 19.442.113 personas, una cifra muy cercana al máximo histórico alcanzado en julio de 2007. Por sectores, destacó el aumento de la afiliación en los servicios, especialmente los turísticos (+3,4%). Por su parte, la última encuesta trimestral de coste laboral muestra que en el primer trimestre el coste laboral por hora efectiva aumentó un 2,4% interanual, con lo que registró una aceleración de +0,5 p. p. respecto al segundo semestre de 2018 y que se explica, en parte, por el incremento de las cotizaciones sociales al inicio del año (aumento del salario mínimo interprofesional y destope de las cotizaciones máximas). Además, esta evolución de los costes laborales es acorde con las subidas salariales pactadas en los convenios colectivos (2,2% de promedio de enero a mayo).

    España sale del procedimiento de déficit excesivo, tras reducir su déficit por debajo del 3% en 2018 (en concreto, 2,5%), y entra en el brazo preventivo del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Esto implica un cambio en el enfoque para monitorear las cuentas públicas por parte de la Comisión Europea hacia metas de medio plazo como el déficit estructural, que permite valorar la posición fiscal a largo plazo de las Administraciones públicas (independientemente del momento del

  • Los mercados financieros completan un semestre de contrastes

    Bolsas al alza, tipos en mínimos y bancos centrales a escena para cerrar un semestre agitado. En junio, los mercados financieros cerraron con tono constructivo un semestre marcado por la sucesión entre periodos de calma y episodios de aversión al riesgo y volatilidad. En concreto, tras un final de 2018 con fuertes pérdidas bursátiles y caídas de los tipos de interés, en los primeros meses de 2019 los mercados exhibieron una dinámica constructiva y respaldada en la reconducción de las tensiones comerciales, el freno en el endurecimiento de la política monetaria de los principales bancos centrales y unos datos económicos favorables. Sin embargo, la placidez y los fuertes avances bursátiles registrados viraron bruscamente en mayo, cuando se rompieron las negociaciones comerciales entre EE. UU. y China y se volvieron a despertar los temores a una desaceleración acentuada de la economía mundial. Este giro desembocó en un repunte de la aversión al riesgo y las consiguientes caídas bursátiles y el hundimiento de los tipos de interés. En este contexto, en junio, los principales bancos centrales abrieron la puerta a relajar la política monetaria como medida preventiva para combatir la intensificación de los riesgos sobre la actividad económica. A pesar de que estos mensajes fueron recibidos con una recuperación del sentimiento en los mercados, las cotizaciones financieras reflejan la expectativa de una política monetaria mucho más acomodaticia de lo que señalan actualmente los bancos centrales, un desajuste que puede dar lugar a nuevos episodios de volatilidad en los próximos trimestres.

    La Fed abre la puerta a bajar los tipos de interés. En su reunión de junio, la Fed presentó una valoración positiva de la economía estadounidense y reiteró unas perspectivas favorables para el escenario económico a medio plazo. Así, mantuvo sus tipos de interés de referencia en el intervalo 2,25%-2,50%. Sin embargo, los miembros de la Fed pusieron mayor énfasis en la persistencia y la intensificación de los riesgos (como el repunte de las tensiones comerciales o la incertidumbre alrededor de la desaceleración de la economía global). Con estas preocupaciones, y en vista de que las presiones inflacionistas siguen siendo moderadas, la Fed abrió la puerta a bajar sus tipos de interés de referencia en los próximos meses, al afirmar que está preparada para ofrecer nuevos estímulos en caso de que los riesgos continúen mermando la confianza económica. En concreto, en la reunión, también se presentó la actualización trimestral de las previsiones macroeconómicas, en las que, a pesar de no realizar cambios muy relevantes en las proyecciones de actividad e inflación, se observó una fuerte rebaja de las previsiones de tipos de interés: ahora casi la mitad de los miembros de la Fed prevén al menos una bajada de tipos este año (véase el segundo gráfico). Así, en las cotizaciones financieras, se refleja una probabilidad del 100% de que la Fed reduzca en 25 p. b. los tipos de interés en julio. Aunque esta expectativa es coherente con las pistas que ha dado la propia Fed, las cotizaciones financieras van más allá y apuntan con elevada probabilidad a que hacia finales de 2020 se habrán rebajado los tipos en alrededor de 100 p. b. (una senda de reducciones mucho más agresiva que la que reflejan las expectativas de los miembros de la Fed).

    El BCE enfatiza las incertidumbres y acentúa el mensaje acomodaticio. Al igual que la Fed, en su reunión de junio, el BCE mantuvo una visión del escenario a medio plazo relativamente positiva, pero recalcó la necesidad de preservar un entorno financiero acomodaticio que apoye la demanda doméstica y la inflación ante

  • La actividad se modera en el 2T

    Ligero deterioro del escenario macroeconómico global. Por un lado, unos datos de crecimiento algo peores de lo esperado en el 1T en algunas economías emergentes de peso (India, Brasil y Turquía) nos han llevado a una pequeña rebaja de la previsión de crecimiento para 2019 (del 3,3% al 3,2%), confirmando que la economía global bajará una marcha en el presente año (recordemos que en 2018 el crecimiento fue del 3,6%). Por el otro, hemos visto un deterioro significativo de los indicadores de sentimiento global en el 2T: el indicador compuesto global PMI cayó hasta los 51,2 puntos en mayo (52,1 en abril) y, además, el índice de manufacturas se situó por debajo de los 50 puntos (el umbral que separa la zona expansiva de la recesiva). Así, los datos señalan que la actividad económica global ha entrado en una senda algo más débil, afectada por la mayor incertidumbre global.

    Aumento de las incertidumbres. Una de las principales razones de que asignemos una mayor probabilidad de materialización de los riesgos bajistas es que todo indica que las tensiones proteccionistas entre EE. UU. y China reaparecieron en mayo para quedarse. Así, las espadas continúan en alto, tal y como muestra el repunte de los índices de incertidumbre geopolítica, a pesar de que la reanudación de las negociaciones comerciales tras la reunión de Trump y Xi Jinping en la cumbre del 20 de Osaka de finales de junio ha suavizado la situación a corto plazo. Así, aunque cabe esperar algún tipo de acuerdo entre las dos potencias, difícilmente será ambicioso. Además, hay dos motivos que refuerzan la visión de que la incertidumbre ha venido para quedarse. El primero es que hay un riesgo significativo de que al final no se alcance dicho acuerdo: los desacuerdos de fondo continúan sin resolverse, y China ha publicado un Documento Blanco donde rechaza haberse aprovechado de transferencias forzosas de tecnología, uno de los puntos clave del litigio. El segundo es que, incluso con un acuerdo, la incertidumbre no se desvanecerá de la noche a la mañana: los aranceles implementados difícilmente se retirarán de forma inmediata y algunos focos de incertidumbre de un conflicto tan complejo y con tantas aristas continuarán latentes. Si los riesgos se materializasen, la desaceleración podría ser mucho más intensa de lo que manejamos, en buena parte debido a los efectos indirectos causados por la mayor incertidumbre, y tanto China como EE. UU. se enfrentarían a un oneroso peaje en términos de crecimiento (para las cifras exactas, véase el Focus «La amenaza del proteccionismo en la economía mundial» en este mismo Informe Mensual).

    En Europa, la incertidumbre política vuelve a repuntar. Por un lado, si el Gobierno italiano no presenta un plan fiscal creíble en julio, la Comisión Europea va camino de recomendar al Consejo Europeo la apertura de un procedimiento de déficit excesivo (EDP) al país transalpino. Ello obligaría al Ejecutivo italiano a incluir suficientes medidas de ajuste para sanear las cuentas sin perjudicar un crecimiento económico ya de por sí anémico en el presupuesto de 2020, que se debe presentar antes de mediados de octubre de 2019. Las negociaciones entre Roma y Bruselas serán largas (el EDP es un proceso esencialmente político y gradualista, que confiere bastante margen de acción para que los países afectados rectifiquen), pero es probable que las tensiones ganen prominencia en los próximos meses. Además, el Gobierno italiano se guarda la carta de convocar nuevas elecciones a finales de año, lo que podría alargar todo el proceso e intensificar el conflicto. En el Reino Unido, la situación

  • La expansión global continúa, pero los riesgos se acrecientan

    Ligero deterioro del escenario macroeconómico global. Por un lado, unos datos de crecimiento algo peores de lo esperado en el 1T en algunas economías emergentes de peso (India, Brasil y Turquía) nos han llevado a una pequeña rebaja de la previsión de crecimiento para 2019 (del 3,3% al 3,2%), confirmando que la economía global bajará una marcha en el presente año (recordemos que en 2018 el crecimiento fue del 3,6%). Por el otro, hemos visto un deterioro significativo de los indicadores de sentimiento global en el 2T: el indicador compuesto global PMI cayó hasta los 51,2 puntos en mayo (52,1 en abril) y, además, el índice de manufacturas se situó por debajo de los 50 puntos (el umbral que separa la zona expansiva de la recesiva). Así, los datos señalan que la actividad económica global ha entrado en una senda algo más débil, afectada por la mayor incertidumbre global.

    Aumento de las incertidumbres. Una de las principales razones de que asignemos una mayor probabilidad de materialización de los riesgos bajistas es que todo indica que las tensiones proteccionistas entre EE. UU. y China reaparecieron en mayo para quedarse. Así, las espadas continúan en alto, tal y como muestra el repunte de los índices de incertidumbre geopolítica, a pesar de que la reanudación de las negociaciones comerciales tras la reunión de Trump y Xi Jinping en la cumbre del G-20 de Osaka de finales de junio ha suavizado la situación a corto plazo. Así, aunque cabe esperar algún tipo de acuerdo entre las dos potencias, difícilmente será ambicioso. Además, hay dos motivos que refuerzan la visión de que la incertidumbre ha venido para quedarse. El primero es que hay un riesgo significativo de que al final no se alcance dicho acuerdo: los desacuerdos de fondo continúan sin resolverse, y China ha publicado un Documento Blanco donde rechaza haberse aprovechado de transferencias forzosas de tecnología, uno de los puntos clave del litigio. El segundo es que, incluso con un acuerdo, la incertidumbre no se desvanecerá de la noche a la mañana: los aranceles implementados difícilmente se retirarán de forma inmediata y algunos focos de incertidumbre de un conflicto tan complejo y con tantas aristas continuarán latentes. Si los riesgos se materializasen, la desaceleración podría ser mucho más intensa de lo que manejamos, en buena parte debido a los efectos indirectos causados por la mayor incertidumbre, y tanto China como EE. UU. se enfrentarían a un oneroso peaje en términos de crecimiento (para las cifras exactas, véase el Focus «La amenaza del proteccionismo en la economía mundial» en este mismo Informe Mensual).

    En Europa, la incertidumbre política vuelve a repuntar. Por un lado, si el Gobierno italiano no presenta un plan fiscal creíble en julio, la Comisión Europea va camino de recomendar al Consejo Europeo la apertura de un procedimiento de déficit excesivo (EDP) al país transalpino. Ello obligaría al Ejecutivo italiano a incluir suficientes medidas de ajuste para sanear las cuentas sin perjudicar un crecimiento económico ya de por sí anémico en el presupuesto de 2020, que se debe presentar antes de mediados de octubre de 2019. Las negociaciones entre Roma y Bruselas serán largas (el EDP es un proceso esencialmente político y gradualista, que confiere bastante margen de acción para que los países afectados rectifiquen), pero es probable que las tensiones ganen prominencia en los próximos meses. Además, el Gobierno italiano se guarda la carta de convocar nuevas elecciones a finales de año, lo que podría alargar todo el proceso e intensificar el conflicto. En el Reino Unido, la situación

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