Coyuntura


  • Europa, principal víctima del shock de incertidumbre

    El shock de incertidumbre no remite. En los meses de verano, lejos de dar un respiro, los principales focos de incertidumbre de los últimos tiempos se han mantenido activos: las tensiones comerciales entre EE. UU. y China se han recrudecido, las complejidades políticas de la UE (Italia, el brexit) no se han disipado y la situación geopolítica global ha sido motivo de alarma (cabe mencionar las complicadas tesituras de Hong Kong e Irán, entre otras). Si a estas dinámicas se les suma la volatilidad de los mercados financieros y unos indicadores que han confirmado en términos generales que el ritmo de actividad es algo peor que el de hace unos meses, la resultante es la intensificación de las dudas sobre la senda futura del crecimiento mundial, cuyo riesgo de ser menor de lo previsto se ha acrecentado.

    Escalada de las tensiones comerciales entre EE. UU. y China. Entre los frentes abiertos antes mencionados, el de más calado económico por sus implicaciones globales es el aumento de las escaramuzas comerciales entre las dos principales economías mundiales, que andan al daca y toma. Así, el 1 de agosto, EE. UU. anunciaba por sorpresa, cuando parecía que se encontrase en un punto negociador más constructivo con China, que aplicaría un arancel del 10% sobre 300.000 millones de dólares de importaciones chinas (que entraría en vigor parcialmente en septiembre y totalmente en diciembre). Poco después, China respondía con la aplicación de diferentes aranceles, del 5% al 10% en función del producto, sobre 75.000 millones de dólares de importaciones estadounidenses. Además, el gigante chino permitió que el renminbi se devaluase hasta la zona de los 7 yuanes por dólar. El 23 de agosto, el Gobierno estadounidense anunció un aumento de 5 p. p. (del 25% al 30%) de los aranceles ya vigentes en otros 250.000 millones de dólares de importaciones chinas, con lo que la práctica totalidad de las compras estadounidenses a China estaría gravada por aranceles que no existían hace un año y medio. En definitiva, aunque se sigue esperando que ambas partes alcancen un acuerdo de mínimos probablemente en 2020, el peaje de la incertidumbre ya se está pagando ahora, y ese hipotético acuerdo difícilmente permitirá recuperar totalmente la confianza erosionada.

    Se empieza a asumir un crecimiento futuro más bajo. En esta tesitura, la mayoría de los analistas e instituciones han empezado a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para 2019 y para los años siguientes. Por citar un ejemplo significativo, en julio el FMI volvía a reducir sus previsiones de crecimiento mundial y reiteraba los importantes riesgos que rodean la economía global. Así, tras un avance del 3,6% en 2018, según el Fondo, la economía mundial previsiblemente crecerá un 3,2% en 2019 y un 3,5% en 2020, en ambos años 1 décima por debajo de las cifras que manejaba en sus previsiones de abril. La revisión era el resultado de un crecimiento de las economías emergentes inferior al pronosticado tres meses atrás, a causa de la intensificación de las tensiones comerciales, así como de la incertidumbre relacionada con el brexit y de los riesgos tecnológicos (a tenor de las distintas medidas que EE. UU. podría adoptar en relación con las compañías chinas y las múltiples investigaciones a posibles prácticas anticompetitivas de algunos de los grandes gigantes tecnológicos americanos). Tras la acentuación de la incertidumbre en agosto, estas cifras se nos antojan incluso algo optimistas. En consecuencia, en CaixaBank Research prevemos que el crecimiento de 2019 será del 3,0% y del 3,2% en 2020, 2 décimas menos de

  • El temor a una recesión enturbia el verano

    El pesimismo de los mercados agita la calma estival. Lejos de un verano tranquilo, la intensificación de las tensiones comerciales y geopolíticas que se describen en las siguientes páginas de este informe desembocó, en los mercados financieros, en preocupación sobre las perspectivas económicas globales y dio lugar a un aumento de la aversión al riesgo. El episodio se saldó con retrocesos de las bolsas, un aumento de las primas de riesgo sobre la deuda corporativa de peor calidad y una huida hacia activos considerados más seguros, que hundió todavía más los principales tipos de interés soberanos y provocó salidas de capital de las economías emergentes (las mayores desde noviembre de 2016, según datos del Institute of International Finance). Además, el intercambio de amenazas arancelarias entre EE. UU. y China se acentuó con la depreciación del renminbi, que cruzó la barrera de los 7 yuanes por dólar por primera vez desde 2008. En este contexto de inquietud, las miradas de los inversores viraron hacia la Fed y el BCE, con la expectativa implícita de que adoptarán una política monetaria ampliamente acomodaticia en los próximos trimestres. Ambos vuelven a escena en septiembre, cuando deberán balancear el desasosiego de las cotizaciones financieras y la intensificación de la incertidumbre con unos indicadores económicos que, a pesar de haberse desacelerado, no parecen dibujar un escenario tan negativo como el que agitó los mercados en verano.

    Las bolsas sufren correcciones, pero se recuperan. La escalada de las tensiones comerciales entre EE. UU. y China sacudió las bolsas internacionales y, en la primera semana de agosto, los principales índices llegaron a acumular pérdidas superiores al 5% y registraron las peores sesiones del año. Esta zozobra inicial dio paso a un tono errático, en unas últimas semanas de agosto en las que se combinaron sesiones de recuperación (sustentadas en algunas declaraciones conciliatorias) con otras de nuevos retrocesos. Ello, sumado al comportamiento más apacible registrado en julio, permitió a los parqués bursátiles moderar las pérdidas en el conjunto de julio y agosto, tanto en EE. UU. (S&P 500 –0,5%) como en Europa (Eurostoxx 50 –1,4%, DAX –3,7%, CAC –1,1%, MIB +0,4%, Ibex –4,2% y PSI –4,9%). Sin embargo, en ambas regiones las cotizaciones de los sectores «cíclicos» (es decir, aquellos más sensibles al ciclo económico) tuvieron un desempeño claramente inferior al de los «defensivos» (cuyo crecimiento de los beneficios es poco sensible al ciclo), reflejo de las dudas sobre el crecimiento que generan las tensiones comerciales. Las economías emergentes, por su parte, terminaron con retrocesos más marcados (índices MSCI para Asia emergente y América Latina –5,9% y –8,5%, respectivamente).

    Los temores recesivos se concentran en la renta fija. Mientras que, a pesar de las correcciones del verano, las cotizaciones bursátiles siguen en cotas relativamente elevadas (especialmente en EE. UU.), los tipos de interés soberanos reflejan un panorama más sombrío. Si en el anterior Informe Mensual ya comentábamos que los tipos de EE. UU. y Alemania habían disminuido hasta mínimos, a lo largo del verano estos han seguido hundiéndose (–51 p. b. y –37 p. b., respectivamente) ante el temor a un deterioro acentuado de la economía y la expectativa de una respuesta de política monetaria acomodaticia. Es más, en EE. UU. la curva de tipos acentuó su inversión, con un tipo soberano a 10 años unos 50 p. b. y 5 p. b. por debajo de los tipos a 3 meses y 2 años, respectivamente (lo que, históricamente, ha anticipado una entrada en recesión, como hemos analizado en la nota «Sobre la inversión de la

  • Economía global: la incertidumbre no da tregua

    El shock de incertidumbre no remite. En los meses de verano, lejos de dar un respiro, los principales focos de incertidumbre de los últimos tiempos se han mantenido activos: las tensiones comerciales entre EE. UU. y China se han recrudecido, las complejidades políticas de la UE (Italia, el brexit) no se han disipado y la situación geopolítica global ha sido motivo de alarma (cabe mencionar las complicadas tesituras de Hong Kong e Irán, entre otras). Si a estas dinámicas se les suma la volatilidad de los mercados financieros y unos indicadores que han confirmado en términos generales que el ritmo de actividad es algo peor que el de hace unos meses, la resultante es la intensificación de las dudas sobre la senda futura del crecimiento mundial, cuyo riesgo de ser menor de lo previsto se ha acrecentado.

    Escalada de las tensiones comerciales entre EE. UU. y China. Entre los frentes abiertos antes mencionados, el de más calado económico por sus implicaciones globales es el aumento de las escaramuzas comerciales entre las dos principales economías mundiales, que andan al daca y toma. Así, el 1 de agosto, EE. UU. anunciaba por sorpresa, cuando parecía que se encontrase en un punto negociador más constructivo con China, que aplicaría un arancel del 10% sobre 300.000 millones de dólares de importaciones chinas (que entraría en vigor parcialmente en septiembre y totalmente en diciembre). Poco después, China respondía con la aplicación de diferentes aranceles, del 5% al 10% en función del producto, sobre 75.000 millones de dólares de importaciones estadounidenses. Además, el gigante chino permitió que el renminbi se devaluase hasta la zona de los 7 yuanes por dólar. El 23 de agosto, el Gobierno estadounidense anunció un aumento de 5 p. p. (del 25% al 30%) de los aranceles ya vigentes en otros 250.000 millones de dólares de importaciones chinas, con lo que la práctica totalidad de las compras estadounidenses a China estaría gravada por aranceles que no existían hace un año y medio. En definitiva, aunque se sigue esperando que ambas partes alcancen un acuerdo de mínimos probablemente en 2020, el peaje de la incertidumbre ya se está pagando ahora, y ese hipotético acuerdo difícilmente permitirá recuperar totalmente la confianza erosionada.

    Se empieza a asumir un crecimiento futuro más bajo. En esta tesitura, la mayoría de los analistas e instituciones han empezado a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para 2019 y para los años siguientes. Por citar un ejemplo significativo, en julio el FMI volvía a reducir sus previsiones de crecimiento mundial y reiteraba los importantes riesgos que rodean la economía global. Así, tras un avance del 3,6% en 2018, según el Fondo, la economía mundial previsiblemente crecerá un 3,2% en 2019 y un 3,5% en 2020, en ambos años 1 décima por debajo de las cifras que manejaba en sus previsiones de abril. La revisión era el resultado de un crecimiento de las economías emergentes inferior al pronosticado tres meses atrás, a causa de la intensificación de las tensiones comerciales, así como de la incertidumbre relacionada con el brexit y de los riesgos tecnológicos (a tenor de las distintas medidas que EE. UU. podría adoptar en relación con las compañías chinas y las múltiples investigaciones a posibles prácticas anticompetitivas de algunos de los grandes gigantes tecnológicos americanos). Tras la acentuación de la incertidumbre en agosto, estas cifras se nos antojan incluso algo optimistas. En consecuencia, en CaixaBank Research prevemos que el crecimiento de 2019 será del 3,0% y del 3,2% en 2020, 2 décimas menos

  • La economía española desacelera más suavemente que la eurozona

    El PIB de la economía española creció un 0,5% intertrimestral en el 2T (2,3% interanual). El ritmo de avance del segundo trimestre fue 1 décima inferior al del 1T pero netamente superior al de las principales economías europeas. En el detalle por componentes, sorprendió la contribución positiva del sector exterior (especialmente ante el deterioro del entorno internacional en los últimos trimestres), mientras que el consumo privado mantuvo una trayectoria de desaceleración suave (0,3% intertrimestral, 1,7% interanual) y acorde con un escenario en el que los consumidores moderan su ritmo de gasto tras materializar, a lo largo de los últimos años, decisiones pospuestas durante la crisis (desvanecimiento del efecto del consumo embalsado). Por su parte, la inversión retrocedió un 0,2% intertrimestral y su crecimiento interanual se desaceleró de forma notable (1,2%, tras un 4,7% en el 1T). Esta debilidad se debió, mayormente, a la caída de la inversión en bienes de equipo (–2,6% intertrimestral, –1,5% interanual), dado que la inversión en construcción de vivienda residencial repuntó un 1,3% intertrimestral. Si bien parte del descenso puede reflejar una moderación natural después del fuerte crecimiento del 1T (7,2% interanual), los datos de inversión están muy relacionados con la debilidad que sigue exhibiendo la industria y ponen una mota de incertidumbre en unas perspectivas de la demanda agregada que, por lo general, siguen siendo positivas.

    La demanda externa sorprendió en positivo en el 2T. Tras una aportación modesta (e incluso negativa) en los trimestres anteriores, en el 2T la demanda externa contribuyó con +0,7 p. p. al crecimiento interanual del PIB. Su mejora no solo se sustentó en la debilidad de las importaciones, que avanzaron un 1,0% intertrimestral, sino también en la recuperación de las exportaciones, que progresaron un 1,8%. Además, el dato fue especialmente positivo dado el contexto actual de tensiones comerciales elevadas a nivel global y la moderación del crecimiento de la eurozona. De cara a los próximos trimestres, empero, prevemos que el deterioro del entorno internacional siga pesando sobre el sector exterior y que la demanda externa realice contribuciones más contenidas al crecimiento.

    Los indicadores de actividad señalan una desaceleración suave. En julio, el índice PMI de servicios se situó en los 52,9 puntos, inscrito en una tendencia de desaceleración suave (7 décimas menos que en junio y 11 menos que en diciembre de 2018) pero cómodamente en zona expansiva (por encima de los 50 puntos). Esta resiliencia de los servicios, sumada a unos buenos indicadores de consumo privado (ventas minoristas, +3,2% interanual en julio), muestra un fondo de resistencia frente a la ralentización del sector manufacturero, que se está produciendo a nivel global y también se observa en los indicadores españoles. En concreto, el PMI de manufacturas presenta una ralentización más marcada que el de servicios y, en junio y julio, se situó en zona claramente contractiva (47,9 y 48,2 puntos, respectivamente). Por su parte, la producción industrial avanzó un 1,8% interanual en junio (1,4% en mayo) y, sin salir de la situación de debilidad, matiza la ralentización de la industria. Tomando en cuenta el conjunto de indicadores de actividad disponibles hasta la fecha, el crecimiento del PIB en el 3T debería situarse en niveles similares a los del 2T (0,5% intertrimestral). No obstante, el reajuste de las perspectivas para la economía europea y la mundial en este mismo Informe Mensual nos hace rebajar las previsiones de crecimiento del PIB español entre 0,1 p. p. y 0,2 p. p. (del 2,3% al 2,2% en 2019 y del 1,9% al 1,7% en 2020).

    El mercado laboral también

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