Coyuntura


  • ¿Un año de transición?

    ¿Punto de inflexión en la senda de desaceleración global? Tras unos trimestres complicados, en los que los indicadores de sentimiento económico iban cediendo a nivel global, recientemente algunos indicadores de confianza representativos han flexionado al alza. Por ejemplo, el indicador compuesto PMI global de noviembre se situó en los 51,5 puntos (+0,7 puntos respecto a octubre). Una lectura similar se puede extraer del PMI de manufacturas a nivel mundial que, por primera vez desde abril, se situó en zona expansiva (por encima de los 50 puntos) gracias a que las economías emergentes ya se están recuperando del bache del sector (no así las avanzadas). Estos datos son un augurio esperanzador de cara a la leve mejora prevista en el año que arrancamos: esperamos que el crecimiento del PIB global pase del 2,9% en 2019 al 3,3% en 2020, especialmente por el rebote de aquellos emergentes que lo hicieron peor en 2019 (Brasil, India, Rusia y Turquía), con una desaceleración controlada de las economías de EE. UU. y China y, en la eurozona, la continuidad de un crecimiento en cotas bajas pero positivas.

    Los riesgos comerciales siguen ahí, pero se han mitigado en el último mes. El proceso de desaceleración económica global que se ha dado en los últimos trimestres se explica por una conjunción de factores de diferente naturaleza que están actuando simultáneamente y que se espera que sigan lastrando el crecimiento de las principales economías (EE. UU., eurozona y China) en los próximos tiempos. Estos factores son de sobras conocidos por nuestros lectores, a saber, el conflicto comercial entre EE. UU. y China, el brexit y los problemas del sector del automóvil europeo. En el último mes, se ha producido una mejora en las perspectivas de dos de estos factores, el conflicto comercial (especialmente) y el brexit. En relación con el conflicto comercial, EE. UU. y China anunciaron a mediados de diciembre un primer acuerdo comercial (la primera fase de un total de tres) con el que China se compromete a aumentar sustancialmente sus compras de bienes y servicios estadounidenses, y tras el que EE. UU. suspendió un incremento arancelario previsto para el 15 de diciembre y rebajó los tipos arancelarios aplicados en septiembre de 2019 (para más detalles, véase el Focus «Comercio internacional: primera impresión de la Primera Fase» en este mismo Informe Mensual). El balance del acuerdo es positivo, ya que ayuda a reducir la incertidumbre comercial que tanto daño ha hecho en 2019 y, además, también supone una primera aproximación a elementos del contencioso sino-americano más profundos, como la propiedad intelectual y la transferencia tecnológica. Así, se trata de un primer paso positivo, pero dentro de la cautela: habrá que ver cómo se desarrollan las negociaciones de las siguientes fases y hay que tener en cuenta que se necesitará tiempo para que consumidores y empresas recuperen la confianza.

    Se despeja la incertidumbre del brexit... de momento. Las elecciones generales en el Reino Unido del 12 de diciembre otorgaron al Partido Conservador de Boris Johnson una holgada mayoría absoluta (con 365 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes). Así, el resultado de los comicios permitió el 20 de diciembre una rápida ratificación en la Cámara del proyecto de ley del acuerdo de salida que Johnson pactó con la UE. En este sentido, el brexit se hará efectivo como muy tarde el 31 de enero de 2020, para dar paso a un periodo de transición en el que el Reino Unido se mantendrá dentro del mercado común europeo y sujeto a

  • España: un año de transición

    Una moderación gradual del crecimiento. Con los datos disponibles de tres de los cuatro trimestres del año 2019 que acabamos de cerrar, todo hace prever que el crecimiento de la economía se habrá situado en 2019 cerca del 1,9% anual, un ritmo más contenido que el del año pasado (2,4%) pero holgadamente por encima del promedio de crecimiento previsto para la eurozona (1,1%). Esta moderación del crecimiento se explica tanto por el desvanecimiento del impulso cíclico que ofrece la fase inicial de la recuperación económica como por el deterioro del entorno comercial global. Este último, producto de elementos como el pulso comercial entre EE. UU. y China, las incertidumbres relacionadas con el brexit y las dificultades que atraviesa el sector del automóvil a nivel europeo (por la introducción de nuevas regulaciones y por el cambio tecnológico que experimenta el sector) ha tenido un impacto sobre las exportaciones españolas de bienes y servicios por el canal de la demanda, pero no constituye una señal de merma de la competitividad en términos relativos. Así, la desaceleración que observamos representa, en gran medida, un proceso de convergencia del crecimiento hacia cotas más acordes con el crecimiento potencial de la economía. De cara al año que viene, prevemos que este proceso de convergencia tenga continuidad y que la economía crezca a tasas cercanas al 1,5%.

    La actividad mantiene el tono en el tramo final del año. La evolución del conjunto de los indicadores a lo largo del último mes ha sido mixta. Por un lado, la confianza del consumidor en noviembre cedió 1,2 puntos hasta los –10,3 puntos y la producción industrial en octubre cayó un 1,3% interanual (+0,6% en septiembre). En contraposición, tanto el PMI de manufacturas como el de servicios de noviembre registraron una ligera mejora y subieron 0,7 y 0,5 puntos, respectivamente, hasta los 47,5 y los 53,2 puntos. Una vez incorporamos todo el conjunto de indicadores en el modelo Nowcasting de proyección a corto plazo del PIB, obtenemos una previsión de crecimiento intertrimestral del 0,4% para el 4T 2019, un registro similar al del trimestre anterior. Además, esta tasa sería coherente con nuestra previsión de crecimiento anual del 1,9% para 2019.

    La paulatina desaceleración del mercado laboral se da un respiro en noviembre. En concreto, la afiliación a la Seguridad Social aumentó un 2,3% interanual, el mismo ritmo de avance que un mes atrás, aunque por debajo del experimentado en noviembre de 2018 (2,9% interanual). De este modo, a pesar del contexto de desaceleración, el ritmo de creación de empleo se mantiene robusto y seguirá ofreciendo apoyo al crecimiento de los ingresos y del consumo. Por otra parte, se prevé que el crecimiento de los ingresos se sustente cada vez más en una recuperación gradual de los salarios, que los datos ya muestran desde hace varios trimestres. Así, si en 2017 los salarios por hora efectiva de trabajo se mantuvieron estancados (crecimiento del –0,1% anual), en 2018 repuntaron hasta el 1,5%, y en el 3T 2019 el crecimiento aceleró hasta el 1,9% interanual.

    El ahorro se mantiene estable en el 3T. El buen ritmo de avance del crecimiento del empleo y la recuperación de los salarios se han visto reflejados en el crecimiento de la renta disponible bruta de los hogares, que en el 3T 2019 se situó en el 4,2% inter­­anual. Asimismo el consumo creció a una tasa notable aunque algo más modesta del 2,6% interanual, de modo que la tasa de ahorro se situó en el 7,0% de la renta disponible bruta (acumulado de cuatro

  • 2020: a las puertas de un año exigente, de nuevo

    ¿Punto de inflexión en la senda de desaceleración global? Tras unos trimestres complicados, en los que los indicadores de sentimiento económico iban cediendo a nivel global, recientemente algunos indicadores de confianza representativos han flexionado al alza. Por ejemplo, el indicador compuesto PMI global de noviembre se situó en los 51,5 puntos (+0,7 puntos respecto a octubre). Una lectura similar se puede extraer del PMI de manufacturas a nivel mundial que, por primera vez desde abril, se situó en zona expansiva (por encima de los 50 puntos) gracias a que las economías emergentes ya se están recuperando del bache del sector (no así las avanzadas). Estos datos son un augurio esperanzador de cara a la leve mejora prevista en el año que arrancamos: esperamos que el crecimiento del PIB global pase del 2,9% en 2019 al 3,3% en 2020, especialmente por el rebote de aquellos emergentes que lo hicieron peor en 2019 (Brasil, India, Rusia y Turquía), con una desaceleración controlada de las economías de EE. UU. y China y, en la eurozona, la continuidad de un crecimiento en cotas bajas pero positivas.

    Los riesgos comerciales siguen ahí, pero se han mitigado en el último mes. El proceso de desaceleración económica global que se ha dado en los últimos trimestres se explica por una conjunción de factores de diferente naturaleza que están actuando simultáneamente y que se espera que sigan lastrando el crecimiento de las principales economías (EE. UU., eurozona y China) en los próximos tiempos. Estos factores son de sobras conocidos por nuestros lectores, a saber, el conflicto comercial entre EE. UU. y China, el brexit y los problemas del sector del automóvil europeo. En el último mes, se ha producido una mejora en las perspectivas de dos de estos factores, el conflicto comercial (especialmente) y el brexit. En relación con el conflicto comercial, EE. UU. y China anunciaron a mediados de diciembre un primer acuerdo comercial (la primera fase de un total de tres) con el que China se compromete a aumentar sustancialmente sus compras de bienes y servicios estadounidenses, y tras el que EE. UU. suspendió un incremento arancelario previsto para el 15 de diciembre y rebajó los tipos arancelarios aplicados en septiembre de 2019 (para más detalles, véase el Focus «Comercio internacional: primera impresión de la Primera Fase» en este mismo Informe Mensual). El balance del acuerdo es positivo, ya que ayuda a reducir la incertidumbre comercial que tanto daño ha hecho en 2019 y, además, también supone una primera aproximación a elementos del contencioso sino-americano más profundos, como la propiedad intelectual y la transferencia tecnológica. Así, se trata de un primer paso positivo, pero dentro de la cautela: habrá que ver cómo se desarrollan las negociaciones de las siguientes fases y hay que tener en cuenta que se necesitará tiempo para que consumidores y empresas recuperen la confianza.

    Se despeja la incertidumbre del brexit... de momento. Las elecciones generales en el Reino Unido del 12 de diciembre otorgaron al Partido Conservador de Boris Johnson una holgada mayoría absoluta (con 365 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes). Así, el resultado de los comicios permitió el 20 de diciembre una rápida ratificación en la Cámara del proyecto de ley del acuerdo de salida que Johnson pactó con la UE. En este sentido, el brexit se hará efectivo como muy tarde el 31 de enero de 2020, para dar paso a un periodo de transición en el que el Reino Unido se mantendrá dentro del mercado

  • El retorno del apetito por el riesgo cierra un año con vaivenes en el sentimiento inversor

    Buen tono de los mercados en el final de año. Atrás queda 2019, un año en el que los principales catalizadores de los mercados financieros fueron las tensiones comerciales entre EE. UU. y China, la resolución del brexit, la desaceleración del crecimiento mundial y la vuelta a escena de los estímulos monetarios por parte de los principales bancos centrales. Diciembre no fue una excepción, y el año terminó con avances en el terreno comercial (con un primer acuerdo entre EE. UU. y China) y en la situación política británica (donde el Parlamento ya ha aprobado el acuerdo de salida de la UE). Además, los bancos centrales reforzaron su compromiso con las medidas acomodaticias de los meses anteriores. Así, en un escenario de estabilización de las perspectivas económicas, en diciembre se redujo la volatilidad en los distintos mercados financieros y los inversores mostraron un mayor apetito por los activos de riesgo, lo que se tradujo en incrementos generalizados en las bolsas y los precios de las materias primas, y en cierta recuperación de los tipos de interés. No obstante, y a pesar del mejor desempeño en los últimos compases del año, los riesgos sobre el escenario económico y financiero seguirán presentes en 2020, y la sensibilidad que han mostrado los mercados a lo largo de 2019 a los acontecimientos geopolíticos y a los mensajes de los principales bancos centrales sugiere que estos continuarán marcando el ánimo de los inversores en el nuevo año.

    Un buen año para las bolsas, a pesar de los vaivenes. Si 2019 comenzó con el miedo a que las turbulencias de finales de 2018 siguieran arrastrando las cotizaciones, finalmente el año ha terminado con unas ganancias notables y generalizadas: cercanas al 30% acumulado en el caso de las economías avanzadas y al­­re­­dedor del 15% en las emergentes. Estas cifras van más allá del efecto rebote de las fuertes turbulencias registradas en otoño de 2018 y, de hecho, los principales índices se encuentran claramente por encima de sus máximos del verano de 2018: los superan en más de un 10% en las economías avanzadas y en al­­rededor de un 6% en las emergentes. Las ganancias se han respaldado en las medidas acomodaticias tomadas por los bancos centrales a lo largo del año y en una cierta calma en las in­­certidumbres geopolíticas alrededor de EE. UU. y China y de Europa (brexit e Italia), así como en la constatación de que los ries­­gos de recesión económica se han visto apaciguados por la resiliencia de la demanda doméstica. Sin embargo, el año no ha estado exento de turbulencias y en distintas ocasiones las bolsas han registrado correcciones destacables al son de las tensiones geopolíticas (como en el episodio de aversión al riesgo del pasado verano). Además, a este factor de riesgo se suman los elevados múltiplos en algunas bolsas occidentales (como las ratios price-to-earnings), que resaltan el temor de sobrevaloración de algunos activos enfatizado reiteradamente por instituciones como el FMI o el BIS.

    Los tipos de interés se enraizan en terreno acomodaticio. En sus reuniones de diciembre, tanto el BCE como la Fed transmitieron un mensaje de continuidad de las medidas acomodaticias tomadas a lo largo de 2019. Por un lado, en el debut de Christine Lagarde como nueva presidenta, el BCE decidió mantener sin cambios la política monetaria y reiteró su compromiso con el paquete de estímulo anunciado en septiembre (recorte del tipo depo hasta el –0,50%, reanudación de las compras netas de activos y condiciones más favorables para las TLTRO). Asimismo, respaldándose en su lectura

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