Los sistemas de pago, una infraestructura clave para el desarrollo económico

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Àlex Ruiz
Carlos Martínez Sarnago
11 de marzo de 2014

En 1328, el Papa Juan XXII envió 60.000 florines en monedas de Roma a Lombardía. A pesar de disponer de una escolta de 150 hombres, la expedición cayó en una emboscada y la mitad del tesoro fue robado. Muchos años después, entre 1567 y 1632, Madrid remitió con éxito 500 millones de florines a los Países Bajos. Es decir, una cantidad muy superior, mediante pagos recurrentes y a mayor distancia, todo ello incurriendo en menores costes y corriendo menos riesgos ¿Cómo fue posible aquella evolución? Fundamentalmente, gracias a que un instrumento de pago ya existente en la Baja Edad Media, la letra de cambio, se integró en un conjunto más amplio de instituciones y relaciones entre agentes económicos. En otras palabras, porque se desarrolló un sistema de pago, entendido como el conjunto de infraestructuras financieras, legales e institucionales que hacen posible las transacciones monetarias entre los diferentes agentes económicos. La universalización de dicho sistema se demostró fundamental para movilizar globalmente los recursos financieros y sufragar la revolución comercial de la Baja Edad Media y del Renacimiento.

Esta visión histórica nos recuerda la importancia de las innovaciones financieras, y más concretamente del progreso de los sistemas de pago, en la modernización económica. Sin embargo, aunque la relación entre disponer de sistemas de pago eficientes y el desarrollo económico parece intuitiva y obvia, el hecho de que en los últimos años hayan aparecido nuevos medios con un elevado contenido tecnológico (banca on-line, dispositivos móviles, etc.) ha revitalizado la discusión y el análisis en torno a los beneficios agregados, privados y sociales, que generan. Como también ha hecho necesario volver a analizar el sentido de la causalidad entre sistemas de pago y desarrollo económico: ¿la mejora de los sistemas de pagos impacta en el desarrollo económico o es este último el que fuerza la modernización de los sistemas de pago?

Para revisar la cuestión, hay que partir de una primera gran distinción entre los sistemas de pago en función de los actores involucrados: el institucional y el minorista o retail. El primero está compuesto principalmente por transacciones de gran envergadura entre instituciones financieras y bancos centrales. Por su parte, el sistema de pago minorista facilita las transacciones monetarias que efectúan particulares y empresas a través de los principales instrumentos de pago: efectivo, cheques, tarjetas de crédito y débito, transferencias bancarias, débito automático (principalmente, domiciliaciones bancarias) y, más recientemente, los efectuados a través de Internet, en especial desde aplicativos móviles.

Si centramos la atención en el sistema de pago minorista, la evidencia empírica apunta hacia una relación positiva entre el nivel de desarrollo y la calidad de un determinado sistema de pago, por un lado, y el crecimiento económico, por otro. Más específicamente, diversos estudios han analizado el impacto económico en tres colectivos de agentes: consumidores, empresas y banca. Por lo que se refiere a los consumidores, mejorar la eficacia y eficiencia de los instrumentos de pago influye de forma directa en los hábitos de consumo de los individuos. Disponer de una estructura de pagos amplia, eficiente y segura dinamiza el comercio de bienes y servicios y otras transacciones entre individuos, dado que favorece la movilización de recursos monetarios de una forma rápida y barata y potencia la confianza del propio consumidor. Adicionalmente, el acceso al recurso del crédito para la adquisición de bienes y servicios permite distribuir las fluctuaciones del consumo de los individuos a lo largo del tiempo, lo cual, a su vez, redunda en una mejora en las decisiones de gasto del consumidor. Las estimaciones de Hasan, De Renzis y Schmiedel(1) para el conjunto de los países de la Unión Europea muestran que, controlando por endogeneidad, los métodos de pago electrónicos son los que tienen un mayor efecto sobre el nivel de renta, a considerable distancia de instrumentos de pago alternativos como el efectivo o los cheques bancarios. Dichas estimaciones avalan que el sentido de la causalidad es el primero de los anteriormente mencionados: la mejora de los sistemas de pagos redunda en un mayor desarrollo económico.

El sector empresarial, por su parte, se beneficia de un sistema de pago eficiente al existir un mayor número de consumidores que disponen de diferentes alternativas de pago rápidas, seguras y eficientes, lo que, a su vez, favorece la inversión empresarial y, en última instancia, al crecimiento económico. Finalmente, un elemento crucial es el papel que las entidades bancarias desempeñan en todo el proceso, toda vez que son las principales proveedoras de métodos y plataformas de pago. La relación entre la adopción de nuevos instrumentos de pago y su impacto sobre el desempeño del sector bancario ha atraído la atención de un gran número de economistas de diversas disciplinas como la macroeconomía, la política monetaria, las finanzas o la banca. En este último ámbito se resalta que la modernización de los canales de pago conlleva notables ganancias en términos de productividad y eficiencia: muchos de los costes derivados de los servicios operativos de mayor recurrencia disminuyen con la introducción de innovaciones técnicas, lo que permite explotar las economías de escala.(2) Paralelamente, mejoras en la eficiencia operativa de las instituciones financieras liberan recursos que pueden ir destinados a aumentar su actividad comercial y, con ello, a favorecer la inversión empresarial y el crecimiento en general.(3)

Siendo positiva la relación entre la modernidad de los sistemas de pago y el desarrollo económico en términos generales, conviene recordar que el pleno aprovechamiento de su potencial dependerá de forma crítica de factores de naturaleza muy diversa, como por ejemplo el nivel de desarrollo de un determinado país, el momento en que se encuentre el ciclo económico,(4) el grado de profundización y sofisticación del sistema financiero y los mercados de capitales o la calidad de las instituciones jurídico-gubernamentales, entre otros. En este sentido, el estudio de Hasan, De Renzis y Schmiedel pone de manifiesto dos importantes hallazgos: (i) es en los países emergentes o en transición (como Bulgaria, Rumanía o Polonia) donde se observa un mayor impacto sobre el consumo agregado y el PIB derivado de la utilización de métodos de pago electrónicos; (ii) el segmento de los bienes de consumo de ocio es el que reacciona en mayor medida a un aumento en el uso de instrumentos de pago como tarjetas y dispositivos móviles. De forma similar, y a diferencia de los países del bloque desarrollado, las economías emergentes muestran una elevada propensión a utilizar medios de pago tradicionales como el efectivo o los cheques. Algunos economistas como Callado, Hromcova y Utrero(5) argumentan que ello se debe en buena parte a los elevados costes de intermediación de la banca y la escasa acumulación de capital humano necesaria para desarrollar y difundir las nuevas tecnologías. En suma, los efectos positivos asociados a la modernización y la variedad de los sistemas e instrumentos de pago redundan en mayores niveles de consumo e inversión, lo que favorece el desarrollo y el crecimiento económicos. Sucedió en los lejanos tiempos del Medievo en unas pocas ciudades europeas, continúa produciéndose en los países avanzados y se repetirá en las economías emergentes a medida que estas se doten de las condiciones mínimas necesarias.

Àlex Ruiz y Carlos Martínez Sarnago

Departamentos de Economía Internacional y Mercados Financieros, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"

(1) Hasan, De Renzis y Schmiedel (2013). «Retail Payments and the Real Economy», Banco Central Europeo.

(2) Véase Hasan, Koetter y Wedow (2009),«Regional Growth and Finance in Europe: Is There a Quality Effect of Bank Efficiency», Journal of Banking and Finance vol. 33.

(3) En particular, véanse, Berger (2003). «The Economic Effects of Technological Progress: Evidence from the Banking Industry», Journal of Money, Credit and Banking. Hasan, Schmiedel y Song (2012). «Return from Retail Banking and Payments», Journal of Financial Services Research.

(4) Véase Gual, J. (2009). «El carácter procíclico del sistema financiero». Revista de Estabilidad Financiera n. 16, Banco de España.

(5) Véase Callado, Hromcova y Utrero (2009). «Cash, Paper-based and Electronic Payments: a Theroretical Approach», para la aproximación de un modelo teórico de equilibrio con diversos instrumentos de pago: los costes de oportunidad que enfrentan los consumidores condicionan el uso de las diversas alternativas de pago.

Àlex Ruiz
Carlos Martínez Sarnago
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