La economía global mantiene el pulso, pero los focos de inestabilidad no desaparecen. EE. UU. afronta el impacto del shutdown’ más largo de su historia; la eurozona resiste, pero le falta impulso, y China acentúa su enfriamiento en el final del año.
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En sus primeras seis semanas en la Casa Blanca, el presidente Trump ha logrado trastornar el orden mundial repetidas veces. En el frente de la política comercial, la incertidumbre nublará las perspectivas económicas a corto y a medio plazo, y el riesgo de escalada proteccionista es elevado.
Los indicadores que se han ido conociendo en los primeros meses del año arrojan señales positivas que apuntarían a un tono dinámico de la economía española en el 1T 2025, si bien a un ritmo algo menos vigoroso que en el trimestre anterior.
La economía española crece a buen ritmo, más de lo esperado, y ello lleva a CaixaBank Research a revisar al alza las previsiones de crecimiento para 2025, del 2,3% al 2,5%. A pesar de la buena noticia, el foco no está en la mejora de las previsiones, sino en la incertidumbre que las rodea.
El inicio de 2025 ha traído un cambio en el foco de los mercados financieros, que se afianzó en el último mes de febrero. Los inversores han desplazado su atención desde los bancos centrales, el principal driver de los mercados en 2024, hacia un entorno de elevado riesgo geopolítico, con el «efecto Trump» como catalizador clave.
El auge de la IA ha desembocado en esperanzas de una nueva revolución industrial y, a la vez, temores de otra burbuja. Una ambivalencia que se traslada a las valoraciones bursátiles: descansan en expectativas de crecimiento de ingresos notables, pero, a la vez, hay dudas sobre su sostenibilidad, ya sea por si las expectativas defraudan o por los fuertes planes de gasto e inversión que preparan las empresas del sector.
La actividad muestra signos de desaceleración y la inflación desciende por debajo del 2% en marzo, por primera vez desde agosto de 2024.
De momento y a la espera de cómo se desarrollen los acontecimientos, parece que nuestra economía debería capear este periodo de incertidumbre de mejor modo que nuestros principales socios comerciales.
El aumento de incertidumbre y el incremento en el nivel de los aranceles introducen riesgos a la baja sobre el crecimiento global, así como al alza para la inflación en EE. UU., siendo más incierto el impacto en precios para el resto del mundo.
Los aranceles de Trump dan un aldabonazo al apetito por el riesgo inversor y las curvas soberanas se apuntan a ambos lados del Atlántico, mientras los bancos centrales intentan navegar la marejada. Las bolsas registran una elevada volatilidad y caen las materias primas más dependientes del ciclo económico.
En la antesala de la cumbre del foro Asia-Pacífico, la gira asiática de Donald Trump ha dejado algunos gestos de distensión en las relaciones comerciales entre EE. UU. y China, en un trimestre de contrastes entre las economías avanzadas y de dinamismo entre las emergentes.
El dato de crecimiento de Portugal del primer trimestre del año sorprendió negativamente, con una caída del 0,5% intertrimestral según la estimación preliminar del INE portugués.
Los datos del PIB de EE. UU. del 1T revelan un contraste entre la fortaleza de la demanda interna y unos flujos comerciales en fase de anticipación, mientras la eurozona ha mostrado un crecimiento acelerado. Con todo, este impulso podría agotarse pronto: los aranceles y sus consecuencias comenzarán a tener un impacto negativo. Hasta ahora no hay señales claras de un frenazo en los flujos comerciales, pero con la incertidumbre en niveles máximos se espera que la economía global entre en una fase de desaceleración, con más riesgos a la baja y más preguntas que respuestas.
En estos primeros meses del año, el crecimiento del PIB de España mantiene un notable ritmo de avance, aunque persiste la brecha entre los sectores de servicios e industria. La creación de empleo gana tracción, mientras la inflación continúa su tendencia a la baja, impulsada por la disminución de los precios de la energía. El déficit comercial siguió aumentando en febrero y la actividad residencial en España ha tenido el mejor inicio de año desde 2007.
Un equipo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, el Institute of Political Economy and Governance (IPEG) y CaixaBank Research hemos emprendido un proyecto pionero a nivel mundial para seguir la evolución de la desigualdad, y el papel del estado del bienestar, en tiempo real. En este dossier, presentamos los principales resultados que hemos obtenido hasta el momento.
Las tormentas de febrero y el impacto inicial del conflicto en Oriente Próximo contribuyeron al estancamiento del PIB en los primeros tres meses del año. Aunque sin detalles por componentes, la primera estimación del PIB señala que el consumo se ralentizó, mientras que la inversión se aceleró con fuerza tras la contracción observada en el 4T 2025.
La resistencia exhibida por la actividad económica internacional, la reducción de la incertidumbre y la mejora de las proyecciones de crecimiento dibujan una mejora del escenario más inmediato. Pero esto no significa que la economía mundial haya salido de la encrucijada.
La temporada alta del sector turístico en España ha sorprendido favorablemente en 2025, y confirma nuestra visión de que el crecimiento del sector turístico se está normalizando en niveles sólidos: la previsión de CaixaBank Research es que PIB turístico crecerá un 2,7% en 2025 y un 2,5% en 2026.
Investigamos si la COVID-19 ha cambiado los hábitos de consumo electrónico en España a partir de los pagos con tarjeta de los 13,5 millones de clientes de CaixaBank, anonimizados y analizados mediante técnicas de big data.