En las otras páginas de este Dossier se ha analizado en profundidad cómo el envejecimiento afectará a la capacidad de crecimiento económico y a las cuentas públicas. Todos estos cambios tendrán consecuencias sobre la oferta y la demanda de ahorro y, por lo tanto, sobre los tipos de interés de las economías.
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La economía portuguesa está mostrando una notable resiliencia en 2025, impulsada, principalmente, por el dinamismo del mercado laboral y el fortalecimiento de la inversión.
La geopolítica marcó el inicio de año en los mercados financieros. El repunte de tensiones, desde Venezuela a Irán, y el choque diplomático entre EE. UU. y Europa a cuenta de Groenlandia generaron movimientos de aversión al riesgo y aumentaron puntualmente la volatilidad en los mercados.
El 2T 2025 empezó con todas las papeletas para una desaceleración del crecimiento de la economía española. A principios de abril, y después de meses de amenazas, la Administración Trump anunció los aranceles bilaterales y catapultó los principales indicadores de incertidumbre a máximos históricos. Semanas después, un apagón dejó la península ibérica sin electricidad durante un día. Todo esto, además, ocurrió en un entorno en el que la economía de la eurozona volvía a dar señales de enfriamiento.
El verano de 2025, de relativa calma en los mercados financieros a pesar de las inestabilidades del entorno macroeconómico, ha traído consigo un cambio de marcha entre la Fed y el BCE. Mientras Francia emerge como nuevo foco de inestabilidad, en EE. UU. los tipos soberanos se ajustan a las expectativas de política monetaria, pero no parecen temer al riesgo institucional. Las bolsas avanzan un mes más, y entre las materias primas, el crudo se mantiene estable y el oro alcanza un nuevo máximo.
La economía internacional vuelve del verano con señales de resiliencia, menos incertidumbre, pero más aranceles. Se observan indicios de mejora en la actividad europea en el 3T, señales de un mercado laboral no tan robusto en Estados Unidos, y una inflación divergente entre ambos lados del Atlántico.
La temporada alta del sector turístico en España ha sorprendido favorablemente en 2025, y confirma nuestra visión de que el crecimiento del sector turístico se está normalizando en niveles sólidos: la previsión de CaixaBank Research es que PIB turístico crecerá un 2,7% en 2025 y un 2,5% en 2026.
La economía española sorteó con éxito en 2025 las tensiones comerciales y geopolíticas del entorno global y creció un 2,8%, una cifra que mejora claramente tanto nuestra previsión en el arranque del año, que era del 2,3%, como el crecimiento de la eurozona, que se situó en el 1,5%. El incremento del PIB se fundamentó en el empuje de la demanda interna, que contrarrestó el deterioro de la externa, derivado del tirón de las importaciones.
Una de las consecuencias del estallido de la crisis sanitaria por la COVID-19 ha sido la mayor concienciación de la población y, por extensión, de la clase política, sobre la necesidad de introducir criterios de sostenibilidad en las políticas económicas, con el fin de impulsar una reactivación de la economía de forma más sostenible y resiliente. El sector turístico no es ajeno a estas tendencias porque, en primer lugar, su propia actividad se puede ver perjudicada por las consecuencias del cambio climático y, en segundo lugar, existe un amplio margen para que la actividad turística sea más sostenible. Este artículo trata de responder qué entendemos por sostenibilidad en el sector turístico, cómo se puede medir, en qué punto se encuentra el sector turístico español y hacia dónde se dirige.
La industria farmacéutica es un sector clave y estratégico de la economía española, como ha evidenciado la pandemia. En los últimos 25 años, el sector ha ganado una enorme relevancia, convirtiéndose en un importante motor de las exportaciones españolas y de la inversión privada en I+D. A pesar de ello, su capacidad productiva aún tiene margen de mejora. Es deseable que el futuro de la industria española se una más estrechamente a la industria farmacéutica y apueste por su crecimiento, ya no solo por motivos estratégicos, sino por razones puramente económicas, al tratarse de una industria extremadamente competitiva y con gran capacidad de generar empleo de calidad que contribuiría a la modernización de la economía.
A pesar del empeoramiento del contexto económico, el sector inmobiliario muestra una marcada tendencia alcista, con una demanda muy fuerte y un notable repunte en los precios. Por su parte, la oferta de vivienda nueva se está viendo afectada por la guerra en Ucrania, en forma de un encarecimiento adicional de los costes de construcción y del agravamiento de los problemas de abastecimiento de materiales a causa de los cuellos de botella en las cadenas de valor global. Esto está acentuando el desajuste entre la demanda y la oferta de vivienda, y hace prever que la tendencia alcista del precio de la vivienda tenga una cierta continuidad. Sin embargo, hay varios factores de signo contrario que deberían contribuir a moderar el avance de la demanda y de los precios a medio plazo, entre los que destacan el impacto de la inflación sobre la renta real de los hogares y el aumento de los tipos de interés por parte del BCE.
El pasado julio se cristalizó la respuesta económica europea a la crisis de la COVID-19: el Consejo Europeo aprobó el Plan de Recuperación Europeo, el llamado NGEU, a través del cual la Unión Europea otorgará hasta 750.000 millones de euros a sus Estados miembros para impulsar la recuperación de la economía tras el shock de la pandemia. Se trata de un acuerdo sin precedentes, que podría tener un impacto considerable sobre el sector inmobiliario europeo, ya que uno de los objetivos principales de la UE, al que este Plan de Recuperación pretende contribuir significativamente, consiste en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55% en 2030 respecto a los niveles de 1990. Está claro que la renovación del parque de edificios europeo, donde se realiza un 40% del consumo energético del continente, será clave para lograr este objetivo climático.
La nueva ley hipotecaria que regula los contratos de crédito inmobiliario tiene tres grandes objetivos: ofrecer más protección a los consumidores, reforzar la transparencia de los contratos de las hipotecas y dar una mayor seguridad jurídica al sistema financiero. Los tres son vitales para asegurar un correcto funcionamiento del mercado hipotecario y para reforzar la estabilidad financiera.
Las políticas económicas implementadas durante la pandemia han amortiguado el impacto de la crisis sobre la situación financiera de las familias. Por un lado, se ha evitado una mayor caída de los ingresos de los hogares, mientras que, por otro lado, la política monetaria acomodaticia del BCE ha propiciado una reducción de los pagos por intereses de la deuda. Un análisis detallado del esfuerzo que realizan los hogares para pagar su hipoteca, a partir de los datos internos de CaixaBank, debidamente reponderados para ser representativos de la población española, muestra que las medidas han conseguido reducir el esfuerzo hipotecario durante la pandemia en la mayoría de los hogares, si bien todavía siguen existiendo bolsas de vulnerabilidad entre los hogares de renta baja.
El mercado residencial español se encuentra en plena fase expansiva, impulsado por la bajada de los tipos de interés, la mejora del poder adquisitivo y el crecimiento demográfico. La demanda sigue creciendo con fuerza, con un notable protagonismo del comprador extranjero, y la oferta poco a poco también va ganando tracción, aunque sigue sin compensar el déficit de vivienda acumulado desde 2021. El precio de la vivienda sigue acelerándose, superando ya el máximo alcanzado en 2007 en términos nominales, y se empiezan a detectar señales de sobrevaloración. Sin embargo, el contexto actual difiere del anterior al estallido de la burbuja inmobiliaria: no hay un exceso de oferta sino un grave déficit de vivienda y eso es lo que explica principalmente la presión sobre los precios; y la situación financiera de las familias, del sector constructor y promotor, y del sistema financiero es sólida. Prevemos que los precios y las compraventas seguirán siendo dinámicos los próximos trimestres, lo que acentúa la necesidad de aumentar la oferta de vivienda asequible.
El mercado de la vivienda en España está inmerso en una fase de creciente tensión, resultado de la combinación de una demanda fuerte, una oferta insuficiente y poco elástica y una elevada heterogeneidad territorial.
La economía española encara este año y el siguiente con un sólido impulso expansivo, respaldado por una demanda interna robusta y por ventajas diferenciales frente a sus principales socios europeos. A pesar de un contexto internacional complejo, prevemos un crecimiento del PIB del 2,9% en 2025 y del 2,1% en 2026, apoyado, entre otros factores, en una situación financiera del sector privado globalmente favorable para que el consumo y la inversión sigan creciendo de forma dinámica, en el crecimiento demográfico y en unos costes energéticos relativamente más competitivos. El análisis sectorial revela también un ciclo expansivo ampliamente transversal, que abarca desde los sectores más pujantes como la construcción o la industria farmacéutica, hasta los que avanzarán a un ritmo más moderado, como el textil y el automovilístico.
La economía española dispone de un sector manufacturero diverso, exportador y de productividad elevada. Sin embargo, el tejido empresarial está todavía muy atomizado si se compara con la industria alemana, un referente a nivel europeo. Aumentar el tamaño empresarial e impulsar la productividad de las empresas, a través de la inversión en I+D y la adopción de las nuevas tecnologías digitales, avanzando hacia la Industria 4.0, son las claves para seguir incrementando la competitividad de un sector fundamental para la economía y para el sector exterior español. Asimismo, el sector debe evolucionar hacia un modelo industrial más sostenible: solamente las empresas que acometan la transición energética con éxito podrán competir en un nuevo entorno en el que la sostenibilidad será un requisito imprescindible para seguir operando en el mercado.
En 2021 se alcanzó un hito difícil de imaginar un año atrás: la vacunación masiva de gran parte de la población en los países avanzados. Aunque se están produciendo nuevas olas de contagios, en los países en los que los niveles de vacunación de la población son más elevados es de esperar que no se tengan que volver a restricciones a la actividad y a la movilidad tan severas como las que marcaron el compás de la evolución económica desde el estallido de la pandemia.