Parecía que esta vez era distinto. Históricamente, el proyecto europeo ha avanzado a regañadientes, intentando hacer de la necesidad virtud. En gran medida, el amplio entramado institucional europeo se ha forjado a remolque de los acontecimientos, tras largas y tensas negociaciones. En cambio, las medidas tomadas desde el inicio de la pandemia, como el programa de estímulo económico Next Generation EU, de una magnitud nunca vista en el Viejo Continente y adoptado de forma relativamente rápida, o la actuación sin vacilaciones del BCE, invitaban al optimismo. Parecía que esta vez Europa cambiaba de marcha y tomaba cierta iniciativa.
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Tras haber analizado en los artículos anteriores las necesidades digitales de nuestra economía y las políticas propuestas en aras de cubrir dichas necesidades, en este artículo abordamos cuantitativamente el impacto que representará el NGEU en términos de transformación digital. Antes del ejercicio numérico, no obstante, es imprescindible entender la relevancia de las tecnologías digitales, así como las características que suelen definirlas.
El agroalimentario es el principal sector de la industria española. Es un sector con un fuerte arraigo en el territorio, que genera empleo estable y que está muy abierto al exterior. También se caracteriza por contar con una estructura empresarial muy atomizada, dominada por empresas pequeñas y con unas empresas grandes menos productivas que sus homólogas europeas. Aumentar el tamaño empresarial e impulsar la productividad de las empresas de mayor tamaño, a través de la inversión en I+D y la adopción de las nuevas tecnologías, ayudaría a incrementar la competitividad de un sector clave para la economía y el conjunto de la sociedad.
La inflación de la eurozona ha estado disminuyendo de forma sostenida por una razón clara: la distensión de la energía. Ahora la duda es si seguirá cayendo con fuerza hacia el 2% o si encontrará nuevos escollos que le dificulten seguir suavizándose.
En esta nueva entrega sobre el NGEU, respondemos a las principales preguntas sobre el aumento de la emisión de deuda por parte de la Unión Europea y su impacto en los mercados financieros.
Aumentar el crecimiento de la productividad es uno de los principales retos que Europa tiene por delante. Como señala el artículo introductorio de este Dossier, «Momento Europa: es hora de reforzar nuestra competitividad», es urgente actualizar el tejido productivo del Viejo Continente. El rápido cambio tecnológico lo permite. Además, el contexto global, cada vez más competitivo y con una creciente desconfianza hacia las instituciones multilaterales, lo hace imprescindible.
La digitalización es una transformación clave en la actual revolución industrial (la que nos traerá la Industria 4.0). ¿En qué situación se encuentra España en este ámbito?
La inteligencia artificial generativa (IA) es una de las tecnologías más disruptivas y prometedoras de nuestro tiempo. Su capacidad para crear, imitar y mejorar contenidos de todo tipo la convierte en una tecnología de utilidad general con un potencial de transformación económica y social comparable al de la electricidad o la informática. Su impacto potencial y cómo utilizarla de la mejor forma posible, un reto mayúsculo para Europa y para el mundo entero, es lo que tratamos en este artículo.
Por primera vez en muchos meses, las perspectivas para la economía europea han comenzado a mejorar. Analizamos los factores que explican la mejoría y compartimos nuestra visión sobre cuál será escenario de crecimiento e inflación para la eurozona en 2023.
En los últimos 20 años, el uso de medios de pago digitales ha aumentado ininterrumpidamente en España. Las compras con tarjeta en España han pasado de cerca de 1.000 millones de operaciones a principios de los años 2000 a más de 4.500 millones en 2019. ¿Están sumándose todas las generaciones a los pagos digitales a la misma velocidad?
¿Son plausibles los objetivos europeos de reducción de gases de efecto invernadero? ¿Serán suficientes las medidas tomadas? ¿Cómo se verán alterados por la COVID-19 los planes para luchar contra el cambio climático plasmados en el Green Deal de la Unión Europea?
En este artículo, pondremos el foco en las políticas que deben impulsar la transformación digital de los Estados miembros de la UE y, en particular, de nuestra economía.
La COVID-19 está provocando un incremento abrupto de la deuda pública. Puede generar inquietud, pero su sostenibilidad no está en entredicho: la política monetaria del BCE, la reducción sostenida de los tipos de interés y el alargamiento de los vencimientos dan cobertura a las economías europeas y alivian la carga financiera.
La cotización del bitcoin alcanzó 50.000 euros a finales de marzo, unas 10 veces más que hace 12 meses y 3 veces más que el pico alcanzado en diciembre de 2017. Los 10.000 bitcoins que se pagaron por dos pizzas en 2010 equivaldrían ahora a 500 millones de euros, y el valor de todos los bitcoins en circulación se acerca al billón de euros, una cifra intermedia entre la capitalización bursátil de Google y la de Facebook. Se trata de cifras mareantes que nos hacen preguntar si no estamos ante una enorme burbuja.
La paralización de la actividad a raíz del coronavirus y el imperativo de proteger a los trabajadores y el tejido empresarial con una respuesta contundente de política fiscal provocarán un aumento de la deuda pública en las principales economías europeas. ¿Debemos preocuparnos?
Han transcurrido ya casi cinco años desde los históricos acuerdos para financiar el mayor programa conjunto de estímulo económico de la UE. Los fondos Next Generation EU (NGEU) se diseñaron con el doble objetivo de contribuir a superar, a corto plazo, los efectos adversos de la pandemia de COVID-19 y, a medio plazo, a apoyar la transformación estructural de la economía europea. Repasamos aquí lo conseguido hasta el momento y lo que queda pendiente.
El riesgo de sobrecalentamiento de la economía estadounidense ha aumentado debido a las más recientes e importantes medidas de gasto fiscal y los cuellos de botella que empiezan a observarse en numerosos sectores, en un contexto de fuerte recuperación de la actividad económica. A diferencia de EE. UU., en Europa los riesgos de que la inflación sorprenda persistentemente al alza son menores y pensamos que el BCE tomaría las medidas necesarias para moderar la traslación de una posible subida de tipos en EE. UU. a la curva europea.
En marzo, los bombardeos entre Irán y EE. UU. e Israel causaron un estrés notable en las materias primas energéticas; el petróleo Brent fluctuó alrededor de los 100 dólares por barril a lo largo del mes y el gas TTF entre los 50 y 60 euros por MWh. Esto apunta a un repunte de la inflación y ha hecho que los mercados cotizaran subidas de tipos en las próximas reuniones del BCE.
La pandemia de coronavirus tomó al mundo por sorpresa y paralizó el turismo internacional casi por completo. Las primeras etapas de una cierta recuperación están pasando por la reinstauración de la conectividad entre los países emisores y destinos turísticos que hayan controlado la expansión del nuevo coronavirus. No obstante, el sector deberá acometer una profunda y rápida transformación para adaptarse a un nuevo perfil de turista internacional pos-COVID-19, mucho más preocupado por recibir un servicio personalizado, flexible y, sobre todo, más seguro.