Aunque nuestra atención va a seguir centrada durante un tiempo en la geopolítica y todas sus derivadas, el elefante en la habitación continúa siendo las implicaciones a medio plazo de la IA en las variables macroeconómicas. El riesgo es pecar de optimismo, pero la punta del iceberg de esta megatendencia es esperanzadora, considerando los primeros efectos positivos en el crecimiento americano y en los resultados de las empresas del sector.
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La pandemia de COVID-19 provocó en 2020 una caída histórica del consumo de las familias. En la eurozona, la caída llegó al 15,4% en el 2T del año y se emplazó en el –8,1% en el conjunto del año, con desplomes más fuertes en los países más afectados por la primera ola de la pandemia. Sin embargo, al contrario de crisis anteriores, las caídas del consumo no fueron acompañadas por caídas similares en la renta disponible de las familias.
La pandemia ha traído consigo una sustitución del efectivo por los pagos con tarjeta, como muestra nuestro análisis con datos internos anonimizados de CaixaBank. Este efecto sustitución se aprecia tanto a nivel agregado como a nivel sectorial, en particular, en las categorías de gasto en alimentación y en bienes duraderos.
Seguimos analizando el fenómeno del de-risking entre las grandes potencias económicas en una nueva entrega de artículos dedicados al comercio internacional y la geopolítca. En este primero, nos centraremos en Estados Unidos y China, y en segundo, en la Unión Europea.
Una vez expuesta la compleja relación comercial entre Estados Unidos y China, seguimos analizando el fenómeno del de-risking entre las grandes potencias económicas centrándonos en la Unión Europea.
Pese a que la desconexión energética de Rusia en los últimos años ha sido notable, todavía persisten desafíos importantes para que Europa posea un sistema energético sostenible, seguro y competitivo.
El elevado nivel de deuda pública será uno de los desequilibrios macroeconómicos que heredaremos de la crisis de la COVID-19. Solventarlo requerirá un crecimiento económico sostenido y el rediseño de ciertas políticas fiscales.
La inteligencia artificial (IA) generativa es un área crítica de competencia económica y estratégica entre las grandes potencias, cuyo desarrollo depende tanto del dinamismo del sector privado como de la acción del Estado. Ambos definen el alcance y los efectos de una tecnología cuyo complejo ecosistema integra la actividad innovadora y su monetización, la posición en la cadena de valor, su difusión y adopción, y la gestión de sus externalidades. Desde la óptica geoeconómica, este artículo revisa las estrategias adoptadas por EE. UU., China y la UE en dimensiones clave como la regulación, el papel del Estado en el modelo industrial, los instrumentos públicos de apoyo y políticas transversales como la capacitación profesional o la sostenibilidad. Cerramos con una reflexión sobre la interacción futura de estos modelos de gobernanza y los potenciales espacios de fricción y cooperación que pueden generarse.
¿Ha afectado la COVID-19 de igual manera a los hábitos de consumo de cada generación o a los mismos tipos de bienes? ¿Cómo consumíamos antes y durante la pandemia?
El auge de la IA ha desembocado en esperanzas de una nueva revolución industrial y, a la vez, temores de otra burbuja. Una ambivalencia que se traslada a las valoraciones bursátiles: descansan en expectativas de crecimiento de ingresos notables, pero, a la vez, hay dudas sobre su sostenibilidad, ya sea por si las expectativas defraudan o por los fuertes planes de gasto e inversión que preparan las empresas del sector.
El BCE y la Fed han iniciado un proceso de revisión de su estrategia cuyos resultados publicarán a lo largo de 2020. Ciertos cambios estructurales en las economías avanzadas, como la caída del tipo de interés de equilibrio o el aplanamiento de la curva de Phillips, han motivado esta revisión.