La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha obligado a gran parte de la sociedad a adaptarse de manera veloz e inesperada al trabajo en remoto, una práctica relativamente minoritaria en España antes de la eclosión de la pandemia. ¿Tiene España simplemente un bajo potencial para el teletrabajo o, por el contrario, lo tiene pero no lo está explotando?
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La crisis actual está desencadenando cambios en numerosos aspectos de nuestras vidas, muchos de ellos relacionados con nuestras preferencias residenciales. Por ejemplo, el teletrabajo puede llegar a transformar cómo y dónde vivimos. La pandemia también ha supuesto un impulso a la digitalización del sector inmobiliario y podría acelerar ciertas transformaciones en otros ámbitos como la rehabilitación de vivienda, lo que apoyaría la transición hacia una economía más sostenible.
La crisis sanitaria causada por la COVID-19 ha supuesto un shock sin precedentes para el sector turístico español. Los indicadores de demanda confirman que el parón durante los meses de confinamiento ha sido total, tanto para el turismo internacional como para el turismo doméstico. El cese del estado de alarma y la recuperación de la movilidad internacional en la UE han supuesto un revulsivo para la reactivación de los flujos de turistas en España. Las perspectivas para los próximos meses apuntan a una recuperación relativamente rápida del turismo doméstico y más gradual para el extranjero, aunque la delicada situación sanitaria será un foco muy vivo de incertidumbre.
La situación del sector turístico ha mejorado considerablemente durante la temporada de verano. La vacuna ha supuesto un claro punto de inflexión que ha dado pie a la retirada de restricciones y a la recuperación de la movilidad en Europa, y ha mantenido la pandemia bajo control. Los indicadores de demanda, oferta e incluso de precios confirman un cambio radical de la situación, no solo en España, sino también en los países de nuestro entorno. Así, la buena cosecha veraniega nos empuja a ser optimistas de cara a los meses venideros, en los que esperamos presenciar una consolidación de la recuperación que debería garantizar que 2022 vuelva a ser un buen año para la industria turística española.
La COVID-19 está teniendo un fuerte impacto sobre la actividad económica de España y, en particular, sobre el sector turístico. En CaixaBank Research esperamos que el PIB retroceda entre un 13% y un 15% en 2020, y que no recupere los niveles precrisis hasta el año 2023. En lo que respecta al sector turístico, las perspectivas son incluso más adversas para el año 2020, al ser uno de los sectores más afectados por la pandemia.
La pandemia ha modificado el escenario de la inversión inmobiliaria comercial y ha perfilado distintos tipos de activos según el grado de afectación derivado de las restricciones de movilidad impuestas para atajar la crisis sanitaria. Entre los activos favorecidos destacan los activos residenciales, los centros logísticos y de datos, así como gran parte de los activos del sector minorista. Entre los más desfavorecidos se encuentran las oficinas y los activos hoteleros, lastrados por el auge del teletrabajo y el desplome del turismo internacional.
Un equipo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, el Institute of Political Economy and Governance (IPEG) y CaixaBank Research hemos emprendido un proyecto pionero a nivel mundial para seguir la evolución de la desigualdad, y el papel del estado del bienestar, en tiempo real. En este dossier, presentamos los principales resultados que hemos obtenido hasta el momento.
La pandemia está impactando de forma intensa en muchas dimensiones de nuestra sociedad, y ciudadanos y empresas han elevado la exigencia a sus gobiernos para que estén a la altura y tomen medidas eficaces. ¿Están nuestros sistemas políticos en condiciones de dar la talla?
¿Cómo está afectando la crisis económica a los distintos estratos de la población? ¿Nos está tocando a todos por igual? ¿Hasta qué punto los programas de apoyo que provee el sector público están amortiguando el golpe?
Analizar los patrones de ahorro de los consumidores europeos en tiempos de coronavirus es clave, puesto que la reactivación del consumo será uno de los pilares de la recuperación.
La crisis del coronavirus está suponiendo un shock sin precedentes para la economía europea: su efecto sobre la actividad económica es claramente negativo y las dudas se centran en la magnitud y la duración del impacto. En cambio, su efecto sobre la inflación genera más interrogantes. ¿Dominarán las presiones a la baja o al alza?
China se enfrenta a un entorno económico particularmente retador. A la combinación de una crisis inmobiliaria y la ralentización de la demanda global, dos importantes motores de crecimiento chino en las últimas décadas, se añade una tercera fuerza, cuyo potencial distorsionador se ha reafirmado en los últimos dos años: la política de COVID cero.
Los países europeos han anunciado una gran cantidad de medidas fiscales para amortiguar el duro golpe de la pandemia. El impulso fiscal en 2020 será parecido en los principales países, pero existen diferencias entre las contribuciones automática y discrecional de la política fiscal en cada uno de ellos.
La política monetaria ha reaccionado de forma rápida y contundente a la COVID-19. Sin embargo, tras desempeñar con éxito el papel de «apagafuegos», el BCE deberá mantenerse muy activo para apoyar la reactivación de la economía
El año pasado, cuando constatamos el fuerte impacto económico que generaba la pandemia, se abrió un intenso debate sobre la forma que tomaría la recuperación. Los más cenizos apostaron por letras poco alentadoras, como la L, la W o la K.