La recuperación vigorosa de la economía europea tras la pandemia ha dado paso en los últimos años –en un contexto geopolítico más hostil– a una situación de crecimiento débil. Sin embargo, esta caracterización no es homogénea ni en su composición geográfica ni sectorial. Así, mientras la atonía es muy acusada en Alemania o Italia, la en otro tiempo denominada «periferia europea» mantiene un notable dinamismo encabezada por España y Portugal. Un contraste similar encontramos entre el comportamiento más errático de actividades agrícolas, manufactureras y de construcción –con mayor exposición a los shocks recientes– y el creciente peso en la economía de servicios cualificados apoyados en tendencias favorables de fondo como la transformación digital.
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La geopolítica marcó el inicio de año en los mercados financieros. El repunte de tensiones, desde Venezuela a Irán, y el choque diplomático entre EE. UU. y Europa a cuenta de Groenlandia generaron movimientos de aversión al riesgo y aumentaron puntualmente la volatilidad en los mercados.
En marzo, los bombardeos entre Irán y EE. UU. e Israel causaron un estrés notable en las materias primas energéticas; el petróleo Brent fluctuó alrededor de los 100 dólares por barril a lo largo del mes y el gas TTF entre los 50 y 60 euros por MWh. Esto apunta a un repunte de la inflación y ha hecho que los mercados cotizaran subidas de tipos en las próximas reuniones del BCE.
En la segunda mitad de 2018, la economía europea se desaceleró de forma notable. En este artículo analizamos cuantitativamente el peso de los tres factores que explican la desaceleración: el menor consumo de coches, la ralentización comercial y la incertidumbre política.
Después de un mes de septiembre cargado de anuncios, la siguiente reunión del BCE (el 24 de octubre) será de transición, al menos en un sentido: el 31 de octubre de 2019 se pondrá fin al mandato de Mario Draghi, el presidente más carismático de la historia de la institución.
La crisis financiera de 2008 y las recientes olas migratorias son dos de los factores coyunturales que han favorecido el aumento de la polarización política en Europa. La incidencia de la primera se estima más relevante que la segunda. Las políticas de cohesión social podrían explicar que la influencia de la inmigración en la polarización sea menor.
La sociedad se ha polarizado de forma notable en los últimos años. En EE. UU., la polarización se manifiesta a través de una mayor distancia entre las opiniones de los votantes republicanos y demócratas. En Europa, en un aumento de los desacuerdos en torno a temas fundamentales como inmigración o la integración europea. Los partidos políticos de las economías avanzadas también se han polarizado de forma especialmente pronunciada en la última década.