El BCE no ha modificado ni los tipos de interés oficiales ni el ritmo de compra de activos y se mantiene confiado en que los factores que están empujando al alza la inflación son transitorios y se desvanecerán a lo largo de 2022. No obstante, Christine Lagarde reconoció que los cuellos de botella en el mercado laboral y en la oferta de insumos y materiales durarán más de lo inicialmente esperado.
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La economía de la eurozona logró mantener un crecimiento del PIB muy dinámico en el 3T, gracias a una campaña de verano que se pudo llevar a cabo con menores restricciones. Sin embargo, para los próximos trimestres, creemos que el ritmo de crecimiento se va a desacelerar sustancialmente por los problemas de suministros derivados de los cuellos de botella globales. El desajuste que se está viviendo entre oferta y demanda también se está trasladando a la inflación, que alcanzó el nivel máximo de la serie, solamente igualado en julio de 2008. Hasta finales de año, es posible que la inflación aumente todavía más, afectada también por los precios energéticos, pero creemos que durante 2022 volverá gradualmente a tasas cercanas al 2%.
Tras su reunión finalizada ayer, la Reserva Federal anunció que en noviembre y diciembre reducirá el ritmo de compras netas de treasuries y MBS a razón de 10.000 y 5.000 millones de dólares al mes, respectivamente, desde 80.000 y 40.000 millones de dólares que compraba hasta ahora.
Como viene siendo habitual, la inflación estadounidense volvió a sorprender con una sustancial subida en octubre: hasta el 6,2% la general y hasta el 4,6% la subyacente. Más allá del nuevo y considerable incremento en los precios energéticos, destaca el aumento generalizado de precios en prácticamente todos los componentes. Sin duda, la escasez de suministros derivada de los cuellos de botella y los incrementos salariales están ejerciendo una presión sobre los precios al consumo más persistente de lo previsto. Las encuestas empresariales más recientes sugieren que las presiones inflacionistas perdurarán a corto plazo.
La inflación general subió en octubre hasta el 5,4%, 1 décima por debajo de lo que había adelantado el INE el pasado día 28 de octubre. Se trata de un nuevo máximo desde septiembre de 1992. Este aumento de los precios se explica principalmente por el incremento del componente energético, destacando la nueva subida de precio de la electricidad, que explica un 40% de la inflación en octubre. Por otro lado, se aceleró también la subida de los precios de los carburantes, mientras que el crecimiento interanual del precio de los alimentos no elaborados se suavizó respecto a septiembre. La inflación subyacente (general sin energía y alimentos no elaborados) subió hasta el 1,4%, empujada principalmente por aumentos de precios de servicios, cuya tasa de inflación registró una fuerte subida en octubre hasta el 1,4% (frente al 0,9% en septiembre), acompañada de subidas en los precios de bienes industriales y alimentos elaborados. El dato de octubre debería representar un punto máximo este año, ya que esperamos que la inflación general modere su trayectoria alcista a lo largo de los próximos meses. Para la subyacente, prevemos que mantenga una trayectoria de recuperación moderada, tras tocar un mínimo del 0,0% en abril de este año.
La inflación general subió hasta el 5,6% en noviembre (5,4% en octubre), una ralentización en su ritmo alcista pese a tratarse de su nivel más alto desde septiembre de 1992. Por su parte, la inflación subyacente siguió repuntando y alcanzó el 1,7% (1,4% en octubre).
La inflación en la eurozona continúa aumentando y en noviembre registró un nuevo máximo histórico desde el inicio de la serie mensual (4,9%), de la mano no solo del componente energético, pues la inflación subyacente aumentó 0,6 p. p. hasta el 2,6%. Se trata del segundo mes consecutivo en el que el dato de inflación supera de forma notable las expectativas del consenso de analistas (4,5% para este mes). A pesar de la sorpresa, el dato de inflación no generó un impacto significativo en los mercados financieros.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en noviembre: hasta el 6,8% la general y hasta el 4,9% la subyacente. Por segundo mes consecutivo, destacó el aumento generalizado de precios en prácticamente todos los componentes, también en aquellos más persistentes.
La inflación general subió en noviembre hasta el 5,5%, 1 décima por debajo de lo que había adelantado el INE el pasado día 29 de noviembre. Se trata de una ralentización en su ritmo alcista pese a tratarse de su nivel más alto desde septiembre de 1992. Por su parte, la inflación subyacente (general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 1,7%. Aumentó la contribución a la inflación de alimentación y servicios, mientras que, por primera vez en los últimos meses, se redujo la del componente energético. No obstante, hasta el momento observamos que las tasas de inflación más elevadas se concentran en pocas rúbricas, mayoritariamente relacionadas con la energía, y no vemos un contagio global de la cesta de consumo (véase la nueva sección «El semáforo de la inflación»). En este sentido, la incorporación del dato no cambia nuestras perspectivas de inflación para 2022.
La inflación general subió hasta el 6,7% en diciembre (5,5% en noviembre), de nuevo tratándose de su nivel más alto desde septiembre de 1992. Por su parte, la inflación subyacente siguió repuntando y alcanzó el 2,1% (1,7% en noviembre).
La inflación en la eurozona continúa aumentando y en diciembre registró un nuevo máximo histórico (5,0%) impulsada por los precios de los alimentos, que más que compensaron una leve caída del componente energético (–1,5 p. p. hasta el 26%). Por su parte, la inflación subyacente se mantuvo estable en el 2,6%; la mayor subida en los precios de bienes industriales fue contrarrestada por la moderación en los precios de los servicios. De este modo, la inflación media del 2021 en la eurozona se ubicó en el 2,6% para la inflación general y en el 1,5% para la subyacente.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en diciembre: hasta el 7,0% interanual la general y hasta el 5,5% la subyacente. Nuevamente, se incrementaron los precios de gran parte de los componentes que conforman el índice de precios al consumo (IPC), incluso aquellos que muestran una mayor persistencia. La escasez de suministros, ante las disrupciones en las cadenas de producción mundial, y los incrementos salariales siguieron ejerciendo una presión considerable sobre el IPC, a pesar de que parece que han remitido levemente, según las más recientes encuestas empresariales. Aun así, es de esperar que estos factores perdurarán hasta bien entrado 2022.
La inflación general subió en diciembre hasta el 6,5%, 2 décimas por debajo de lo que había adelantado el INE el pasado día 30 de diciembre. De nuevo se trata de su nivel más alto en los últimos 30 años impulsada por el componente energético y el de alimentación. Por su parte, la inflación subyacente (general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 2,1%. Más allá de los precios energéticos, resulta preocupante la tendencia de contagio de la cesta de consumo: el 55% de la cesta ya exhibe tasas de inflación por encima del 2% mientras que un 23% de la cesta ya se encuentra por encima del 5% (véase la sección “El sémaforo de la inflación”).
La inflación general se moderó hasta el 6,0% en enero (6,5% en diciembre), según el dato de avance del INE, frenando la tendencia alcista de los últimos meses, aunque sigue en niveles históricamente altos. Tal como apuntábamos (preveíamos un 5,9%), esta «moderación» se debe al efecto base provocado por las subidas del precio de la electricidad en enero 2021. Por su parte, la inflación subyacente siguió repuntando y alcanzó el 2,4% (2,1% en diciembre). Este ascenso sí que nos ha sorprendido al alza (preveíamos un 2,0%) y podría indicar que las elevadas tasas de inflación se están extendiendo a los demás componentes de la cesta de consumo más rápidamente de lo que esperábamos.
El leve aumento de la inflación en enero sorprendió al consenso de analistas, que esperaban una moderación de la inflación general hasta el 4,4%. El repunte se explica, principalmente, por el encarecimiento de los componentes más volátiles (energía y alimentos), pues la inflación subyacente sí que se moderó (2,3% en enero frente al 2,6 del mes anterior). Por países, destaca Italia, donde la inflación general subió desde el 4,2% hasta el 5,3% debido a la revisión al alza de los precios regulados de la energía. En Alemania, Francia y España la inflación general se moderó en 0,6, 0,1 y 0,5 p. p., respectivamente. Los mercados financieros recibieron el dato con alzas en los tipos soberanos europeos y una apreciación moderada del euro, en la antesala de la reunión del BCE del jueves.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en enero de 2022, y lo hizo por encima de lo esperado por el consenso de analistas: hasta el 7,5% interanual la general (consenso: 7,3%) y hasta el 6,0% la subyacente. Nuevamente, se incrementaron los precios de gran parte de los componentes que conforman el índice de precios al consumo (IPC), incluso aquellos que suelen ser más persistentes. En este sentido, las presiones inflacionistas tienen visos de mantenerse durante buena parte de 2022, en especial, ante las disrupciones en las cadenas de producción mundial y los incrementos salariales, dando soporte al plan de retirada de los estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal.
La inflación general se situó en enero en el 6,1%, 1 décima por encima de lo que había adelantado el INE el pasado día 31 de enero. Por su parte, la inflación subyacente (la general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 2,4%. En este sentido, se frena la tendencia alcista de los últimos meses del IPC. De todas formas, aumenta la proporción de los bienes que presentan una tasa de inflación elevada: el 63% de la cesta ya exhibe tasas de inflación por encima del 2% mientras que un 26% de la cesta ya se encuentra por encima del 5% (véase la sección “El sémaforo de la inflación”). De cara a febrero, esperamos un nuevo repunte de la inflación general debido a que ya no habrá el efecto base causado por las subidas del precio de la electricidad de enero 2021.
La inflación general aumentó hasta el 7,4% en febrero (6,1% en enero), según el dato avanzado por el INE. Se trata de su nivel más alto desde hace más de tres décadas. Aunque esperábamos un repunte considerable (preveíamos un 6,9%), la magnitud del repunte ha sido algo más elevada. Según explica el INE, el aumento de febrero viene de la mano de una subida generalizada de los precios de la mayoría de los componentes. En este sentido, la inflación subyacente (excluye energía y alimentos no elaborados) ha repuntado sustancialmente hasta el 3,0% (2,4% en enero).
Tal y como esperaba el consenso de analistas y CaixaBank Research, la inflación de la eurozona aumentó en febrero, aunque el índice general lo hizo en mayor medida de lo previsto, en parte, por unos mayores precios energéticos. El dato de febrero reveló cómo el aumento de la inflación está siendo generalizado en todos los componentes: tanto los componentes subyacentes (bienes industriales y servicios) como los más volátiles (alimentos y bienes energéticos) experimentaron un aumento en la tasa de variación de sus precios.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en febrero de 2022: hasta el 7,9% interanual la general y hasta el 6,4% la subyacente. Se incrementaron los precios de gran parte de los componentes que conforman el índice de precios al consumo (IPC), incluso aquellos más persistentes. En este sentido, las presiones inflacionistas tienen visos de mantenerse durante buena parte de 2022, en especial, tras el inicio del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia.