La inflación estadounidense volvió a aumentar en noviembre: hasta el 6,8% la general y hasta el 4,9% la subyacente. Por segundo mes consecutivo, destacó el aumento generalizado de precios en prácticamente todos los componentes, también en aquellos más persistentes.
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La inflación general subió en noviembre hasta el 5,5%, 1 décima por debajo de lo que había adelantado el INE el pasado día 29 de noviembre. Se trata de una ralentización en su ritmo alcista pese a tratarse de su nivel más alto desde septiembre de 1992. Por su parte, la inflación subyacente (general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 1,7%. Aumentó la contribución a la inflación de alimentación y servicios, mientras que, por primera vez en los últimos meses, se redujo la del componente energético. No obstante, hasta el momento observamos que las tasas de inflación más elevadas se concentran en pocas rúbricas, mayoritariamente relacionadas con la energía, y no vemos un contagio global de la cesta de consumo (véase la nueva sección «El semáforo de la inflación»). En este sentido, la incorporación del dato no cambia nuestras perspectivas de inflación para 2022.
La inflación general subió hasta el 6,7% en diciembre (5,5% en noviembre), de nuevo tratándose de su nivel más alto desde septiembre de 1992. Por su parte, la inflación subyacente siguió repuntando y alcanzó el 2,1% (1,7% en noviembre).
La inflación en la eurozona continúa aumentando y en diciembre registró un nuevo máximo histórico (5,0%) impulsada por los precios de los alimentos, que más que compensaron una leve caída del componente energético (–1,5 p. p. hasta el 26%). Por su parte, la inflación subyacente se mantuvo estable en el 2,6%; la mayor subida en los precios de bienes industriales fue contrarrestada por la moderación en los precios de los servicios. De este modo, la inflación media del 2021 en la eurozona se ubicó en el 2,6% para la inflación general y en el 1,5% para la subyacente.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en diciembre: hasta el 7,0% interanual la general y hasta el 5,5% la subyacente. Nuevamente, se incrementaron los precios de gran parte de los componentes que conforman el índice de precios al consumo (IPC), incluso aquellos que muestran una mayor persistencia. La escasez de suministros, ante las disrupciones en las cadenas de producción mundial, y los incrementos salariales siguieron ejerciendo una presión considerable sobre el IPC, a pesar de que parece que han remitido levemente, según las más recientes encuestas empresariales. Aun así, es de esperar que estos factores perdurarán hasta bien entrado 2022.
La inflación general subió en diciembre hasta el 6,5%, 2 décimas por debajo de lo que había adelantado el INE el pasado día 30 de diciembre. De nuevo se trata de su nivel más alto en los últimos 30 años impulsada por el componente energético y el de alimentación. Por su parte, la inflación subyacente (general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 2,1%. Más allá de los precios energéticos, resulta preocupante la tendencia de contagio de la cesta de consumo: el 55% de la cesta ya exhibe tasas de inflación por encima del 2% mientras que un 23% de la cesta ya se encuentra por encima del 5% (véase la sección “El sémaforo de la inflación”).
La inflación general se moderó hasta el 6,0% en enero (6,5% en diciembre), según el dato de avance del INE, frenando la tendencia alcista de los últimos meses, aunque sigue en niveles históricamente altos. Tal como apuntábamos (preveíamos un 5,9%), esta «moderación» se debe al efecto base provocado por las subidas del precio de la electricidad en enero 2021. Por su parte, la inflación subyacente siguió repuntando y alcanzó el 2,4% (2,1% en diciembre). Este ascenso sí que nos ha sorprendido al alza (preveíamos un 2,0%) y podría indicar que las elevadas tasas de inflación se están extendiendo a los demás componentes de la cesta de consumo más rápidamente de lo que esperábamos.
El leve aumento de la inflación en enero sorprendió al consenso de analistas, que esperaban una moderación de la inflación general hasta el 4,4%. El repunte se explica, principalmente, por el encarecimiento de los componentes más volátiles (energía y alimentos), pues la inflación subyacente sí que se moderó (2,3% en enero frente al 2,6 del mes anterior). Por países, destaca Italia, donde la inflación general subió desde el 4,2% hasta el 5,3% debido a la revisión al alza de los precios regulados de la energía. En Alemania, Francia y España la inflación general se moderó en 0,6, 0,1 y 0,5 p. p., respectivamente. Los mercados financieros recibieron el dato con alzas en los tipos soberanos europeos y una apreciación moderada del euro, en la antesala de la reunión del BCE del jueves.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en enero de 2022, y lo hizo por encima de lo esperado por el consenso de analistas: hasta el 7,5% interanual la general (consenso: 7,3%) y hasta el 6,0% la subyacente. Nuevamente, se incrementaron los precios de gran parte de los componentes que conforman el índice de precios al consumo (IPC), incluso aquellos que suelen ser más persistentes. En este sentido, las presiones inflacionistas tienen visos de mantenerse durante buena parte de 2022, en especial, ante las disrupciones en las cadenas de producción mundial y los incrementos salariales, dando soporte al plan de retirada de los estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal.
La inflación general se situó en enero en el 6,1%, 1 décima por encima de lo que había adelantado el INE el pasado día 31 de enero. Por su parte, la inflación subyacente (la general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 2,4%. En este sentido, se frena la tendencia alcista de los últimos meses del IPC. De todas formas, aumenta la proporción de los bienes que presentan una tasa de inflación elevada: el 63% de la cesta ya exhibe tasas de inflación por encima del 2% mientras que un 26% de la cesta ya se encuentra por encima del 5% (véase la sección “El sémaforo de la inflación”). De cara a febrero, esperamos un nuevo repunte de la inflación general debido a que ya no habrá el efecto base causado por las subidas del precio de la electricidad de enero 2021.
La inflación general aumentó hasta el 7,4% en febrero (6,1% en enero), según el dato avanzado por el INE. Se trata de su nivel más alto desde hace más de tres décadas. Aunque esperábamos un repunte considerable (preveíamos un 6,9%), la magnitud del repunte ha sido algo más elevada. Según explica el INE, el aumento de febrero viene de la mano de una subida generalizada de los precios de la mayoría de los componentes. En este sentido, la inflación subyacente (excluye energía y alimentos no elaborados) ha repuntado sustancialmente hasta el 3,0% (2,4% en enero).
Tal y como esperaba el consenso de analistas y CaixaBank Research, la inflación de la eurozona aumentó en febrero, aunque el índice general lo hizo en mayor medida de lo previsto, en parte, por unos mayores precios energéticos. El dato de febrero reveló cómo el aumento de la inflación está siendo generalizado en todos los componentes: tanto los componentes subyacentes (bienes industriales y servicios) como los más volátiles (alimentos y bienes energéticos) experimentaron un aumento en la tasa de variación de sus precios.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en febrero de 2022: hasta el 7,9% interanual la general y hasta el 6,4% la subyacente. Se incrementaron los precios de gran parte de los componentes que conforman el índice de precios al consumo (IPC), incluso aquellos más persistentes. En este sentido, las presiones inflacionistas tienen visos de mantenerse durante buena parte de 2022, en especial, tras el inicio del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia.
La inflación general aumentó hasta el 7,6% en febrero (6,1% en enero), 2 décimas por encima de lo que había adelantado el INE el pasado día 28 de febrero. Se trata de su nivel más alto desde diciembre de 1986. Por su parte, la inflación subyacente (la general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 3,0%. También ha aumentado la proporción de los bienes que presentan una tasa de inflación elevada: el 73% de la cesta ya exhibe tasas de inflación por encima del 2% mientras que un 32% de la cesta ya se encuentra por encima del 5% (véase la sección “El semáforo de la inflación”). De cara a marzo, esperamos una porción aún mayor de la cesta de consumo con tasas de inflación por encima del 2% y del 5%.
La inflación general aumentó hasta el 9,8% en marzo (7,6% en febrero), según el dato avanzado por el INE. De confirmarse, se trataría de su nivel más alto desde mayo del 1985. Según explica el INE, el aumento de marzo viene de la mano de una subida generalizada de los precios de la mayoría de los componentes. En este sentido, la inflación subyacente ha repuntado hasta el 3,4% (3,0% en febrero). El INE destaca los avances en los precios de la electricidad, de los carburantes y combustibles y de los alimentos y bebidas no alcohólicas. Esto explica porqué el aumento en la inflación general es sustancialmente mayor al de la inflación subyacente: esta segunda excluye energía y alimentos no elaborados de su cálculo.
En línea con los datos de inflación publicados esta semana en las principales economías de la eurozona, el IPCA en el agregado de la región volvió a sorprender al alza en marzo, con un ascenso del 7,5% interanual, muy por encima de nuestras previsiones y del consenso de analistas (6,7% según Bloomberg). En España, Alemania, Italia y Francia, el dato de marzo situó la inflación en el 9,8%, 7,6%, 7,0% y 5,1%, respectivamente.
La inflación estadounidense volvió a aumentar en marzo de 2022: hasta el 8,5% interanual la general y hasta el 6,5% la subyacente. El fuerte aumento en el componente energético explica buena parte del incremento mensual del índice de precios, puesto que el índice subyacente avanzó a un ritmo mensual más contenido que en meses anteriores. Con todo, el impacto del conflicto de Ucrania en los precios de las materias primas, los nuevos cierres en China ante los rebrotes de COVID y la robustez del mercado laboral estadounidense favorecen el mantenimiento de estas presiones inflacionistas durante buena parte de 2022. No obstante, es probable que en los próximos meses veamos cierta moderación en el ritmo de subida de los precios.
La inflación general aumentó hasta el 9,8% en marzo (7,6% en febrero), tal y como había adelantado el INE el pasado día 30 de marzo. Se trata de su nivel más alto desde mayo de 1985. Por su parte, la inflación subyacente (la general sin energía ni alimentos no elaborados) avanzó hasta el 3,4%. También ha aumentado la proporción de los bienes que presentan una tasa de inflación elevada: el 75% de la cesta ya exhibe tasas de inflación por encima del 2% mientras que un 36% de la cesta ya se encuentra por encima del 5% (véase la sección “El sémaforo de la inflación”). A pesar de que es probable que la inflación subyacente siga aumentando levemente a corto plazo, pensamos que la inflación general puede haber tocado techo, o estar muy cerca de él, este mes de marzo.
La inflación general se moderó hasta el 8,4% en abril (9,8% en marzo), según el dato avanzado por el INE. De confirmarse, sería la segunda vez desde febrero de 2021 que la inflación se modera respecto al mes anterior. Aun así, la inflación general actual se encuentra en su segundo valor más alto de las últimas tres décadas, solamente superada por el registro de marzo. En cambio, la inflación subyacente ha aumentado significativamente hasta el 4,4% (3,4% en marzo), el mayor valor de la serie desde 1995. En este sentido, mientras que la inflación general podría haber alcanzado su pico en marzo, la inflación subyacente aún tiene recorrido al alza.
Los datos publicados esta semana confirman que el riesgo de estanflación se ha incrementado en la economía del euro desde el comienzo del año. Por un lado, el crecimiento del PIB siguió perdiendo empuje en el 1T (0,2% intertrimestral). Por el otro, la inflación se estabilizó en abril (7,5% la general y 3,5% la subyacente), si bien las presiones alcistas se están extendiendo a lo largo de la cesta de consumo. De cara a los próximos meses, no descartamos que el PIB pueda retroceder en el 2T, mientras que la inflación se mantendrá en cotas elevadas.