La inversión es una variable fundamental que determina la capacidad productiva, contribuye al avance de la productividad y el crecimiento económico y sustenta el aumento de la riqueza a medio plazo. Así, hay que destacar positivamente el desempeño reciente de la inversión portuguesa, que venía exhibiendo una dinámica favorable desde 2016 y se ha mostrado resiliente durante la pandemia.
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Aunque la caída de la actividad ha sido fuerte, el impacto de la COVID-19 en el mercado laboral portugués está siendo más contenido por el momento, gracias al ajuste temporal del empleo y al teletrabajo.
En este artículo analizamos las consecuencias de la crisis energética actual para los precios de la electricidad, poniendo en perspectiva sus efectos en la factura de la luz en España.
Este año el BCE no solo dará continuidad los incrementos de tipos de interés, sino que también reducirá el tamaño del balance. ¿Cómo funcionará la reducción y qué consecuencias puede tener sobre la deuda soberana?
Una población que peina más canas, como hemos visto en los artículos anteriores, reduce el crecimiento económico. El impacto del envejecimiento no es inevitable, ni mucho menos, pero para contrarrestarlo es necesario, en primer lugar, identificar los canales a través de los cuales afecta a la economía, así como su importancia relativa.
A pesar del deterioro inusitado de la economía que ha provocado la COVID-19, el coste de financiación de la deuda pública se encuentra en mínimos prácticamente nunca vistos. ¿Hasta qué punto pueden explicar los fundamentos macroeconómicos estos niveles de los tipos de interés?
La intuición nos dice que un shock como el de la COVID-19 debería incrementar el riesgo país, y así lo confirman los datos. Sin embargo, deberíamos ver un impacto más persistente en el riesgo país, y no está siendo así.
La recuperación vigorosa de la economía europea tras la pandemia ha dado paso en los últimos años –en un contexto geopolítico más hostil– a una situación de crecimiento débil. Sin embargo, esta caracterización no es homogénea ni en su composición geográfica ni sectorial. Así, mientras la atonía es muy acusada en Alemania o Italia, la en otro tiempo denominada «periferia europea» mantiene un notable dinamismo encabezada por España y Portugal. Un contraste similar encontramos entre el comportamiento más errático de actividades agrícolas, manufactureras y de construcción –con mayor exposición a los shocks recientes– y el creciente peso en la economía de servicios cualificados apoyados en tendencias favorables de fondo como la transformación digital.
Prolongar la edad laboral, favorecer la entrada de flujos de inmigración, reducir la tasa de paro o aumentar la productividad laboral son algunas de las medidas que podrían ayudar a contrarrestar el efecto adverso del envejecimiento sobre la economía española en los próximos años. Las analizamos en este artículo, que cierra el dossier sobre las consecuencias económicas del envejecimiento poblacional.