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La oferta de vivienda continúa siendo insuficiente para absorber una demanda que sigue creciendo con fuerza por la formación de nuevos hogares. Este déficit de vivienda y la presión que ejerce sobre los precios subraya la necesidad de acelerar la construcción de vivienda asequible.
Las políticas económicas implementadas durante la pandemia han amortiguado el impacto de la crisis sobre la situación financiera de las familias. Por un lado, se ha evitado una mayor caída de los ingresos de los hogares, mientras que, por otro lado, la política monetaria acomodaticia del BCE ha propiciado una reducción de los pagos por intereses de la deuda. Un análisis detallado del esfuerzo que realizan los hogares para pagar su hipoteca, a partir de los datos internos de CaixaBank, debidamente reponderados para ser representativos de la población española, muestra que las medidas han conseguido reducir el esfuerzo hipotecario durante la pandemia en la mayoría de los hogares, si bien todavía siguen existiendo bolsas de vulnerabilidad entre los hogares de renta baja.
Uno de los factores que podrían limitar la velocidad de recuperación de la economía en España es el desajuste que comienza a detectarse en el mercado de trabajo. Las ofertas nuevas de trabajo no cubiertas vienen anotando un notable crecimiento desde finales de 2020, y en el 2T 2021 ya rozaban las 120.000, la cifra más alta de la última década.
El precio de la electricidad, un dato que habitualmente apenas lograría captar la atención del lector, ha poblado los titulares de prensa y aliñado las discusiones de sobremesa desde mediados de este año. Este cambio no es baladí: el precio de la electricidad se disparó a partir de julio y ya en octubre casi cuadruplicaba el promedio de 2018-2019. ¿A qué se debe este aumento y cuál va a ser el impacto económico derivado del mismo? Estas son las preguntas que trata de responder este artículo.
El tercer volumen de nuestra colección Nuevos Paradigmas está marcado, como no podía ser de otra manera, por los efectos de la COVID-19 y su papel como aceleradora de tendencias que ha hecho emerger nuevas formas de percibir y gestionar situaciones derivadas de la crisis sanitaria. En él abordamos las perspectivas económicas de 2022, la evolución de la desigualdad, las tendencias de consumo, el impacto de los fondos de recuperación europeos y el papel de las democracias en tiempos de pandemia.
La Comisión Europea ya ha abierto una consulta pública para relanzar el debate sobre la reforma del marco de gobernanza económica. En los requisitos apunta que se debe asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas sin poner en entredicho la recuperación económica, y que las reglas deben ser sencillas y su aplicación, transparente.
La mayoría de gobiernos europeos no tienen dudas de que la transición climática comportará más beneficios que costes. Sin embargo, la transición climática no será neutra: habrá algunos países y sectores que ganarán y otros que perderán. El gran reto de la política económica será, pues, facilitar una transición lo más justa y armónica posible.
Analizamos la senda de reducción del déficit público presentada por el Gobierno en el Programa de Estabilidad 2023-2026, basada en un ajuste gradual impulsado por la recuperación de la economía española, con una reducción del 4,8% del PIB en 2022 al 3,9% en 2023 y al 2,5% en 2026.
Analizamos la recuperación pospandemia del turismo procedente de uno de los mercados emisores estrella para la economía portuguesa: el estadounidense.
Tres años y medio después, el PIB de España ha recuperado finalmente el nivel de antes de la pandemia. Sin embargo, la recuperación de la economía española no se ha producido al unísono: algunas dimensiones han mejorado con más rapidez, y otras van más rezagadas.
La reciente escalada del conflicto en el Golfo Pérsico, con el estallido de la guerra en Irán, ha vuelto a situar la energía en el centro de la agenda económica global. Aunque el alcance y la duración del conflicto siguen siendo inciertos, los mercados, especialmente los de petróleo y gas natural, han reaccionado con rapidez. En este contexto, analizamos cuál es la posición de la economía española ante este nuevo shock energético.
Entre 2013 y 2019, la recuperación posterior a las crisis financiera y soberana permitió avances graduales pero sostenidos en la capacidad adquisitiva de las familias, apoyados en la mejora del empleo y en un entorno de inflación contenida. Con la pandemia, esta dinámica se vio alterada y, aunque la renta nominal y el mercado laboral mostraron resiliencia, el shock inflacionista acentuado tras la invasión de Ucrania erosionó el poder de compra y tensionó el bienestar de los hogares, con un impacto particularmente severo en los de renta baja. En este contexto, el consumo efectivo real de los hogares per cápita –un indicador amplio de bienestar material, que incorpora tanto el gasto privado como los bienes y servicios individuales provistos por el sector público– permite analizar cómo han evolucionado las condiciones de vida de los hogares europeos antes y después de la pandemia, así como el papel de la redistribución pública.
Analizamos cómo reaccionan los turistas a experiencias térmicas extremas para anticipar riesgos y oportunidades del sector turístico ante el cambio climático, a partir de datos internos anonimizados de pagos con tarjetas extranjeras en TPV de CaixaBank.
El precio del petróleo parece haberse subido a una montaña rusa, y ello hace muy difícil prever cuál será su futura evolución. En los primeros compases del año, las limitaciones en la producción de petróleo implementadas por los países de la OPEP y la recuperación del sentimiento inversor sostuvieron la cotización del petróleo.