Portugal: ¿conseguirá acelerar en la carrera digital?

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Vânia Duarte
9 de julio de 2021
Photo by Pietro Jeng on Unsplash

La COVID-19 ha reforzado la importancia de la digitalización en nuestra vida. Gracias a esta innovación tecnológica, fue posible que más del 22% de la población empleada en Portugal recurriera al teletrabajo en el 2T 2020, que los más jóvenes pudiesen asistir a las clases remotamente, pedir comida en nuestros restaurantes favoritos, ver las películas y series en las plataformas de streaming, que médicos y pacientes pudieran mantener el contacto gracias a las teleconsultas, y que los ciudadanos pudieran acceder a los servicios públicos de forma digital. En resumen, la digitalización permitió que la economía y la sociedad no parasen completamente durante el confinamiento, lo que atenuó sus consecuencias económicas y sociales, y ha puesto de relieve que seguir avanzando en el proceso es fundamental. En este contexto, es importante fijarnos en Portugal para valorar en qué punto se encuentra y a qué desafíos se enfrenta para encarar esta «carrera digital».

Digitalización: dónde estamos...

Para analizar la situación de Portugal recurriremos al indicador DESI (por sus siglas en inglés, Digital Economy and Society Index), elaborado por la Comisión Europea, y que evalúa la posición de 28 países de la UE (aún con el Reino Unido) en cinco dimensiones: conectividad, capital hu­­mano, utilización de servicios de internet, integración de tecnología digital en las empresas y servicios públicos digitales.

Portugal: indicador DESI y sus componentes

De acuerdo con el DESI 2020, que utiliza datos de 2019, Portugal se posiciona en el 19.º lugar, por debajo de la media de la UE. De hecho, la brecha se ha ido acentuando en los últimos cuatro años. En comparación con 2015, Portugal es de los países que hizo menos progresos, una señal de que se está quedando atrás en la carrera de la transición digital.

Con todo, no todas las señales son negativas. Así, Portugal destaca de forma favorable en dos dimensiones: conectividad y servicios públicos digitales. Se trata, no obstante, de una posición relativa a la que se llega por caminos muy diferentes. Respecto a la conectividad, Portugal ha subido cinco posiciones con respecto a 2015. Sin embargo, este resultado esconde grandes divergencias. Por un lado, el país sale muy bien parado en la comparación del acceso a banda ancha fija de por lo menos 100 Mbps (2.º) y en la cobertura de red fija de alta velocidad (7.º). Por otro lado, se posiciona al final de la tabla en el número de suscripciones a datos móviles por cada 100 personas y en el índice de precios de la banda ancha. Al mismo tiempo, obtiene una mala puntuación en el índice que mide el estado de preparación de los países para la red 5G (8,3% del espectro disponible en 2020, frente al 21% en la UE). En cambio, y en lo que concierne a la se­­gunda dimensión, la de los servicios públicos digitales, Por­­tugal cayó considerablemente con respecto a la 5.ª posición que ostentaba en 2015. No obstante, y como sucedía en el ámbito de la conectividad, la situación es bastante heterogénea. Por un lado, obtiene un mal resultado en los servicios públicos digitales disponibles para empresas (19.º), pero, por otro, se posiciona en 2.º lugar en la realización de trámites en línea.

Portugal: posición del país en varias dimensiones del DESI

Más alarmante es, en cualquier caso, la posición en lo que respecta al capital humano y la utilización de internet, a pesar de los progresos frente a 2015, especialmente en lo que concierne a la segunda categoría. Portugal es uno de los países peor clasificados en lo que respecta al capital humano. De hecho, el DESI revela que el 26% de la población portuguesa en 2019 no tenía ninguna competencia digital (9% en el conjunto de la UE) y que el 52% tenía competencias digitales básicas (58% en la media de la UE). A su vez, los especialistas en TIC representaban apenas el 2,4% del empleo total en 2019, lo que situaría a Portugal en la 25.ª posición del ranking.

En lo que respecta a la utilización de los servicios de internet en el ámbito personal, el 22% de la población portuguesa nunca había utilizado internet en 2019, más del doble de lo registrado en la UE. Si bien los usuarios portugueses destacan de forma positiva en la utilización de internet para tener acceso a las noticias y las redes sociales, el porcentaje de usuarios que lo usa para homebanking o para hacer compras es comparativamente más reducido.

Tampoco la integración de la tecnología digital en las em­­presas es demasiado halagüeña: Portugal cae cuatro posiciones frente a 2015, hasta alcanzar la 16.ª posición en 2020. Ciertamente, el país muestra un desempeño positivo en el volumen de negocios de las pymes con origen en el co­­mercio electrónico, pero registra uno de los peores resultados con respecto a la utilización de las redes sociales, donde solo el 16% de las empresas tiene presencia, contra el 25% en la UE. A su vez, ha registrado un descenso en el porcentaje de pymes que venden sus productos en línea, del 18% en 2019 hasta el 16% en 2020, lo que la sitúa por debajo de la media de la UE (18%). De hecho, las pymes son menos activas en la digitalización que las grandes empresas: están, normalmente, concentradas en sectores más tradicionales, donde la capacidad de innovar es menor y, además, los bajos niveles de alfabetización digital de los propietarios, gestores y empleados, y la dificultad de obtener financiación para proyectos más arriesgados, acentúan los obstáculos.1

  • 1. Comisión Europea (2019). «The digitalisation of small and medium-sized enterprises in Portugal: Models for financing digital projects».
... y hacia dónde van

En los últimos años, el país ha avanzado con varias iniciativas en el área digital. A modo de ejemplo, en el área de la conectividad, destaca la apuesta por la fibra óptica, con la proliferación en zonas más remotas. En lo relativo al capital humano, a través, por ejemplo, del programa INCoDe.2030, se apuesta por la inclusión digital de los más vulnerables, por la educación y la cualificación, por la especialización y por la investigación. Respecto a las iniciativas para promover la digitalización en las empresas, destaca la estrategia Indústria 4.0, que incluye la mejora de las cualificaciones de los empleados y la transición digital en más de 20.000 empresas. Portugal avanzó también, por ejemplo, con el programa ComércioDigital.t, para promover la presencia de las pymes en el comercio electrónico y servicios digitales. En el campo de los servicios públicos digitales, tenemos medidas como el SIMPLEX, la crea­­ción de la web ePortugal (que agrupa servicios para ciudadanos y empresas) o la PEM Móvel (que permite el envío de recetas médicas a través del smartphone). Sin embargo, Portugal está atrasada en la disponibilización de la red 5G, que será la base de una enorme transición digital. De hecho, el país ya no cumplió un objetivo europeo (de tener por lo menos una ciudad con oferta comercial de 5G en 2020) y es uno de los tres países sin ninguna oferta comercial 5G.

¿Y cuál es el papel del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PRR) en la transición digital en Portugal? Portugal destinará el 15% de los fondos del PRR a la transición digital, es decir, 2.460 millones de euros. Este importe se repartirá en cinco componentes: empresas 4.0 (650 millones de euros), calidad de las finanzas públicas (406 millones de euros), justicia económica y ambiente de negocios (267 millones de euros), Administración pública más eficiente (578 millones de euros) y escuela digital (559 millones de euros). Las inversiones se dividen entre la promoción de la transición digital en las empresas, la mejora de las competencias digitales de la población, conseguir que la Administración pública sea más digital y sencilla me­­diante la reducción de burocracia, el fomento de la compartición de información entre varios organismos y la creación de condiciones para el teletrabajo en la función pública y de mecanismos para la monitorización de las cuentas públicas.

Vimos en el análisis del DESI que uno de los mayores talones de Aquiles para Portugal era la educación digital. En cambio, el importe del PRR designado a esta rúbrica se situará alrededor del 5% del total, y gran parte de estas inversiones tiene como destino la Administración pública. A pesar de los beneficios innegables de que la Administración pública sea más eficiente, digital y menos burocrática, también sería importante una apuesta más musculada en las competencias digitales de la población; de hecho, de nada sirve poner a disposición de los ciudadanos y empresas servicios digitales relevantes si estos no tienen la capacidad de utilizarlos debidamente. En esta carrera digital a la que se enfrenta el país, es importante no dejar a nadie atrás. En definitiva, el PRR representará un paso adelante en materia de digitalización, pero con algo más de intencionalidad (es decir, atacando con mayor rotundidad aquellos ámbitos que el DESI detecta como más débiles) podría significar un salto mucho más ambicioso.

Vânia Duarte
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