Motivos para la esperanza

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José Ramón Díez
Director de Economías y Mercados Internacionales
10 de mayo de 2021
Graffiti de mariposa. Photo by Kristel Hayes on Unsplash

La publicación de los datos de crecimiento del 1T ha seguido reflejando las asimetrías en la recuperación de la actividad mundial. La economía americana, tras crecer un 1,6% de enero a marzo, sigue marcando distancias con una Europa nuevamente sumida en una recesión al volver a encadenar dos trimestres de crecimiento negativo. Sin embargo, las señales más recientes reflejan un cambio de tendencia en nuestra región, pues en las últimas semanas se ha producido una aceleración del ritmo de vacunaciones, un descenso de las restricciones con el consiguiente aumento de la movilidad, un aumento de la confianza de los agentes y una aceleración en la tramitación de los Planes de Recuperación que llevarán aparejados el desembolso de los fondos europeos. Y esas señales permiten anticipar que lo peor lo podríamos estar dejando atrás.

Es cierto que todavía tenemos más preguntas que respuestas sobre esta crisis. Y que en un mundo globalizado no existen compartimentos estancos, ni islas de supuesta seguridad y, por tanto, solo podremos dar carpetazo a la COVID cuando la inmunidad de grupo llegue a todas las regiones. Pero en las últimas semanas se detecta un mayor optimismo, cuando se ven más cercanos los objetivos de vacunación que se había marcado Europa para el verano de este año, lo que nos debería permitir pasar del modo contención al grupo de países en zona de expansión. Solo la activación de consumo embalsado en Europa en los últimos 12 meses gracias a esa mejora de las expectativas podría contribuir con algo más de 1 p. p. al crecimiento en 2021 en un escenario conservador (2,5 p. p. en el escenario optimista), teniendo en cuenta que el ahorro forzoso el pasado año en la región ascendió a algo más del 4% del PIB.

A esa mejora de las señales no es ajena España, pues un 25% de la población ya está cubierta con al menos una dosis, mientras que el ritmo de vacunación en la última semana de abril (4.400 dosis por 100.000 habitantes) superó en un 25% al necesario para tener inmunizado al 70% de la población a finales de septiembre. También la confianza de los agentes medida por el PMI compuesto se ha conseguido situar por encima de 50 (línea que separa la expansión del estancamiento), en tanto que el indicador CaixaBank de consumo mejoró en el mes de abril, con una caída interanual del 5% (+0% tarjetas españolas) frente al −8% en el promedio del 1T 2021.

En este ambiente de mayor confianza, la pregunta es si el péndulo no estará oscilando con demasiada rapidez y precipitación, al anticiparse un riesgo de recalentamiento en la economía americana que se pueda extender al resto de los países industrializados. El efecto de la acumulación de planes fiscales expansivos en el último año hasta un total de 6 billones de dólares (25% del PIB), con una lluvia de cheques para las familias que solo en el mes de marzo se tradujo en un aumento de la tasa de ahorro de hasta el 27% de la renta disponible, se une a los elevados ritmos de vacunación (un 44% de la población con al menos una dosis) y a los incipientes cuellos de botella en la producción que anticipan algunas encuestas empresariales, configurando una realidad difícilmente extrapolable al resto de los países. Pese a todo lo anterior, ni los mercados ni, en particular, la Reserva Federal parecen especialmente preocupados por la velocidad de una reactivación que permitirá alcanzar los niveles de PIB del 4T 2019 en el verano de este año. Al menos hasta que no se recupere la totalidad del empleo perdido el año pasado. Está descontado que la inflación seguirá repuntando en los próximos meses hasta incluso acercarse al 4,0%, pero también que a finales de año retornará al 2,5%, una vez que se haya disipado el efecto base. Este escenario puede permitir mantener la hoja de ruta a la Reserva Federal, sobre todo teniendo en cuenta que la nueva estrategia de política monetaria incorpora mucha más flexibilidad. De esta forma, frente a los temores de principio de año, la rentabilidad del bono americano parece que se está estabilizando en la zona del 1,6% a pesar de la revisión al alza de las expectativas de inflación. Si a la calma relativa de los mercados de bonos le unimos la mayor revalorización de los mercados de valores (10%) en los 100 primeros días de una presidencia desde la década de los sesenta, parece que los inversores están menos preocupados que una parte de la academia por el agresivo giro de política económica que está marcando Joe Biden. El nuevo presidente está siguiendo la vieja regla de que las reformas se deben concentrar en los tres primeros meses de mandato, en especial cuando cuentas con una exigua mayoría en las Cámaras. En definitiva, hay motivos para la esperanza, pero es demasiado pronto para replantearse una retirada de los estímulos a corto plazo o para anticipar unas tensiones inflacionistas que supongan un riesgo para la estabilidad financiera, incluso en EE. UU. Ya cruzaremos ese puente siempre y cuando lleguemos a ese río.

José Ramón Díez
Director de Economías y Mercados Internacionales
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