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La productividad europea en perspectiva regional

El nuevo Dossier de CaixaBank Research, dedicado a "Las claves de la productividad europea", tiene como objetivo recorrer las dinámicas recientes de la productividad de la UE, poniendo el foco en su dispersión territorial y en los factores diferenciadores entre las regiones de mejor y peor desempeño. En este primer artículo, damos unas pinceladas de contexto presentando las principales tendencias.

El informe Draghi está inundado ya en su preámbulo de referencias a la persistente brecha de productividad con EE. UU., al bajo crecimiento de esta en la UE y a la necesidad de impulsarla en un contexto de acelerado envejecimiento de la población.1 Así, un aumento sostenido y más elevado de la productividad se convierte en una prioridad de primer nivel para la economía europea, ya que permitiría, al mismo tiempo, mejorar la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, contribuir a mitigar los efectos de la transición demográfica, incluida la sostenibilidad de las cuentas públicas,2 así como contribuir a mantener un mínimo de relevancia económica en el nuevo escenario geopolítico global. En este Dossier hacemos un recorrido por las dinámicas recientes en la productividad de la UE, con el foco en su dispersión territorial y los factores diferenciadores entre las regiones de mejor y peor desempeño. Comenzamos con unas pinceladas de contexto presentando las principales tendencias.

UE: productividad

Un mal diagnóstico general, se mire como se mire…

El debate sobre qué es la productividad y cómo medirla llenaría probablemente un Dossier propio, por lo que cabe acotar de inicio qué métricas vamos a utilizar de referencia aquí y en los siguientes artículos. Nos decantamos por el PIB por hora trabajada al considerar que es una medida relativamente homogénea de la capacidad de producción (generación de valor añadido) por unidad de tiempo de trabajo. Es también menos sensible al ciclo que la productividad por empleado –como se vio durante la COVID-19– y fácilmente observable frente a las complicaciones de estimación de la productividad total de los factores (PTF).3 Además, el PIB por hora trabajada es la métrica que, según señala el informe Draghi, explicaría en mayor proporción las diferencias de renta per cápita entre la economía europea y EE. UU. Respecto a su medición, utilizamos la estadística en términos reales para analizar su evolución a lo largo del tiempo y abstraernos del impacto de los precios, y cuando realizamos una foto fija comparativa entre Estados miembros o regiones de la UE, ajustamos los valores nominales por las diferencias en la paridad de poder de compra en cada territorio. Buscamos de esta forma tener la mejor aproximación a una idea tangible –ya sean bienes físicos o servicios prestados–, y no tanto monetaria, de productividad.

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    Los cambios en la productividad total de los factores miden la variación en la producción de una economía que no viene explicada por aumentos en los factores productivos (capital y trabajo). Por ejemplo, a través de un uso más eficiente de los mismos.

UE: PIB real por hora trabajada

El debate sobre las métricas queda rápidamente en segundo plano cuando comprobamos que el conjunto de estas nos conduce a un diagnóstico similar y, lo que es más relevante, nada favorable para la productividad agregada de la economía europea. Así, el crecimiento real del PIB por hora trabajada en la UE muestra una notable ralentización en los últimos 30 años, pasando de un promedio anual del 1,7% en el periodo 1996-2007 a un 0,8% en 2008-2023 y situándose por debajo del 0,5% desde la COVID-19 (véase el primer gráfico). El avance de la productividad desde la Gran Recesión es también menos de la mitad que el observado la década precedente si miramos las cifras en términos de PIB por empleado o de la PTF. La comparación con otras economías desarrolladas tampoco deja en buen lugar a la productividad europea (véase el segundo gráfico). Según estimaciones de la OCDE, el PIB por hora trabajada en la UE sería equivalente hoy al 85% del valor para este grupo de economías, frente a un 95% en 1995, mientras que habría seguido una tendencia similar frente al país considerado como frontera tecnológica, EE. UU., pasando de un 65% a un 55% en el mismo periodo.4

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    Calculado sobre valores en USD constantes de 2020 ajustados por paridad de poder adquisitivo.

Una elevada dispersión territorial que se cierra lentamente

Los datos para el conjunto de la UE, o dentro de los propios Estados miembros, esconden realidades muy heterogéneas entre territorios.5 Como punto de partida a los análisis más profundos que se presentan en otros artículos de este Dossier, introducimos aquí una panorámica general sobre las diferencias regionales en los niveles de productividad y las dinámicas recientes. Tomamos para ello de referencia la división territorial más detallada definida por Eurostat, la denominada NUTS3, que abarca unas 1.165 unidades en los 27 países de la UE y que para el caso de España se corresponde con las provincias y ciudades autónomas.

Con datos de 2023, la distribución geográfica muestra una concentración de los territorios con mayor productividad en la zona central y norte, mientras que los valores más reducidos se registran en países del este y sur de la UE (véase el mapa). En concreto, entre las divisiones NUTS3 cuyo PIB por hora trabajada es al menos un 25% superior al promedio de la UE, destacan un número significativo de regiones de Irlanda, Dinamarca, Alemania, Bélgica, Francia y Austria. Por el contrario, entre las que presentan una productividad al menos un 25% inferior a la media, se sitúa una mayoría de territorios de Bulgaria, Grecia, Polonia, Portugal, Croacia, Hungría y las repúblicas bálticas.

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    Aspachs, O. y Solé, E. (2024), «Evolución de la productividad en Europa: una mirada regional», Cercle d’Economia.

UE: PIB por hora trabajada en regiones

Frente a esta foto fija de las diferencias en niveles, que constata la persistencia de una enorme heterogeneidad territorial dentro de la UE, resulta de interés evaluar en qué grado ha habido convergencia entre las regiones de menor y mayor productividad. Basándonos en los dos periodos antes identificados en torno a la Gran Recesión, comparamos el nivel del PIB por hora trabajada en el año de inicio con la variación media anual (véase el tercer gráfico). De este ejercicio podemos extraer tres conclusiones. La primera, ya apuntada antes en términos agregados y claramente visible en el gráfico por el desplazamiento hacia abajo de la nube de puntos, es que el crecimiento de la productividad es en promedio más reducido desde 2008, incluido un mayor número de regiones con caídas en el PIB por hora trabajada. La segunda, reflejada en un mayor número de puntos alejados de la línea discontinua que marca el comportamiento promedio, es que el grado de dispersión en la variación de la productividad parece haber aumentado de forma notable para un mismo nivel de partida; esto apuntaría a una mayor relevancia de factores más idiosincráticos en la evolución para las distintas regiones. Y la tercera, ilustrada por el cambio en la pendiente de las líneas discontinuas, es que el ritmo de convergencia ha disminuido también de manera significativa en el segundo periodo; esto es, las regiones de menor productividad siguen creciendo más que el resto, pero en menor medida.

Una mayor convergencia es necesaria para cerrar la brecha con EE. UU.

En numerosas ocasiones se buscan paralelismos entre la UE y la estructura federal al otro lado del Atlántico. La productividad no es una excepción, y entender mejor sus diferencias territoriales puede darnos pistas de qué palancas activar en la economía europea para cerrar la brecha persistente con la estadounidense. Al comparar la dispersión entre países y regiones de la UE con la de los estados de EE. UU., encontramos que el mapa territorial de la productividad es mucho más homogéneo en estos últimos (véase el cuarto gráfico). Este diagnóstico es robusto al uso de diferentes unidades territoriales en la UE y se mantendría incluso si utilizáramos cifras no ajustadas por diferencias en los niveles de precios entre estados de EE. UU.

UE: convergencia en productividad entre regiones

El resultado de esta mayor dispersión entre regiones europeas, junto a una productividad media más reducida que en EE. UU., sugiere que un buen número de territorios debe encontrarse lejos de la frontera tecnológica. Esta conclusión se confirma cuando comparamos los niveles de PIB por hora trabajada en estados de EE. UU. con los de las unidades territoriales más similares en la UE, las denominadas NUTS1 (grandes regiones socio-económicas entre 3 y 7 millones de habitantes o países enteros en su defecto). Así, mientras que entre los 25 territorios con mayor productividad –de un total combinado de 143– encontramos un reparto relativamente equitativo entre ambas áreas económicas (algo que se replica en la parte media de la distribución), los 25 registros más bajos se corresponden con regiones europeas, principalmente en el este y el sur de la UE.

Dispersión territorial de la productividad en la UE y EE. UU.

En esencia, dedicamos los siguientes artículos de este Dossier a entender cómo podemos acelerar la convergencia entre territorios de la UE (aprendiendo de las regiones que muestran un mejor funcionamiento), lo cual nos permitiría reducir la brecha con EE. UU.

PIB por hora trabajada en territorios de la UE y EE. UU.