Irlanda, el país que trastoca las estadísticas europeas

Cuando Eurostat publica el crecimiento del PIB para la eurozona, Alemania, Francia, Italia o España son los grandes determinantes del resultado final. Sin embargo, en los últimos años, Irlanda ha sido la responsable de las mayores revisiones y distorsiones de las cifras de la eurozona, tanto al alza como a la baja. ¿Cómo puede ser que un país de apenas 5 millones de habitantes tenga la capacidad para alterar las estadísticas de una región con más de 350 millones de personas?

7 de septiembre de 2026

La respuesta no está en el tamaño del país, sino en la forma en que registran dentro de sus fronteras una parte bastante importante de la actividad económica global. Irlanda se ha convertido en una plataforma global de operaciones para alguna de las mayores multinacionales del mundo, sobre todo farmacéuticas, tecnológicas, propiedad intelectual o leasing de aeronaves. Es decir, un número reducido de empresas, que realizan operaciones de gran volumen, provocan que los datos de contabilidad nacional no se comporten como los de una economía «al uso».

El marco fiscal y legal de Irlanda ha sido un imán para las multinacionales

Irlanda ya ocupaba antes de 2015 una posición atractiva como plataforma europea para las multinacionales, gracias a una combinación de impuesto de sociedades reducido, un entorno legal favorable y un régimen especialmente atractivo para la localización de activos intangibles (patentes, software, marcas o derechos de explotación). Sin embargo, 2015 marcó un punto de inflexión.

Por un lado, el endurecimiento del marco internacional contra determinadas estrategias de «ingeniería fiscal» llevó a muchas multinacionales a reorganizar la localización de sus activos intangibles y de parte de sus operaciones corporativas. Por otro lado, el régimen fiscal irlandés permitía amortizar fiscalmente los activos intangibles en condiciones especialmente favorables. El resultado fue que Irlanda salió reforzada como destino para los activos intangibles y algunas funciones de muchas empresas, sobre todo tecnológicas y farmacéuticas, ya que ofrecía un entorno institucional estable, seguridad jurídica y pleno acceso al mercado único europeo. Y ahí está la clave de la singularidad irlandesa: en una economía pequeña, la relocalización de activos de gran valor puede modificar de forma importante sus estadísticas de inversión, exportaciones, valor añadido y PIB.

El PIB de Irlanda puede dar una imagen distorsionada de la evolución de su economía

El efecto inicial de este traslado de activos intangibles puede chocarnos. Cuando una multinacional decide trasladar a Irlanda la propiedad de una patente, un software o una marca comercial, equivale a adquirir un activo por parte de Irlanda, que registra esta operación como una inversión. Sin embargo, este activo (una patente, por ejemplo), al estar localizado en el extranjero, debe computarse, al mismo tiempo, como una importación de servicios (I+D o propiedad intelectual).1 Por tanto, en el trimestre en el que se lleva a cabo la operación, el impacto sobre el PIB es prácticamente neutral. Sin embargo, una vez que estos intangibles ya están incorporados al stock de capital de la economía, comienzan a generar flujos de exportaciones de servicios, por ejemplo, en forma de licencias, contribuyendo de manera persistente al crecimiento del PIB en los años posteriores.2

  • 1

    PIB por el lado de la demanda = consumo privado + gasto público + inversión + exportaciones – importaciones.

  • 2

    Véase BCE. «Intangible Assets of Multinational Enterprises in Ireland and their Impact on Euro Area Activity», Occasional Paper Series, n.º 350.

Estas prácticas explican las importantes variaciones que sufren la formación bruta de capital fijo (FBCF), las exportaciones y el valor añadido de Irlanda. También explican el notable peso de los activos intangibles dentro de la inversión irlandesa: en los últimos años, representa más del 50% de toda la FBCF en Irlanda, más del doble que en las principales economías de la eurozona. La sobreexposición de Irlanda a estos activos se confirma al comprobar que, en promedio desde 2015, el peso de Irlanda en el PIB de la eurozona es inferior al 4,0%, pero concentra más del 10% de la inversión de la región en activos intangibles. El resto de las grandes economías tienen una aportación a la inversión en activos intangibles de la eurozona mucho más en consonancia con el peso de sus economías.

En consecuencia, puede darse el caso de que el PIB crezca con fuerza en Irlanda por decisiones adoptadas por unas pocas multinacionales cuyo negocio efectivo se desarrolla fuera de sus fronteras, en un contexto de apatía del consumo de las familias, el gasto público o la inversión vinculada a la economía interna. Y, al contrario: el PIB de Irlanda puede caer intensamente, aunque su crecimiento interno se mantenga sólido.

Por este motivo, la oficina de estadística irlandesa está elaborando indicadores que intentan separar la actividad interna de aquellas partidas más volátiles asociadas a las multinacionales. Entre ellas destaca la demanda interna final modificada (MFDD, por sus siglas en inglés), que aproxima mejor la actividad interna del país, al incluir el consumo de los hogares y las Administraciones públicas y la inversión en actividades vinculadas a la economía nacional. Esta medida excluye compras de propiedad intelectual, aeronaves destinadas al leasing y otros componentes más vinculados a las decisiones de las multinacionales y que sí computan en el PIB.3 Los datos confirman esta estabilidad de la MFDD frente al PIB. Por ejemplo, en el 3T 2024, el PIB creció un 7,6% intertrimestral, pero la MFDD arrojó un aumento de un 1,1%. Por el contrario, en el 1T 2026, el PIB retrocedió un 7,6% intertrimestral, pero la MFDD registró un modesto incremento del 0,3%. Además, la MFDD ha crecido más de un 25% desde el 4T 2019, frente a un avance de algo más de un 6,0% registrado por la eurozona, sin Irlanda.

Irlanda es una prueba de que el tamaño no siempre es lo que importa

El peso de las multinacionales y de los activos intangibles ha convertido a Irlanda en un actor muy relevante para las estadísticas agregadas de la eurozona. Tanto es así que, en algunos trimestres, debemos preguntarnos qué parte de la evolución de la economía de la eurozona responde al comportamiento cíclico de las grandes economías y qué parte refleja el impacto de operaciones concentradas en Irlanda. Esta distinción es lo suficientemente importante como para que el propio BCE, en su cuadro de previsiones, incluya un cálculo del PIB de la eurozona basado en el PIB de Irlanda y otro en la MFDD.

Irlanda no distorsiona las estadísticas porque tenga un peso muy elevado dentro de la economía de la eurozona, las distorsiona porque es el país donde se registra una parte relevante de la economía intangible global. El PIB sigue siendo una variable imprescindible para analizar una economía, pero el caso de Irlanda recuerda que a veces hay que «rascar» más allá del titular para comprender la evolución de esta economía, así como para tomar el pulso de la eurozona de una forma más fiable.