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El verano de 2025, de relativa calma en los mercados financieros a pesar de las inestabilidades del entorno macroeconómico, ha traído consigo un cambio de marcha entre la Fed y el BCE. Mientras Francia emerge como nuevo foco de inestabilidad, en EE. UU. los tipos soberanos se ajustan a las expectativas de política monetaria, pero no parecen temer al riesgo institucional. Las bolsas avanzan un mes más, y entre las materias primas, el crudo se mantiene estable y el oro alcanza un nuevo máximo.
La economía internacional vuelve del verano con señales de resiliencia, menos incertidumbre, pero más aranceles. Se observan indicios de mejora en la actividad europea en el 3T, señales de un mercado laboral no tan robusto en Estados Unidos, y una inflación divergente entre ambos lados del Atlántico.
La eurozona alcanzó el objetivo de inflación del BCE en 2025. La inflación general bajó al 2,1% en el conjunto del año y cerró en el 1,9% en diciembre, mientras que las expectativas de la mayoría de los agentes también la sitúan en el 2% a medio plazo. ¿Cómo ha sido esta desinflación final hacia el 2%? ¿Qué productos y países han contribuido más? ¿Qué inercias quedan?
En este cuarto y último artículo del Dossier "Solidaridad en España: radiografía de una sociedad comprometida", analizamos, en colaboración con la Universidad Pompeu Fabra, el cambio en el volumen agregado y en el número de donativos que se realizaron tras la DANA a través de la operativa bancaria de CaixaBank para entender cómo fue la respuesta solidaria a las inundaciones.
La economía española mantiene un crecimiento notable, aunque el recrudecimiento del conflicto entre EE. UU. e Irán vuelve a tensionar el escenario.
La guerra en Oriente Próximo generó una marcada aversión al riesgo, que se tradujo en caídas en los mercados bursátiles, repuntes de la volatilidad, desplazamientos hacia activos refugio y un fuerte tensionamiento en los precios de la energía y otras materias primas. Esto provocó, a su vez, un repunte de las expectativas de inflación a corto plazo, lo que derivó en un ajuste significativo de las expectativas de política monetaria y un aumento de los tipos de interés soberanos. En un contexto de elevada incertidumbre sobre la duración e intensidad del conflicto, los mercados reaccionaron de forma muy sensible a un flujo constante de noticias como declaraciones políticas, episodios de escalada militar y vaivenes en la retórica de los líderes internacionales.
La inestabilidad geopolítica complica el escenario macroeconómico, mientras los indicadores de actividad apuntan a un crecimiento dinámico en el 1T. Donde mejor se aprecia el impacto del conflicto en Oriente Próximo y las medidas del Gobierno es en el repunte de la inflación. La reducción del déficit público de los últimos años ayuda a afrontar el nuevo shock y el endeudamiento, en cotas relativamente bajas, es otro factor diferencial respecto a crisis anteriores. La robustez del empleo se mantuvo en marzo.
En marzo, los bombardeos entre Irán y EE. UU. e Israel causaron un estrés notable en las materias primas energéticas; el petróleo Brent fluctuó alrededor de los 100 dólares por barril a lo largo del mes y el gas TTF entre los 50 y 60 euros por MWh. Esto apunta a un repunte de la inflación y ha hecho que los mercados cotizaran subidas de tipos en las próximas reuniones del BCE.
A cierre de este informe, sigue la presión militar y económica alrededor del estrecho de Ormuz, vía clave para el suministro global de petróleo, gas y productos derivados. El FMI, en su informe de previsiones de abril, señala que, a pesar de la fortaleza con la que se inició 2026 a nivel global, existe el riesgo de que se desencadene un fuerte shock energético si las hostilidades persisten.
El auge de la IA ha desembocado en esperanzas de una nueva revolución industrial y, a la vez, temores de otra burbuja. Una ambivalencia que se traslada a las valoraciones bursátiles: descansan en expectativas de crecimiento de ingresos notables, pero, a la vez, hay dudas sobre su sostenibilidad, ya sea por si las expectativas defraudan o por los fuertes planes de gasto e inversión que preparan las empresas del sector.
Ante el mayor shock petrolero de las últimas décadas, la economía global se prepara para las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz, por el que circula alrededor del 20% del petróleo y del GNL producidos y consumidos a nivel global. Los datos de marzo apuntan a un deterioro más fuerte en los servicios, la economía estadounidense ya no va como un cohete, y la inflación nota el primer impacto del encarecimiento energético. En Asia, las economías empezaron el año con la misma luna: fortaleza japonesa, solidez china y precios al alza
La temporada alta del sector turístico en España ha sorprendido favorablemente en 2025, y confirma nuestra visión de que el crecimiento del sector turístico se está normalizando en niveles sólidos: la previsión de CaixaBank Research es que PIB turístico crecerá un 2,7% en 2025 y un 2,5% en 2026.
La resistencia exhibida por la actividad económica internacional, la reducción de la incertidumbre y la mejora de las proyecciones de crecimiento dibujan una mejora del escenario más inmediato. Pero esto no significa que la economía mundial haya salido de la encrucijada.
El mapa de riesgos es exigente y, además de la prevalencia de disrupciones geopolíticas, los mercados financieros han mostrado sensibilidad a las promesas, las dudas y las transformaciones de la inteligencia artificial (IA) y a la sostenibilidad de la deuda pública.
Septiembre ha sido un mes de transición en los mercados financieros, caracterizado por un aumento de la volatilidad y por movimientos relevantes en los activos de riesgo. Las decisiones de política monetaria, especialmente la reunión de la Reserva Federal de EE. UU., han marcado el tono del mes, junto con la adaptación a un nuevo contexto comercial con mayores aranceles.
La economía mundial hace gala de una notable resiliencia, a pesar de toda la incertidumbre asociada a la política arancelaria de Trump. Sin embargo, persisten los riesgos para la economía global siendo las relaciones comerciales uno de sus principales retos.
La economía española sigue mostrando un notable dinamismo, con un comportamiento mejor del que se preveía, impulsada por la demanda interna (tanto consumo privado como inversión), gracias, entre otros factores, a una sólida situación financiera de familias y empresas, unas condiciones de financiación favorables, la normalización de la inflación y la fortaleza del mercado laboral.