Después del extraordinario crecimiento de los flujos turísticos de los últimos años, en 2018 el crecimiento del número de turistas internacionales se moderó en todas las regiones del mundo, a excepción de Oriente Próximo, donde aumentó con vigor.
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España ha experimentado en los últimos años un aumento sostenido del emprendimiento empresarial, alcanzando su nivel más alto desde 2012. Sin embargo, la creación de empresas sigue situándose por debajo de la media europea y persisten importantes desafíos estructurales: una elevada mortalidad temprana de las nuevas empresas, una fuerte concentración geográfica del emprendimiento y una escasa orientación hacia sectores de alto valor añadido. Pese a estas debilidades, emergen señales alentadoras en los sectores vinculados a la digitalización y la economía 4.0. El gran reto consiste en aprovechar este foco de dinamismo para lograr que más proyectos sobrevivan, se consoliden y se orienten hacia sectores de mayor productividad, de modo que todo ello se traduzca en un crecimiento económico más sólido, equilibrado y duradero.
La sequía de este invierno ha realzado uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta el sector agroalimentario español: mejorar el uso de los recursos hídricos ante una perspectiva de mayor escasez de agua.
Según el nuevo Indicador Sectorial de CaixaBank Research, las ramas más intensivas en energía de la industria manufacturera y el sector agroalimentario son los que más sufrieron en 2023. En el lado opuesto, encontramos la hostelería y la automoción, que mantuvieron una buena evolución.
El turismo de lujo se ha consolidado como un segmento estratégico para el sector turístico español, tanto por su elevada contribución al gasto como por su potencial para incrementar el valor añadido del sector. Según los datos de pagos analizados por CaixaBank Research, aunque este segmento solo representa el 3% de las tarjetas internacionales, concentra el 20% del gasto presencial de los turistas extranjeros. El análisis evidencia también el auge del turismo de lujo urbano, impulsado en gran medida por el dinamismo de Madrid como destino de alta gama, pese a mantener todavía una marcada orientación costera. El Reino Unido, Francia y Alemania son los principales emisores de turistas hacia España, tanto en el segmento de lujo como en el convencional, aunque destacan otras economías con un PIB per cápita muy elevado, una gran desigualdad o una combinación de ambas.
Tras un 2023 excepcional para el turismo en España, con niveles récord de llegadas internacionales, gasto, pernoctaciones y turismo doméstico, los datos de 2024 están superando las expectativas y marcando el mejor comienzo de año en la historia del sector. En 2024, desde CaixaBank Research prevemos que el PIB turístico crezca un 5% y que se superen los 90 millones de visitas de turistas internacionales.
Los indicadores muestran que el ritmo de crecimiento del sector turístico español se está normalizando tras los excepcionales registros de 2022-2024, impulsados por la recuperación pospandemia y el consiguiente repunte del consumo de servicios. Las tendencias observadas a finales de 2024 se prolongan en 2025: el sector mantiene su atractivo para un creciente número de turistas internacionales, mientras que el turista residente pierde presencia en los destinos locales y gana protagonismo en el extranjero. Aun así, este año el sector volverá a ser clave para la economía española. Según nuestras previsiones, el PIB turístico crecerá un 2,7%, gracias al sólido arranque de año, al aumento de la renta disponible de las familias, a la reactivación de algunas economías europeas y a la moderación de la inflación turística.
El fuerte crecimiento del sector turístico en los últimos años, junto con los nuevos hábitos de consumo tras la pandemia, ha propiciado una extraordinaria recuperación del sector de la restauración español tanto en la creación de empleo como en la facturación. Además ha logrado obtener un notable reconocimiento y prestigio a nivel internacional, al tiempo que desempeña un papel fundamental en nuestro país como promotor de cohesión social y territorial.
El sector agroalimentario sigue sufriendo la fuerte alza de los costes de producción y el impacto de la sequía. El descenso de los precios de las materias primas agrícolas y de la energía en los mercados internacionales desde los máximos alcanzados en 2022 debería ayudar a contener los costes de producción agrarios y, con ello, moderar las presiones inflacionistas sobre los alimentos. Sin embargo, la fuerte sequía que está castigando a la península ibérica desde el año pasado ha reducido la producción de muchos cultivos, como los cereales o las frutas, lo que ha repercutido tanto en los precios (al alza) como en el volumen de exportaciones (a la baja). Con todo, las exportaciones agroalimentarias en términos de valor siguieron avanzando a buen ritmo en el 1S 2023 debido al aumento de los precios, lo que refleja la elevada competitividad del sector agroalimentario español a pesar de la coyuntura adversa.
La crisis actual está desencadenando cambios en numerosos aspectos de nuestras vidas, muchos de ellos relacionados con nuestras preferencias residenciales. Por ejemplo, el teletrabajo puede llegar a transformar cómo y dónde vivimos. La pandemia también ha supuesto un impulso a la digitalización del sector inmobiliario y podría acelerar ciertas transformaciones en otros ámbitos como la rehabilitación de vivienda, lo que apoyaría la transición hacia una economía más sostenible.
La economía española ha alcanzado ya el punto de inflexión que tanto estábamos esperando. Todos los indicadores económicos del 2T 2021 muestran un notable rebote de la actividad económica al levantarse gran parte de las restricciones a la actividad y la movilidad gracias a la aceleración de la campaña de vacunación.
Los precios de los alimentos han empezado a moderar su ritmo de crecimiento, pero el alza acumulada desde 2019 es significativa y ha hecho aumentar el peso del gasto en alimentación en la cesta de consumo de los hogares españoles. El descenso de los precios de las materias primas agrícolas y de la energía en los mercados internacionales desde los máximos alcanzados en 2022 debería ayudar a contener los costes de producción agrarios y, con ello, seguir moderando las presiones inflacionistas sobre los alimentos de cara a los próximos trimestres.
A más de un mes del inicio de la guerra en Irán, la incertidumbre continúa presidiendo cualquier diagnóstico sobre sobre la duración y el alcance de esta nueva crisis y su impacto en la economía. Sin embargo, es necesario evaluar sus implicaciones, y a ello dedicamos gran parte de los análisis de este número del Informe Mensual. Partiendo de un mapa de la exposición y relevancia geoeconómica de Oriente Próximo, examinamos la situación del mercado del petróleo, la posición energética de Europa y España, para abordar después los principales canales a través de los cuales podría impactar a la economía. Por otro lado, hacemos balance de la Brújula de la Competitividad europea y de la ejecución de los fondos NGEU en España, y estimamos el impacto de las subidas y bajadas de los tipos de interés entre 2022 y 2025 en el consumo de los españoles, a partir de datos de alta frecuencia.
El inicio del proceso de normalización de la política monetaria por parte del BCE ha provocado una aceleración de los precios de la vivienda, especialmente en los mercados con un fuerte desajuste entre una oferta insuficiente y una demanda dinámica. Entre las economías en las que los precios reales han aumentado con más fuerza en el último año y medio, y cuyos mercados residenciales presentan indicadores de sobrevaloración más significativa, destacan Portugal, Bulgaria, Hungría, Países Bajos y Estonia. En contraste, los mercados de grandes economías como Alemania, Suecia, Francia y Luxemburgo siguen sobrevalorados, pero han corregido el fuerte crecimiento de precios que experimentaron en las décadas previas a la pandemia, reduciendo las señales de sobrecalentamiento.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia del sector agroalimentario como pilar esencial de la economía española. Durante los meses de confinamiento, toda la cadena alimentaria (que incluye agricultores, ganaderos, pescadores, cooperativas e industria alimentaria, mayoristas, comercio minorista, distribución o logística) tuvo que adaptarse rápidamente para garantizar el abastecimiento de alimentos a la población. En retrospectiva, es de justicia destacar la excelente respuesta de todo el sector para superar este reto.
2020 pasará a la historia como el año de la COVID, pero también se recordará que, en un contexto durísimo, la respuesta de la cadena alimentaria fue extraordinaria y garantizó el suministro de forma ininterrumpida a todos los hogares españoles. Un año y medio después, el sector primario sigue mostrando un notable dinamismo, aunque ha dejado atrás el excepcional ritmo de crecimiento que registró durante los meses más críticos de la pandemia.
El sector agroalimentario aporta un gran valor a la economía española, con una contribución del 5,8% del PIB, un 11% si se incluyen todas las actividades de la cadena alimentaria. Además, destaca por su elevado potencial exportador y por una resiliencia que históricamente le ha permitido capear los vaivenes de la economía. Así, aunque los principales mercados de destino de las exportaciones agroalimentarias españolas se han ralentizado por el incremento de las tensiones comerciales y la incertidumbre por el brexit, los indicadores de actividad disponibles muestran que por el momento el sector está resistiendo el envite razonablemente bien.
La industria farmacéutica es un sector clave y estratégico de la economía española, como ha evidenciado la pandemia. En los últimos 25 años, el sector ha ganado una enorme relevancia, convirtiéndose en un importante motor de las exportaciones españolas y de la inversión privada en I+D. A pesar de ello, su capacidad productiva aún tiene margen de mejora. Es deseable que el futuro de la industria española se una más estrechamente a la industria farmacéutica y apueste por su crecimiento, ya no solo por motivos estratégicos, sino por razones puramente económicas, al tratarse de una industria extremadamente competitiva y con gran capacidad de generar empleo de calidad que contribuiría a la modernización de la economía.