Sudáfrica

Sudáfrica es el país con mayor tasa de incidencia de COVID-19 en el continente africano, aspecto que ha alimentado aún más las dificultades económicas y financieras por las que ya atravesaba el país.

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9 de marzo de 2021
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Sudáfrica
Perspectivas

 

Previsiones

 

Prom.
10-14

2015

2016

2017

2018

2019

2020

2021

2022

Crecimiento del PIB (%)

2,6

1,2

0,4

1,4

0,8

0,2

-7,0

3,5

1,9

Inflación IPC (%)*

5,3

4,6

6,3

5,3

4,6

4,1

3,1

4,9

4,9

Saldo fiscal (% del PIB)

-4,4

-4,8

-4,1

-4,4

-4,1

-6,3

-14,0(e)

-11,1

-7,9

Deuda pública (% del PIB)

41,0

49,3

51,5

53,0

56,7

62,2

78,8(e)

82,8

85,7

Tipo de interés de referencia (%)*

5,5

5,9

7,0

6,9

6,6

6,6

4,2

3,5

3,6

Tipo de cambio (ZAR/USD)*

8,7

12,8

14,7

13,3

13,3

14,4

16,5

14,7

15,7

Saldo corriente (% del PIB)

-3,9

-4,6

-2,9

-2,5

-3,5

-3,0

-1,6(e)

-1,8

-1,8

Deuda externa (% del PIB)

34,9

42,5

44,7

49,7

49,2

52,6

53,0(e)

59,7

62,7

Notas: * Promedio anual. (e): estimación.

Fuente: CaixaBank Research, a partir de datos de organismos nacionales de estadística y FMI.

  • Sudáfrica es el país con mayor tasa de incidencia de COVID-19 en el continente africano, aspecto que ha alimentado aún más las dificultades económicas y financieras por las que ya atravesaba el país. Además de hacer frente a la pandemia, los vientos en contra a los que se enfrenta la economía a corto y medio plazo han aumentado en los últimos meses, con una tasa de desempleo por encima del 30%, un déficit presupuestario vertiginoso (debido al lento crecimiento económico y a los rescates a empresas estatales) y la elevada dependencia de los flujos de inversión extranjeros. No obstante, la dinamización gradual del comercio internacional, la esperada estabilización del rand y la extensión de las vacunaciones en la segunda mitad de 2021 aportarán cierto alivio, aunque la recuperación en 2021 distará de ser dinámica (crecimiento del 3,5%).
  • Shock real de la COVID-19. Igual que en el resto de los países, la pandemia ha supuesto un duro obstáculo para la economía sudafricana por el debilitamiento de la demanda externa e interna. A pesar de que el levantamiento de las restricciones a la movilidad favoreció un repunte notable del PIB en el 3T 2020 (+66,1% intertrimestral frente al –51,7% en el 2T), la inestabilidad de las cadenas de suministro y transporte, el colapso del sector turístico y la merma de la inversión, entre otros, provocaron en 2020 una caída del PIB del 7%. Se trata, por tanto, de la recesión más profunda desde 1920, cuando el PIB descendió un 11,9% tras la Primera Guerra Mundial. La debilidad podría extenderse durante los dos primeros trimestres de 2021; después, si se materializa la esperada mejora de la situación sanitaria, se daría paso a una recuperación económica de la mano de la aceleración de las exportaciones (con destino del 30% a China, principalmente de manufacturas y metales básicos) y a la recuperación de los flujos de inversión extranjeros.
  • Desequilibrios macrofinancieros
    • Deuda pública. Con la crisis sanitaria se ha agravado la espiral de deterioro del crecimiento económico y del saldo fiscal que Sudáfrica venía arrastrando durante el último lustro. A esta circunstancia se ha sumado el aumento de la prima de riesgo a muy largo plazo exigida por los inversores para comprar deuda soberana sudafricana. Dadas las magras perspectivas de crecimiento a medio plazo y la ausencia de una estrategia de consolidación fiscal agresiva y creíble (véase el punto posterior), se anticipa un elevado nivel de deuda pública durante los próximos años.
    • Problemas financieros de las empresas públicas. Las dificultades técnicas y financieras de la principal empresa de servicios públicos (Eskom) han agotado los fondos estatales y suponen una amenaza a las cuentas fiscales, que limitan la posibilidad de incrementar los estímulos presupuestarios y, por lo tanto, apoyar el crecimiento económico.
    • Flujos de inversión. La rebaja de la calificación crediticia de Moody’s a “grado especulativo”, al comienzo de la pandemia, aceleró la salida de flujos de inversión de Sudáfrica y la depreciación del rand frente al dólar a mínimos históricos. La recuperación parcial de los ingresos comerciales, el préstamo de emergencia otorgado por el FMI (4.300 millones de dólares), la mejora de las perspectivas de crecimiento mundial y la atractiva rentabilidad de los activos emergentes han favorecido el retorno de parte del capital inversor, aunque en menor medida de lo deseable para dar sostenibilidad a las cuentas públicas. En este contexto, el Tesoro ha anunciado el propósito de volver a los mercados internacionales con la emisión de eurobonos (por valor de 3.000 millones de dólares) en el año fiscal 2021-2022.
  • Respuesta de la política económica
    • Política monetaria. Durante los siete primeros meses de 2020, el Banco de la Reserva de Sudáfrica (SARB) recortó los tipos de interés 300 p. b. hasta el 3,50%, nivel mínimo histórico, para posteriormente mantenerlo sin cambios. Dado que la inflación esperada se mantendrá dentro del rango objetivo (3%-6%), a pesar de la mejora prevista de la actividad y del encarecimiento de la energía y los suministros, estimamos que la entidad mantendrá sin cambios apreciables la estrategia de política monetaria, al menos, en 2021.
    • Política fiscal. La delicada situación de las cuentas públicas sudafricanas, altamente endeudadas, ha limitado la capacidad de respuesta del Gobierno a la pandemia a los recursos destinados a emergencias. La estrategia fiscal de Sudáfrica a medio plazo no ha cambiado desde octubre de 2020, y se basa en la reducción de la deuda pública a través de la reducción del gasto, principalmente por la congelación de los salarios públicos, y la mejora del crecimiento económico. Dados los precedentes recientes, existen dudas sobre la capacidad efectiva de llevar a cabo dicha reducción del gasto en un contexto macroeconómico poco propicio.
  • Evolución del tipo de cambio. El tipo de cambio del rand se mantendrá volátil ante el sentimiento de los inversores hacia los países emergentes. No obstante, el retorno de los flujos de capital extranjeros, la política monetaria acomodaticia en EE. UU. y la recuperación económica favorecida por las vacunaciones deberían reducir los episodios de depreciación de la divisa como los sufridos en 2020.
Principales riesgos

El balance de riesgos está inclinado a la baja. En concreto, estos se plantean en varios aspectos:

  • Riesgo macroeconómico y social. De confirmarse, la ineficiencia de las vacunas a la variante sudafricana de la pandemia supondría un empeoramiento de la situación sanitaria y de la balanza por cuenta corriente, además del aumento del desempleo y la pobreza, que pondrían en riesgo la estabilidad social.
  • Riesgo de la deuda pública. Sudáfrica dependerá de las entradas de flujos de capital extranjero, que actualmente muestran una pauta muy volátil, para financiar gran parte de las necesidades externas no cubiertas por la nueva deuda.
  • Riesgo del sector financiero. La banca doméstica, los fondos de pensiones y las aseguradoras poseen el 52% de la deuda emitida por el Gobierno. Ante una situación de sobreendeudamiento público, la elevada exposición del sector financiero privado a la deuda soberana podría desembocar en una reducción del flujo de crédito y frenar el crecimiento económico.

 

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