En 2024, la economía mundial se mostró resiliente a un entorno de condiciones financieras restrictivas y las grandes economías internacionales lograron crecer en general más de lo previsto. Sin embargo, 2025 no deja de presentarse como un año exigente: al mapa de riesgos se le suma la amenaza de una mayor fragmentación económica, con un incremento de las barreras comerciales y de la incertidumbre.
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El inicio de 2025, con un mes de enero marcado por los contrastes, ejemplifica cómo los riesgos políticos y geoeconómicos pueden continuar dirigiendo el mercado.
Tras crecer un 3,2% en 2024, se espera que la economía siga creciendo en 2025 por encima del promedio de la eurozona, apoyada por el dinamismo del consumo de los hogares y la recuperación de la inversión. Los importantes desafíos geopolíticos y el débil crecimiento europeo se presentan como los principales factores de riesgo.
La temporada alta del sector turístico en España ha sorprendido favorablemente en 2025, y confirma nuestra visión de que el crecimiento del sector turístico se está normalizando en niveles sólidos: la previsión de CaixaBank Research es que PIB turístico crecerá un 2,7% en 2025 y un 2,5% en 2026.
En sus primeras seis semanas en la Casa Blanca, el presidente Trump ha logrado trastornar el orden mundial repetidas veces. En el frente de la política comercial, la incertidumbre nublará las perspectivas económicas a corto y a medio plazo, y el riesgo de escalada proteccionista es elevado.
Los indicadores que se han ido conociendo en los primeros meses del año arrojan señales positivas que apuntarían a un tono dinámico de la economía española en el 1T 2025, si bien a un ritmo algo menos vigoroso que en el trimestre anterior.
La economía española crece a buen ritmo, más de lo esperado, y ello lleva a CaixaBank Research a revisar al alza las previsiones de crecimiento para 2025, del 2,3% al 2,5%. A pesar de la buena noticia, el foco no está en la mejora de las previsiones, sino en la incertidumbre que las rodea.
El inicio de 2025 ha traído un cambio en el foco de los mercados financieros, que se afianzó en el último mes de febrero. Los inversores han desplazado su atención desde los bancos centrales, el principal driver de los mercados en 2024, hacia un entorno de elevado riesgo geopolítico, con el «efecto Trump» como catalizador clave.
La eurozona alcanzó el objetivo de inflación del BCE en 2025. La inflación general bajó al 2,1% en el conjunto del año y cerró en el 1,9% en diciembre, mientras que las expectativas de la mayoría de los agentes también la sitúan en el 2% a medio plazo. ¿Cómo ha sido esta desinflación final hacia el 2%? ¿Qué productos y países han contribuido más? ¿Qué inercias quedan?
La actividad muestra signos de desaceleración y la inflación desciende por debajo del 2% en marzo, por primera vez desde agosto de 2024.
De momento y a la espera de cómo se desarrollen los acontecimientos, parece que nuestra economía debería capear este periodo de incertidumbre de mejor modo que nuestros principales socios comerciales.
El aumento de incertidumbre y el incremento en el nivel de los aranceles introducen riesgos a la baja sobre el crecimiento global, así como al alza para la inflación en EE. UU., siendo más incierto el impacto en precios para el resto del mundo.
Los aranceles de Trump dan un aldabonazo al apetito por el riesgo inversor y las curvas soberanas se apuntan a ambos lados del Atlántico, mientras los bancos centrales intentan navegar la marejada. Las bolsas registran una elevada volatilidad y caen las materias primas más dependientes del ciclo económico.
La comunicación es una de las herramientas más potentes de la política monetaria. Por ello, CaixaBank Research ha desarrollado un índice que mide el sentimiento de las comunicaciones del BCE.
El conflicto en Oriente Próximo ha elevado la inflación europea a la región del 3% y ha sacado al BCE de su zona de confort. El pasado 11 de junio, el banco central subió tipos y tanto sus últimas comunicaciones como las cotizaciones de los mercados financieros apuntan a que lo volverá a hacer en los próximos meses. La cuestión principal no es el impacto directo del encarecimiento de la energía, sino el riesgo de que se propague al resto de los precios de la economía y desemboque en una inflación demasiado elevada y persistente. ¿Qué nos dicen los datos sobre esta propagación?
El dato de crecimiento de Portugal del primer trimestre del año sorprendió negativamente, con una caída del 0,5% intertrimestral según la estimación preliminar del INE portugués.
Los datos del PIB de EE. UU. del 1T revelan un contraste entre la fortaleza de la demanda interna y unos flujos comerciales en fase de anticipación, mientras la eurozona ha mostrado un crecimiento acelerado. Con todo, este impulso podría agotarse pronto: los aranceles y sus consecuencias comenzarán a tener un impacto negativo. Hasta ahora no hay señales claras de un frenazo en los flujos comerciales, pero con la incertidumbre en niveles máximos se espera que la economía global entre en una fase de desaceleración, con más riesgos a la baja y más preguntas que respuestas.
En estos primeros meses del año, el crecimiento del PIB de España mantiene un notable ritmo de avance, aunque persiste la brecha entre los sectores de servicios e industria. La creación de empleo gana tracción, mientras la inflación continúa su tendencia a la baja, impulsada por la disminución de los precios de la energía. El déficit comercial siguió aumentando en febrero y la actividad residencial en España ha tenido el mejor inicio de año desde 2007.
La evolución del conflicto en Oriente Próximo sigue siendo la clave en el escenario global. Tras la reapertura del estrecho de Ormuz, los datos muestran un aumento algo errático de los flujos, en consonancia con las advertencias de distintas agencias internacionales de que la normalización llevará meses. Además, la incertidumbre geopolítica sigue siendo elevada y la complejidad de las dinámicas alrededor del acuerdo entre EE. UU. e Irán resaltan su fragilidad.