El fuerte crecimiento que ha experimentado el turismo internacional en España está teniendo un impacto muy positivo sobre el crecimiento de la economía y del empleo. Sin embargo, también está generando efectos sobre la población residente que no siempre son positivos, como refleja el aumento de la congestión por la elevada afluencia de turistas en determinados puntos de la geografía española. Ello ha reavivado el debate sobre la necesidad de avanzar hacia un turismo de más calidad.
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El mercado residencial español se ha resentido de la caída de la demanda extranjera durante la pandemia, en especial en las las zonas más turísticas del arco mediterráneo y los archipiélagos. Si bien los precios de la vivienda en los municipios más turísticos han sufrido una desaceleración marcada, el ajuste fue muy moderado hasta el 1T 2021 y las perspectivas de cara a los próximos trimestres son positivas.
El sector se está orientando hacia una estrategia que diversifique la oferta turística y que aborde las debilidades del modelo tradicional de sol y playa para mantener la posición de liderazgo internacional de la que goza España en el ranking global de competitividad.
La economía española continúa sorprendiendo al alza en 2025, con un crecimiento sólido y equilibrado impulsado por la inversión y el consumo privado. Ese dinamismo también se observa con claridad en sus sectores de actividad: del total de los 22 analizados en este informe, 16 se sitúan en 2025 en plena fase expansiva, frente a los solamente dos de 2023. Entre ellos destaca por su vigor la industria, cuyo crecimiento es liderado por sus ramas extractiva, química, farmacéutica y refinería, gracias a una elevada inversión, ganancias de productividad y adaptación a la transición energética. También destacan positivamente la construcción y las actividades inmobiliarias, impulsadas por la demanda residencial. Aunque algunos sectores como la industria textil o la maderera enfrentan retos estructurales, el conjunto de la economía avanza hacia una fase de crecimiento más sostenible y diversificada. Este entorno, marcado por el buen tono del mercado laboral, la bajada de tipos de interés y el impulso de los fondos europeos, refuerza la resiliencia del tejido productivo español ante un marco internacional plagado de desafíos.
Cada vez son más las personas que viven de alquiler. En los últimos cinco años, el porcentaje de hogares que alquilan su vivienda principal ha aumentado significativamente: del 16,1% en 2013 hasta el 17,8% en 2018. La fuerte demanda de viviendas de alquiler ha hecho repuntar los precios, sobre todo en las grandes ciudades y puntos turísticos, si bien en los trimestres más recientes se ha observado una cierta tendencia a la moderación. En el futuro, se espera que la demanda de vivienda de alquiler siga siendo robusta, por lo que será necesario aumentar la oferta de forma acompasada para evitar más presiones en los precios.
El reloj inmobiliario de CaixaBank Research muestra la evolución del precio de la vivienda y las compraventas a lo largo
del ciclo.
La inversión en el mercado inmobiliario comercial registró caídas significativas en 2023 como consecuencia del aumento de los tipos de interés. Sin embargo, a medida que avance 2024, se espera una reactivación de las operaciones, gracias al descenso que se anticipa de los tipos de interés y a una evolución favorable de los fundamentales que determinan el comportamiento de los diferentes segmentos. Por un lado, un mayor dinamismo del consumo servirá de apoyo al segmento minorista y la continua penetración del e-commerce seguirá requiriendo de inversiones en el segmento logístico. Por el otro, el living se consolidará como el segmento que más inversión atrae, y el sector hotelero seguirá teniendo una evolución positiva, gracias a la buena marcha del turismo en España. Por último, las oficinas seguirán adaptándose a las nuevas exigencias de sostenibilidad y a las nuevas formas de trabajo surgidas tras la pandemia.
Poseer una segunda residencia es una práctica muy arraigada en España. Un 14,6% de las viviendas españolas lo son, e incluso llegan a superar el 30% en algunas provincias. ¿Dónde se encuentran? ¿Qué tipo de hogares las poseen? Entender su distribución en el territorio en relación con el lugar de residencia habitual del hogar es un aspecto valioso a la hora de analizar el comportamiento del mercado inmobiliario a nivel local. Una vez más, el big data permite tratar la información capturando dinámicas más complejas que las que recogen las técnicas tradicionales.
Después del extraordinario crecimiento de los flujos turísticos de los últimos años, en 2018 el crecimiento del número de turistas internacionales se moderó en todas las regiones del mundo, a excepción de Oriente Próximo, donde aumentó con vigor.
El precio de la vivienda y el número de compraventas han repuntado con fuerza desde mediados del año pasado de forma generalizada en España, si bien las diferencias geográficas son notables. En 2024, el precio de la vivienda creció de forma más vigorosa en las zonas más caras, lo que acrecienta la brecha de precios entre municipios y regiones, algo que está empezando a desplazar parte de la demanda hacia zonas más asequibles. A nivel provincial, se observa que la temperatura podría ser un factor relevante: las compraventas crecen de forma más vigorosa en la «España fresca», en el noroeste peninsular, mientras que las zonas turísticas tradicionales registran un avance más suave de la demanda. Además, el fuerte aumento del precio de la vivienda en las grandes urbes está provocando un desplazamiento de la demanda de vivienda hacia zonas periféricas más asequibles, unos municipios en los que se prevé que el precio de la vivienda crezca de forma vigorosa en 2025.
La crisis actual está desencadenando cambios en numerosos aspectos de nuestras vidas, muchos de ellos relacionados con nuestras preferencias residenciales. Por ejemplo, el teletrabajo puede llegar a transformar cómo y dónde vivimos. La pandemia también ha supuesto un impulso a la digitalización del sector inmobiliario y podría acelerar ciertas transformaciones en otros ámbitos como la rehabilitación de vivienda, lo que apoyaría la transición hacia una economía más sostenible.
En los últimos años, el turismo rural ha adquirido un protagonismo creciente en España y ha abierto nuevos caminos para la diversificación de las fuentes de ingresos de las economías rurales. En este artículo analizamos, a partir de datos internos de CaixaBank, el despunte del sector tras la pandemia de COVID-19 y sus implicaciones para la resiliencia económica de la España rural y para el sector turístico, dado su alto nivel de sostenibilidad, tanto desde el punto de vista del impacto sobre el medio ambiente como por su mayor diversificación geográfica y su menor estacionalidad comparado con otras formas de turismo más tradicionales como el costero.
CaixaBank Research ha desarrollado unos nuevos modelos de previsión del precio de la vivienda a nivel provincial usando grandes cantidades de información (big data) y aplicando técnicas de machine learning. Según estos modelos, el precio de la vivienda disminuirá en 7 de cada 10 provincias españolas en 2021 y crecerá de forma muy moderada en el resto. Comparando las previsiones actuales con las que proyectaban los modelos antes de la pandemia, observamos una notable corrección del crecimiento previsto en el precio de la vivienda a un año vista, de unos 4 p. p. en promedio. Dicha corrección ha sido más acusada en las provincias con una mayor concentración urbana y una mayor dependencia del turismo extranjero, aunque, a pesar de ello, estas zonas siguen siendo las más dinámicas.
El mercado inmobiliario español se desaceleró en 2023, pero de forma más suave de lo anticipado. A pesar del fuerte aumento de los tipos de interés, varios factores han apoyado al sector, entre ellos un mercado laboral resiliente, unos flujos de inmigración significativos, el desajuste entre una oferta de vivienda nueva escasa y una demanda elevada, y una situación financiera de los hogares menos tensionada de lo esperado. Por el lado de la oferta, la estabilización de los costes de construcción ha permitido cerrar 2023 con un número de visados de vivienda nueva similar al de años anteriores. En el primer semestre de 2024, prevemos que esta senda de suave desaceleración tendrá continuidad debido a unos tipos de interés todavía elevados y un contexto económico relativamente débil; no obstante, en el segundo semestre, a medida que se afiance la senda descendente de los tipos de interés y la actividad económica gane tracción, esperamos que el mercado inmobiliario recobre mayor vigor.
El precio de la vivienda ha crecido de forma considerable en los últimos años y empiezan a aparecer los primeros síntomas de sobrevaloración en ciudades como Madrid y Barcelona y en algunos puntos turísticos. Esta realidad convive con otra muy distinta en las zonas menos urbanas, donde la recuperación del sector inmobiliario ha llegado más tarde y está siendo mucho más lenta. En consecuencia, las divergencias regionales en cuanto al precio y la accesibilidad de la vivienda se están acentuando.
El PIB sorprendió positivamente en el 4T 2024 con un avance intertrimestral del 1,5%, que situó el crecimiento en el conjunto del año en el 1,9%, El buen comportamiento en el tramo final de 2024 introduce riesgos al alza, por el efecto arrastre, en la previsión actual de CaixaBank Research para 2025 (2,3%).
La economía española cerró 2025 con un crecimiento sólido y arranca 2026 con registros todavía dinámicos, aunque algo inferiores a los del año pasado. En conjunto, los indicadores publicados hasta la fecha son coherentes con el escenario de previsiones de CaixaBank Research, detallado en el Focus «La economía española en 2026» en este mismo Informe Mensual, y que espera un crecimiento del PIB del 2,4% este año. Ello permite afrontar las potenciales consecuencias de la guerra que ha estallado en Oriente Próximo desde una posición algo más cómoda que la de otras economías, pero todavía es pronto para valorar las consecuencias que puede tener. Estas dependerán en gran medida de la duración del conflicto y del impacto que tenga en los precios de la energía, en las rutas comerciales y, en última instancia, en las condiciones financieras globales y en la confianza de los agentes. Hoy en día, los riesgos están claramente sesgados a la baja.
El sector agroalimentario ha mantenido un desempeño muy positivo desde los meses más críticos de la pandemia. La producción del sector primario sigue en niveles elevados, la industria alimentaria se está recuperando de la contracción que experimentó en 2020 y los indicadores de demanda muestran una gradual normalización de los patrones de consumo de alimentos, dentro y fuera del hogar. Además, destaca el excelente comportamiento de las exportaciones agroalimentarias, palanca de crecimiento que seguirá siendo clave para el futuro del sector.