Resultados de la búsqueda
El proteccionismo comercial forma parte de la nueva normalidad geopolítica desde hace años, pero ha alcanzado su paroxismo en 2025 con la nueva Administración de EE. UU. En este entorno más hostil y en ausencia de un foro multilateral efectivo, la UE continúa desplegando sus esfuerzos para ampliar las relaciones económicas con diferentes regiones del mundo. La estrategia de diversificación se convierte en un instrumento valioso, no solo en la búsqueda de mercados con alto potencial de crecimiento para la exportación, sino también para avanzar en la deseada autonomía estratégica.
La recuperación económica en la eurozona se mantiene durante el 2T, si bien parece que está perdiendo empuje en junio. El índice de clima empresarial PMI para la eurozona se mantuvo en junio en valores compatibles con crecimientos positivos, pero decepcionó al caer, arrastrado por un sector industrial que ahonda en su recesión.
La nueva Comisión Europea ha cumplido sus primeros 100 días en plena convulsión de las relaciones transatlánticas. La puesta en práctica (y en escena) de la agenda de Trump está acelerando el cambio de prioridades políticas que ya se intuía para el segundo mandato de Von der Leyen. La necesidad perentoria de conformar una UE más competitiva se antoja ahora indivisible del objetivo de mantener la seguridad e integridad de sus fronteras. El próximo ciclo presupuestario 2028-2034 debería recoger la ambición de estos retos a medio plazo, pero hasta su definición quedan duras negociaciones sobre cómo financiarlos e interrogantes críticos por resolver, como el futuro de Ucrania o los compromisos de la agenda climática.
El sector empresarial europeo se ha vuelto más reacio a la inversión, acumulando ahorro o amortizando deuda a la espera de mayor certidumbre y mejoras en las condiciones competitivas del mercado único.
La mayor economía de la eurozona atraviesa momentos difíciles y afronta unas débiles perspectivas de crecimiento. Su modelo se encuentra amenazado por la desaceleración del comercio mundial, las guerras arancelarias, el cambio de modelo energético y la irrupción de nuevos rivales.
Entre finales de septiembre y finales de febrero, el dólar estadounidense se depreció un 6% en términos nominales efectivos y un 10% frente al euro, cotizando cerca del 1,07, un nivel no visto desde hace casi un año. Exploramos a qué se debe este cambio de tendencia y si tendrá continuidad.