La economía española dispone de un sector manufacturero diverso, exportador y de productividad elevada. Sin embargo, el tejido empresarial está todavía muy atomizado si se compara con la industria alemana, un referente a nivel europeo. Aumentar el tamaño empresarial e impulsar la productividad de las empresas, a través de la inversión en I+D y la adopción de las nuevas tecnologías digitales, avanzando hacia la Industria 4.0, son las claves para seguir incrementando la competitividad de un sector fundamental para la economía y para el sector exterior español. Asimismo, el sector debe evolucionar hacia un modelo industrial más sostenible: solamente las empresas que acometan la transición energética con éxito podrán competir en un nuevo entorno en el que la sostenibilidad será un requisito imprescindible para seguir operando en el mercado.
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La sequía extrema y el aumento de costes han formado una tormenta perfecta que no ha logrado mermar el elevado dinamismo de las exportaciones agroalimentarias españolas de los últimos años. El retroceso del volumen de exportaciones que ha sufrido el sector, que se ha visto compensado por el aumento de precios, es fruto de una coyuntura adversa: los distintos indicadores de competitividad se muestran resilientes y las cuotas en los mercados mundiales mantienen un comportamiento muy favorable. Aun así, el sector debe seguir invirtiendo en pos de una producción aún más digitalizada, sostenible y competitiva, una cuestión de vital importancia ante el enorme reto que supone el cambio climático para nuestro país.
Identificamos los factores macroeconómicos que afectan a la evolución del turismo internacional en España, desde la tasa de crecimiento de la renta en los países emisores hasta la inflación, pasando por el riesgo geopolítico y el tipo de cambio, y estimamos la llegada de turistas internacionales a España en 2024.
La propuesta de Ley de Aceleración Industrial (Industrial Accelerator Act), presentada por la Comisión Europea a principios de marzo, articula su respuesta al debilitamiento industrial de la UE en torno a un conjunto de objetivos cuantitativos: uno general, para elevar el peso del sector hasta el 20% del PIB en 2035 (14% en 2025), y varios específicos, orientados a impulsar la capacidad productiva y reducir las dependencias estratégicas en segmentos críticos, incluyendo requisitos mínimos de contenido europeo y umbrales máximos para terceros países en materia de inversión extranjera directa y contratación pública.
En EE. UU. se han lanzado dos grandes planes económicos de inversiones y modernización económica en los últimos años que representan un modelo muy distinto del europeo al contener un enfoque más proteccionista. Estos esfuerzos transformadores de energía y tecnología no surgieron de la necesidad de impulsar la economía tras la COVID, como en la eurozona con los fondos europeos NGEU, sino de la necesidad de reforzar la autonomía y posición estratégica de EE. UU.
Las 20 economías de la eurozona tienen una moneda única con la que comparten una misma política monetaria e, implícitamente, un tipo de cambio fijo. Sin embargo, en los últimos dos años la región ha sufrido fuertes discrepancias en las tasas de inflación de sus países miembros. ¿Qué explica esta dispersión?
El crecimiento de la eurozona en los próximos años será inferior al del anterior ciclo expansivo: existen factores estructurales (baja productividad, envejecimiento y desajustes en el mercado laboral) que limitarán las perspectivas económicas a medio plazo. Los buffers de la eurozona han mejorado después de la crisis, pero la persistencia de algunos desequilibrios dificultará su reconstrucción plena.
La digitalización y los avances en automatización tienen el potencial de cambiar la especialización productiva de los países. En este artículo intentaremos pronosticar los cambios en lo que producirán economías (en particular, las avanzadas) y en cómo lo harán.
¿De qué se trata exactamente el NGEU y cómo funcionará? Respondemos a las preguntas frecuentes sobre el Fondo de Recuperación Europeo, el calendario de aprobación y de implementación, la condicionalidad y la repartición de los fondos.
En el tercer artículo del Dossier "Las claves de la productividad europea" analizamos en profundidad cuáles son y qué contribución cuantitativa tienen los factores económicos clave que impulsan la productividad a nivel regional europeo.
En el conjunto de 2022, la balanza comercial de bienes de la eurozona registró un déficit de unos 60.000 millones de euros (–0,5% del PIB vs. +2,3% en 2021), resultado que se debe totalmente a la ampliación del déficit de la balanza de energía, que se duplicó superando los 500.000 millones de euros, casi un 4,5% del PIB.
La recuperación vigorosa de la economía europea tras la pandemia ha dado paso en los últimos años –en un contexto geopolítico más hostil– a una situación de crecimiento débil. Sin embargo, esta caracterización no es homogénea ni en su composición geográfica ni sectorial. Así, mientras la atonía es muy acusada en Alemania o Italia, la en otro tiempo denominada «periferia europea» mantiene un notable dinamismo encabezada por España y Portugal. Un contraste similar encontramos entre el comportamiento más errático de actividades agrícolas, manufactureras y de construcción –con mayor exposición a los shocks recientes– y el creciente peso en la economía de servicios cualificados apoyados en tendencias favorables de fondo como la transformación digital.
En la segunda mitad de 2018, la economía europea se desaceleró de forma notable. En este artículo analizamos cuantitativamente el peso de los tres factores que explican la desaceleración: el menor consumo de coches, la ralentización comercial y la incertidumbre política.
El impacto sobre la UE de un arancel universal a las importaciones de bienes de EE. UU. va más allá del efecto directo en las empresas exportadoras y se dejará sentir también de manera indirecta en el conjunto de la economía y a través de las cadenas europeas y globales de valor.
El conflicto en Oriente Próximo ha elevado la inflación europea a la región del 3% y ha sacado al BCE de su zona de confort. El pasado 11 de junio, el banco central subió tipos y tanto sus últimas comunicaciones como las cotizaciones de los mercados financieros apuntan a que lo volverá a hacer en los próximos meses. La cuestión principal no es el impacto directo del encarecimiento de la energía, sino el riesgo de que se propague al resto de los precios de la economía y desemboque en una inflación demasiado elevada y persistente. ¿Qué nos dicen los datos sobre esta propagación?
El informe Draghi sienta las bases de una reindustrialización en Europa, combinando acciones horizontales con un menú de propuestas para 10 sectores estratégicos.
En el segundo artículo del Dossier "Las claves de la productividad europea" revisamos un amplio conjunto de variables que abarcan aspectos institucionales, geográficos, tecnológicos y vinculados al tejido productivo, caracterizando los diferentes grupos de regiones europeas según su nivel de productividad.
Todo apunta a que el crecimiento en la eurozona se frenará sensiblemente en el 4T por culpa de los cuellos de botella, si bien, de momento, confiamos en que se alcancen tasas intertrimestrales superiores a su media de largo plazo.
El cambio tecnológico cambiará el sistema de pagos tal y como lo conocemos, y probablemente la tecnología blockchain tendrá un papel muy destacado en este proceso facilitando la aparición de monedas digitales. ¿Cuáles son las claves de las tecnologías que permitirán esta transformación? ¿Qué criptomonedas tienen más posibilidades de éxito?