El nuevo foco de preocupación del ya complejo escenario económico global es la salud de las finanzas públicas. En el caso de España, las dos palancas para que la deuda pública siga descendiendo son el déficit público y el crecimiento económico.
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Dice el refrán que más vale malo conocido que bueno por conocer, pero la inflación quizás supone un caso especial. ¿Qué pasará con la inflación en 2023?
Uno de los temas candentes de la actualidad económica es el impacto de un endurecimiento de las condiciones financieras sobre el coste de la deuda pública española. Desde principios de año hemos observado un repunte de los tipos de interés soberanos de la eurozona y en las primas de riesgo periféricas, incluida la española. Así, cabe preguntarse cuál será la sensibilidad del coste de financiación de las Administraciones públicas a un entorno macrofinanciero cambiante y muy incierto.
El candidato demócrata, Joe Biden, se impuso al republicano, Donald Trump, en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses. El Congreso parece que seguirá dividido, con la Cámara de los Representantes en manos demócratas y el Senado en manos republicanas. En este entorno político y con la crisis de la COVID-19 muy presente, ¿qué podemos esperar de la política interna y exterior estadounidense en 2021?
No es novedad, pero sigue siendo importante remarcarlo. Los últimos indicadores disponibles para la economía española han vuelto a sorprender en positivo. A pesar de que Europa se mantiene débil y de que a nivel global la incertidumbre es elevada, la evolución de la economía española sigue sobresaliendo en el contexto internacional.
Como Vladimir y Estragon en Esperando a Godot, economistas, académicos y bancos centrales se han pasado la última década esperando a una inflación que no llegaba. Al menos hasta la irrupción en escena de la COVID-19. Los repuntes en los datos y en las expectativas de inflación con los que ha empezado el año 2021 han reavivado el debate sobre su llegada.
Cuando la pandemia se supere, la propia necesidad de actuar contundentemente desde los flancos monetario y fiscal dejará secuelas que, según como se gestionen, podrían condicionar el buen funcionamiento de la política económica en el futuro.
Desgranamos las principales medidas del Plan de Choque de Respuesta a la Guerra, mediante el cual se movilizarán hasta 16.000 millones de euros para mitigar el impacto de la guerra de Ucrania en la economía española.
La incertidumbre que genera el brexit ya está afectando al crecimiento económico (principalmente del Reino Unido y, en particular, en forma de una paralización de proyectos de inversión) y puede dificultar las relaciones empresariales con España a corto plazo.
La intervención del Silicon Valley Bank y su onda expansiva sobre el resto del sistema financiero internacional, además de suponer el enésimo obstáculo en el camino hacia la normalización del ciclo económico internacional, puede entenderse como una prueba para el doble mandato de los bancos centrales.
En este primer artículo del Dossier "Nuevas tecnologías y productividad", repasaremos las distintas vías a través de las cuales la tecnología puede impactar al entorno económico.
La experiencia del Riksbank resalta las dudas acerca de los tipos de interés negativos: a pesar de un empeoramiento de las perspectivas económicas de Suecia, incrementó el tipo de interés del –0,25% al 0% el pasado diciembre y abandonó la política de tipos negativos.
Hoy todavía está en vigor el mayor despliegue expansivo de política monetaria de la historia y se encuentra en periodo de prueba el reciente cambio de estrategia realizado por los dos grandes bancos centrales del mundo que, no olvidemos, pretendía facilitar un ajuste al alza de las expectativas de inflación.
Tras el brexit, el Reino Unido y la UE tendrán solamente 11 meses para alcanzar algún tipo de acuerdo antes de que expire la fase de transición. Todo apunta a un acuerdo de libre comercio que deje para más adelante áreas como servicios o movilidad de personas.