Si ha leído los periódicos este pasado mes de agosto y no ha sentido un cierto desánimo, su destino de vacaciones era mágico o es usted un verdadero optimista.
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Después de haber puesto en marcha el proceso de endurecimiento monetario más intenso de las últimas décadas, parece que los bancos centrales están en vías de solucionar el inesperado repunte de la inflación que ha tenido que afrontar la economía internacional desde el primer semestre de 2021.
Hasta el momento, las inversiones ya aprobadas del Plan de Recuperación y Resiliencia (PRR) portugués ascienden a 12.249 millones, frente a unas inversiones planeadas de 16.644 millones de euros, lo que supone una tasa de aprobación del 74%, un porcentaje en principio prometedor para el aprovechamiento de los fondos NGEU que recibirá Portugal hasta 2026.
Hasta no hace mucho, los mercados financieros parecían digerir sin mucha pesadez la contundente dosis de endurecimiento monetario que han puesto en marcha los bancos centrales para controlar la inflación. Sin embargo, con los tipos de interés adentrándose cada vez más en terreno restrictivo, es decir, en niveles que deberían enfriar la economía, aumenta el riesgo de eventos de estrés y turbulencias financieras.
En este segundo artículo dedicado a la globalización, analizamos la creciente fragmentación de la economía mundial en los últimos tiempos, centrándonos en la desconexión entre EE. UU. y China, y en sus efectos.
A través de la BRI, China ha buscado establecer alianzas y mejorar la conectividad regional mediante inversiones en infraestructuras, y la integración económica en el continente euroasiático, y también en África y América Latina.
En el balance de octubre, los principales índices bursátiles alcanzaron máximos históricos, el dólar se apreció, las rentabilidades de la deuda soberana descendieron y los diferenciales periféricos de la eurozona se estrecharon. Las materias primas exhibieron disparidad entre el alza de los metales y el descenso en los precios del crudo. Los bancos centrales cumplieron con lo esperado: la Fed recortó tipos y el BCE los mantuvo.
¿Qué se entiende por productividad y cómo podemos medirla? ¿Cuál es la posición de la productividad en España respecto a la eurozona? Con este artículo inauguramos una colección sobre los fundamentos de la economía española que tendrán continuidad en los informes mensuales de los próximos meses.
Analizamos la evolución reciente y las perspectivas de la deuda pública en las principales economías avanzadas. Mientras que Estados Unidos, Francia o Bélgica seguirán aumentando sus ratios, Japón y Reino Unido podrían estabilizarlas. En contraste, la periferia de la eurozona muestra condiciones favorables para reducir su deuda, aunque requerirá esfuerzos fiscales significativos.
La cohesión social junto al pilar ecológico y el digital constituyen las líneas de acción claves del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), que traza la hoja de ruta para una recuperación económica sólida, inclusiva y resiliente, no solo para hacer frente a la crisis provocada por la COVID-19, sino también para responder a los retos de la próxima década.
El ritmo de crecimiento de la economía española se ha desacelerado, como atestigua el menor ritmo de avance del PIB en el 3T. La razón principal es la debilidad del entorno externo: la eurozona ha anotado un leve retroceso de la actividad y sus tres principales economías están estancadas. En contraste, el consumo de los hogares en España, uno de los pilares de la economía, sigue presentando buenas cifras.
Una sensación de equilibrio inestable presidirá el comportamiento de la economía global a lo largo de 2024, algo a lo que parece que nos vamos a tener que acostumbrar y que demandará a los agentes económicos una notable flexibilidad a la hora de tomar decisiones. Son los tiempos que nos toca vivir.
Tras la experiencia de los últimos años, ya sabemos cómo el riesgo político puede alterar el comportamiento de hipótesis clave en los escenarios de previsión económica.