En este artículo analizamos los factores que explican el comportamiento reciente de la inversión en España, comparando el ciclo inversor actual con el anterior (2014-2019) y contrastando la situación española con la de sus principales socios de la eurozona.
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El gasto turístico internacional se aceleró ligeramente en marzo de 2026, impulsado por la redirección de flujos turísticos hacia España de los principales países europeos emisores de turistas. Este repunte compensó la caída del turismo proveniente del este de Asia, que, si bien fue intensa, representa una parte pequeña del turismo a España.
El enésimo cambio de narrativa económica de los últimos meses, esta vez pasando del soft landing al no landing, parece jugar a favor de la intención de los bancos centrales de mantener el curso, seguir subiendo tipos y, una vez se alcance el pico, permanecer en terreno restrictivo durante más tiempo del esperado.
La ejecución de los fondos Next Generation (NGEU) a través del Plan de Recuperación y Resiliencia continúa ganando tracción, aunque el calendario aprieta y la recta final obliga a redoblar esfuerzos. No en vano, el 31 de agosto, como fecha límite, deberán haberse asignado todas las inversiones financiadas con subvenciones y préstamos mediante la resolución de las convocatorias y licitaciones pertinentes, y deberá justificarse ante la Comisión Europea el cumplimiento de todos los hitos. Asimismo, España deberá presentar las solicitudes de pago antes del 30 de septiembre, mientras que la Comisión tendrá como fecha límite el 31 de diciembre para efectuar los desembolsos, ya que solo dispondrá hasta entonces para certificar las inversiones, es decir, acreditar que el dinero se ha destinado a los proyectos comprometidos.
Pocos temas económicos han tenido tantas idas y venidas en tan poco tiempo como la saga arancelaria de la Administración Trump 2.0. En apenas 18 meses, los analistas (no digamos ya las empresas conectadas al comercio internacional) hemos vivido en una auténtica montaña rusa: el icónico Liberation Day; la escalada sin precedentes con China, con aranceles superiores al 100%; o el episodio de Groenlandia, dentro de las habituales amenazas a la UE.
Las cadenas de suministro globales se han visto sacudidas, una vez más, tras el ataque conjunto de EE. UU. e Israel a Irán y la posterior extensión del conflicto a otros países de Oriente Próximo. Con las reservas propias de la incertidumbre actual sobre su severidad y duración, este nuevo shock se perfila como la mayor disrupción del comercio internacional desde la COVID-19.
El mapa de riesgos es exigente y, además de la prevalencia de disrupciones geopolíticas, los mercados financieros han mostrado sensibilidad a las promesas, las dudas y las transformaciones de la inteligencia artificial (IA) y a la sostenibilidad de la deuda pública.
La crisis financiera de 2008 y las recientes olas migratorias son dos de los factores coyunturales que han favorecido el aumento de la polarización política en Europa. La incidencia de la primera se estima más relevante que la segunda. Las políticas de cohesión social podrían explicar que la influencia de la inmigración en la polarización sea menor.
Hoy todavía está en vigor el mayor despliegue expansivo de política monetaria de la historia y se encuentra en periodo de prueba el reciente cambio de estrategia realizado por los dos grandes bancos centrales del mundo que, no olvidemos, pretendía facilitar un ajuste al alza de las expectativas de inflación.
En el balance de octubre, los principales índices bursátiles alcanzaron máximos históricos, el dólar se apreció, las rentabilidades de la deuda soberana descendieron y los diferenciales periféricos de la eurozona se estrecharon. Las materias primas exhibieron disparidad entre el alza de los metales y el descenso en los precios del crudo. Los bancos centrales cumplieron con lo esperado: la Fed recortó tipos y el BCE los mantuvo.
Analizamos la evolución reciente y las perspectivas de la deuda pública en las principales economías avanzadas. Mientras que Estados Unidos, Francia o Bélgica seguirán aumentando sus ratios, Japón y Reino Unido podrían estabilizarlas. En contraste, la periferia de la eurozona muestra condiciones favorables para reducir su deuda, aunque requerirá esfuerzos fiscales significativos.
A las puertas de 2026, la economía mundial demuestra una vez más una resiliencia mayor de la prevista frente a la incertidumbre y al ruido geopolítico. Sin embargo, el crecimiento y el bienestar dependerán de cómo se gestionen la división entre bloques económicos, el auge de la inteligencia artificial y los retos fiscales, en un contexto de transición y creciente complejidad.
La Comisión Europea ha publicado los resultados de su encuesta trimestral sobre el sector industrial. Esta encuesta cubre un abanico amplio de cuestiones, pero en este artículo nos centraremos en los mensajes que se desprenden de la pregunta sobre los principales factores que limitan la capacidad de producir de las empresas del sector manufacturero.
Pese a la previsible reducción del déficit hasta cotas cercanas al 5,0% del PIB en 2022, las necesidades de financiación del Tesoro seguirán siendo elevadas, lo que lleva a preguntarnos si puede haber dificultades para captar dicha financiación una vez que el BCE ha anunciado que va a ir reduciendo sus adquisiciones de deuda pública.