El punto de partida de cara al próximo año es una economía mundial que recupera buena parte del crecimiento perdido durante la pandemia, gracias al éxito de las vacunas y a una extraordinaria reactivación de la demanda de bienes duraderos que no ha podido ser respondida por la oferta, que crea cuellos de botella que han terminado distorsionando las cadenas de valor y que provoca un inesperado repunte en la inflación.
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La Comisión Europea ya ha abierto una consulta pública para relanzar el debate sobre la reforma del marco de gobernanza económica. En los requisitos apunta que se debe asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas sin poner en entredicho la recuperación económica, y que las reglas deben ser sencillas y su aplicación, transparente.
El conflicto de Ucrania no es más que el canario en la mina del aumento de la inestabilidad en el escenario geopolítico que cabe esperar para los próximos años, cuyo máximo exponente será la rivalidad entre China y EE. UU.
En marzo, los bombardeos entre Irán y EE. UU. e Israel causaron un estrés notable en las materias primas energéticas; el petróleo Brent fluctuó alrededor de los 100 dólares por barril a lo largo del mes y el gas TTF entre los 50 y 60 euros por MWh. Esto apunta a un repunte de la inflación y ha hecho que los mercados cotizaran subidas de tipos en las próximas reuniones del BCE.
El Banco Central Europeo está sopesando también la posibilidad de emitir una moneda digital propia como complemento al efectivo, con vistas a un posible lanzamiento en 2025-2026.
La economía mundial deberá seguir afrontando importantes desafíos en 2023, teniendo en cuenta las dinámicas disruptivas que siguen presentes en el escenario. Con la incógnita del desempeño de la economía china y de la evolución del conflicto en Ucrania, las claves serán minimizar los daños en el mercado de trabajo del endurecimiento monetario y mantener aislado del ruido al canal financiero.
El pasado noviembre la Comisión Europea presentó una propuesta para reformar las reglas fiscales de cara a su reimplementación en 2024. La propuesta no modifica los objetivos de deuda y déficit del 60% y 3% (se encuentran en los tratados de la UE y es poco factible cambiarlos), sino que los fija como referencias de medio plazo y se centra en reformar el sistema para conducirnos hacia estos objetivos.
Hasta no hace mucho, los mercados financieros parecían digerir sin mucha pesadez la contundente dosis de endurecimiento monetario que han puesto en marcha los bancos centrales para controlar la inflación. Sin embargo, con los tipos de interés adentrándose cada vez más en terreno restrictivo, es decir, en niveles que deberían enfriar la economía, aumenta el riesgo de eventos de estrés y turbulencias financieras.
La inflación de la eurozona ha estado disminuyendo de forma sostenida por una razón clara: la distensión de la energía. Ahora la duda es si seguirá cayendo con fuerza hacia el 2% o si encontrará nuevos escollos que le dificulten seguir suavizándose.
El inicio del nuevo curso económico viene marcado por la sensación de que podemos estar afrontando un punto de inflexión en el comportamiento de la economía.
Tras un desempeño mejor de lo esperado en el 1S 2023, la actividad mundial ha sufrido un enfriamiento a lo largo del 3T, fruto de dinámicas dispares entre las grandes economías. En este artículo repasamos las perspectivas del entorno económico internacional.
En este segundo artículo dedicado a la globalización, analizamos la creciente fragmentación de la economía mundial en los últimos tiempos, centrándonos en la desconexión entre EE. UU. y China, y en sus efectos.
El repunte de las rentabilidades de la deuda a escala global ha vuelto a poner la situación fiscal en el foco. El caso de Europa reviste un interés especial, ya que en 2024 las reglas fiscales se volverán a activar, tras suspenderse desde 2019 por la pandemia y el inicio de la guerra en Ucrania. ¿Qué plantea el nuevo marco fiscal? El plan propuesto, ¿es más o menos estricto que el vigente?
Tras la experiencia de los últimos años, ya sabemos cómo el riesgo político puede alterar el comportamiento de hipótesis clave en los escenarios de previsión económica.
El nuevo foco de preocupación del ya complejo escenario económico global es la salud de las finanzas públicas. En el caso de España, las dos palancas para que la deuda pública siga descendiendo son el déficit público y el crecimiento económico.
El empleo en España ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años. La tasa de paro también se ha reducido de forma notable, pero sigue siendo una de las más elevadas de la eurozona. ¿Tiene capacidad el mercado laboral para seguir apoyando el crecimiento de la economía española?