El mercado ha experimentado su tercer gran movimiento en lo que llevamos de año en marzo. Si enero estuvo marcado por la desaceleración de la inflación y un renovado apetito por el riesgo, revertido en febrero por la resiliencia del ciclo y los precios, en marzo la caída del Silicon Valley Bank en EE. UU. desató un episodio de pánico breve, pero intenso.
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En el conjunto de 2022, la balanza comercial de bienes de la eurozona registró un déficit de unos 60.000 millones de euros (–0,5% del PIB vs. +2,3% en 2021), resultado que se debe totalmente a la ampliación del déficit de la balanza de energía, que se duplicó superando los 500.000 millones de euros, casi un 4,5% del PIB.
Los vientos de cola que suponen los últimos datos de la inflación y unos mercados laborales sólidos coexisten con una pérdida natural de impulso cíclico y, especialmente, con un entorno de elevados riesgos geopolíticos, una combinación que marcará la velocidad del escenario en los próximos trimestres.
Encaramos la recta final del año tras un verano marcado por la celebración de las Olimpiadas en París y por un breve episodio de turbulencias financieras, debido, en parte, a los temores de que la economía estadounidense pueda entrar en recesión. Se ha demostrado que estos temores han sido algo exagerados, y la economía mundial mantiene la tendencia de los últimos trimestres, si bien las perspectivas para la última parte del año se han debilitado. Toca pues reajustar los escenarios económicos y financieros con toda la nueva información disponible en los últimos meses.
La evolución de la economía apunta a un cambio de fase: el inicio de una distensión de la política monetaria a nivel mundial.
Los mercados financieros registraron una estabilización generalizada a lo largo de abril, a medida que el radar de los inversores dejaba atrás el episodio de turbulencia financiera de marzo y se redirigía hacia las perspectivas de crecimiento e inflación, con la publicación de los datos del PIB del 1T 2023 y de la temporada de resultados empresariales.
La economía española deberá seguir sorteando un entorno internacional adverso y complejo. Pero de momento ha empezado el año con buen pie.
Hasta no hace mucho, los mercados financieros parecían digerir sin mucha pesadez la contundente dosis de endurecimiento monetario que han puesto en marcha los bancos centrales para controlar la inflación. Sin embargo, con los tipos de interés adentrándose cada vez más en terreno restrictivo, es decir, en niveles que deberían enfriar la economía, aumenta el riesgo de eventos de estrés y turbulencias financieras.
A cierre de este informe, el conflicto en Oriente Próximo sigue abierto y sigue tensionando los precios de la energía y sus derivados. La duración del conflicto será determinante para evaluar su impacto económico. En la región se produce casi el 30% del crudo y el 20% del gas mundiales; este último es un insumo clave en la producción de fertilizantes y helio, fundamental para la producción de semiconductores; y, además, en ella se encuentran dos de las principales vías marítimas del mundo: los estrechos de Ormuz y de Bab-el-Mandeb (en el Mar Rojo). Asimismo, existen elementos que pueden presionar para acelerar una salida al conflicto, como la pérdida de popularidad de Trump (que puede pasarle factura en las mid-term) o el elevado coste económico de la guerra. Dada la incertidumbre del entorno, nuestras previsiones económicas se anclan en los precios de la energía cotizados en los mercados.
Los buenos datos de crecimiento de la economía española en el tramo final de 2024 nos llevan a revisar al alza la previsión de crecimiento del PIB para 2025. Sin embargo, la mayor probabilidad de tensiones arancelarias entre EE. UU. y la UE nos invita a la prudencia. De este modo, prevemos que la economía crezca un 2,5% en 2025, por encima del 2,3% que preveíamos anteriormente, aunque algo por debajo de la revisión que podríamos haber realizado en ausencia de este factor de incertidumbre.
Han pasado prácticamente cuatro meses desde nuestra última actualización del escenario macroeconómico. Durante estos meses, la economía española ha mostrado un tono más resiliente de lo que se esperaba. Asimismo, se ha confirmado la práctica, aunque no completa, normalización del precio del gas natural y ya vemos cerca el techo de los tipos de interés de referencia. Ante todos estos cambios, hemos actualizado nuestro escenario de previsiones macro.
Examinamos las dinámicas y los factores que nos han llevado a reevaluar las perspectivas para la economía internacional y los mercados financieros.
La primera reacción del mercado a la victoria de Trump y el partido Republicano en las elecciones de EE. UU. fue acorde con unas expectativas en que sus políticas supongan una mayor inflación a medio plazo, así como un cierto impulso al crecimiento económico a corto plazo.
La concatenación de shocks de oferta y de demanda que llevan aparejados los anuncios de las últimas semanas van a alterar los equilibrios de crecimiento e inflación, con la variable expectativas modulando los efectos que se desplegarán a través de los canales comerciales y financieros.
La actividad muestra signos de desaceleración y la inflación desciende por debajo del 2% en marzo, por primera vez desde agosto de 2024.
El rally primaveral se atenúa por las señales de persistencia en las presiones inflacionistas y por el endurecimiento del tono hawkish por parte de los principales bancos centrales, bajo un mantra de «tipos más elevados por más tiempo».
La economía mundial cerró el primer semestre de 2023 con tres grandes dinámicas: la actividad económica se mantuvo resiliente, la inflación se vino reduciendo sostenidamente en todas las grandes economías y las condiciones financieras siguieron endureciéndose.
Analizamos el enfriamiento del sector manufacturero mundial en un momento en el que confluyen distintos factores: las secuelas de la pandemia, el efecto arrastre de China y las repercusiones de la crisis energética en la industria europea.
El sector exterior español ha mostrado muy buenos resultados y una destacable resiliencia a varios eventos económicos adversos en la última década. ¿Mantendrá la competitividad en el contexto inflacionista actual?
La sensación es que nos encontramos cerca de un punto de inflexión, a partir del cual se irán manifestando con más intensidad los efectos del endurecimiento monetario acumulado en el último año y medio.