En el transcurso del año 2021 hemos constatado que, a raíz de la pandemia, se ha producido un desajuste en el sector inmobiliario entre una demanda que se ha reactivado muy rápidamente y una oferta que se muestra más dependiente de factores de tipo estructural y que, por tanto, sigue rezagada en la recuperación. A causa del desajuste, los precios de la vivienda han iniciado una tendencia alcista, que puede tener cierta continuidad en los próximos trimestres como consecuencia del encarecimiento de los costes de producción del sector y los problemas de abastecimiento de determinadas materias primas. Sin embargo, a medio plazo, a medida que la nueva oferta se vaya incorporando al mercado y se atenúen las tensiones en las cadenas de distribución globales, los precios deberían volver a una senda de crecimiento más acorde con la evolución de la renta de las familias.
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Las perspectivas para la economía española y sus sectores en 2025 y 2026 son sólidas. Aunque persiste una elevada incertidumbre en torno a las reglas del comercio global, prevemos que el PIB de España podría crecer un 2,4% en 2025 y un 2,0% en 2026, en un escenario en el que las tensiones comerciales se mantuvieran contenidas.
El mercado inmobiliario español se está desacelerando, pero a un ritmo más moderado de lo previsto en el escenario que publicamos en el Informe Sectorial Inmobiliario de diciembre.
Según el nuevo Indicador Sectorial de CaixaBank Research, las ramas más intensivas en energía de la industria manufacturera y el sector agroalimentario son los que más sufrieron en 2023. En el lado opuesto, encontramos la hostelería y la automoción, que mantuvieron una buena evolución.
La guerra en Ucrania ha alimentado el temor a un desabastecimiento de determinados insumos esenciales para el sector agroalimentario, debido a que Rusia y Ucrania son actores principales en la oferta mundial de cereales, aceites y fertilizantes, entre otras materias primas. Por ello no sorprende que, tras el estallido del conflicto, los precios de las materias primas agrícolas en los mercados internacionales repuntaran de forma muy marcada. Una escalada de precios que se ha trasladado a los costes de producción del sector agrícola español, importador neto de fertilizantes y piensos, y que está repercutiendo sobre los precios de los alimentos que pagan los consumidores finales. Sin embargo, los desarrollos más recientes (los acuerdos para liberar parte del cereal retenido en el mar Negro y las buenas cosechas en otros países productores) han ayudado a estabilizar los precios agrícolas y a reducir el riesgo de una crisis alimentaria global.
La economía mundial encara el tramo final de 2026 en un escenario exigente. La prolongación del conflicto en Oriente Próximo mantiene elevados los precios energéticos y ha llevado a los bancos centrales a endurecer su política monetaria, mientras que la resiliencia de la actividad y el impulso inversor asociado a la IA actúan como contrapesos. En este número de octubre presentamos la actualización de nuestras previsiones económicas y financieras internacionales y analizamos el nuevo equilibrio entre inflación, tipos de interés y crecimiento. También revisamos el escenario macroeconómico para España: elevamos la previsión de crecimiento para 2026 hasta el 2,6% y mantenemos la de 2027 en el 2,0%. Además, valoramos los posibles efectos institucionales y económicos de las próximas elecciones de mitad de mandato en EE. UU., examinamos las consecuencias de las políticas migratorias de la segunda Administración Trump y hacemos balance de una temporada alta turística especialmente dinámica en España.
El mercado de la vivienda en España está inmerso en una fase de creciente tensión, resultado de la combinación de una demanda fuerte, una oferta insuficiente y poco elástica y una elevada heterogeneidad territorial.
Las políticas económicas implementadas durante la pandemia han amortiguado el impacto de la crisis sobre la situación financiera de las familias. Por un lado, se ha evitado una mayor caída de los ingresos de los hogares, mientras que, por otro lado, la política monetaria acomodaticia del BCE ha propiciado una reducción de los pagos por intereses de la deuda. Un análisis detallado del esfuerzo que realizan los hogares para pagar su hipoteca, a partir de los datos internos de CaixaBank, debidamente reponderados para ser representativos de la población española, muestra que las medidas han conseguido reducir el esfuerzo hipotecario durante la pandemia en la mayoría de los hogares, si bien todavía siguen existiendo bolsas de vulnerabilidad entre los hogares de renta baja.
La irrupción de la pandemia a principios de 2020 ha tenido repercusiones sin precedentes en muchos ámbitos de la economía. Uno de ellos ha sido el consumo de los hogares, principal componente del PIB y tradicionalmente considerado un indicador de la salud de la economía y del bienestar de la sociedad. A causa de las restricciones a la actividad y a la movilidad durante la crisis sanitaria provocada por la COVID-19, el desplome del consumo fue mucho mayor al acontecido durante crisis anteriores. La parte positiva es que, con el levantamiento de las restricciones, el consumo en España ha rebotado en 2021 de forma más acusada que en el pasado. De hecho, en octubre el monitor de consumo elaborado por CaixaBank Research con datos internos ya se situaba un 13% por encima del mismo mes de 2019.
El sector agroalimentario se consolida como principal motor de las exportaciones de bienes de España, manteniéndola entre las principales potencias exportadoras de productos agrarios a nivel mundial. Entre los factores que explican esta solidez, además de la contrastada capacidad competitiva del sector, destaca la elevada diversificación geográfica de los destinos de las exportaciones, un elemento que confiere una notable resiliencia al sector ante posibles shocks.