Pese a los esfuerzos llevados a cabo en los últimos años para reducir la intensidad energética en Europa y aumentar el peso de las renovables como fuentes alternativas de energía, la región continúa siendo sensible a los movimientos en los precios de la energía en los mercados internacionales. La situación actual representa un nuevo desafío, pero también una nueva oportunidad para impulsar una transición más rápida hacia un modelo energético sostenible y seguro.
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La ejecución de los fondos Next Generation (NGEU) a través del Plan de Recuperación y Resiliencia continúa ganando tracción, aunque el calendario aprieta y la recta final obliga a redoblar esfuerzos. No en vano, el 31 de agosto, como fecha límite, deberán haberse asignado todas las inversiones financiadas con subvenciones y préstamos mediante la resolución de las convocatorias y licitaciones pertinentes, y deberá justificarse ante la Comisión Europea el cumplimiento de todos los hitos. Asimismo, España deberá presentar las solicitudes de pago antes del 30 de septiembre, mientras que la Comisión tendrá como fecha límite el 31 de diciembre para efectuar los desembolsos, ya que solo dispondrá hasta entonces para certificar las inversiones, es decir, acreditar que el dinero se ha destinado a los proyectos comprometidos.
La reciente escalada del conflicto en el Golfo Pérsico, con el estallido de la guerra en Irán, ha vuelto a situar la energía en el centro de la agenda económica global. Aunque el alcance y la duración del conflicto siguen siendo inciertos, los mercados, especialmente los de petróleo y gas natural, han reaccionado con rapidez. En este contexto, analizamos cuál es la posición de la economía española ante este nuevo shock energético.
La reciente recuperación de las divisas emergentes se está interpretando bien como un principio de cambio de régimen más duradero, bien como un movimiento alcista de carácter temporal. Exploramos los fundamentos macroeconómicos y las dinamicas de mercado para diagnosticar qué voces tienen más argumentos.
Mientras nosotros cambiamos de fases para desescalar el confinamiento, la UE también ha puesto encima de la mesa un cambio de fase pero, en su caso, para escalar en el proceso de construcción europea. De hecho, el plan de recuperación propuesto por la Comisión Europea, que se podría decir que pone los cimientos de una unión fiscal, es más que un cambio de fase y supone un verdadero salto cuántico, un momento excepcional en la historia de la Unión.
El precio del petróleo parece haberse subido a una montaña rusa, y ello hace muy difícil prever cuál será su futura evolución. En los primeros compases del año, las limitaciones en la producción de petróleo implementadas por los países de la OPEP y la recuperación del sentimiento inversor sostuvieron la cotización del petróleo.
La crisis de la COVID-19 habría provocado un aumento pronunciado de la desigualdad si, en parte, la actuación del sector público no lo hubiera amortiguado. Las elevadas cotas de desigualdad registradas durante el pico de la crisis están disminuyendo de forma gradual gracias a la recuperación de la actividad.
¿Qué papel pueden tener los bancos centrales en la lucha contra el cambio climático? ¿Cómo podría el BCE incorporar criterios climáticos en su toma de decisiones, en el marco de su revisión estratégica?
El cambio climático está de plena actualidad: usted mismo lo puede comprobar a diario en los medios de comunicación. Además, la cantidad de estudios que abordan el tema es ingente, lo que indica no solo la popularidad, sino la relevancia del problema. No en vano, para el 37% de los españoles se trata de la mayor amenaza a la que se enfrenta el mundo.1
- 1Véase Lázaro, L., González, C. y Escribano, G. (2019). «Los españoles ante el cambio climático». Real Instituto Elcano.
En la actualidad, estamos empezando a presenciar las primeras consecuencias del cambio climático. Es bien sabido, por ejemplo, que los casquetes de hielo polares están retrocediendo a causa del aumento de la temperatura, pero esto podría ser solamente la punta del iceberg si no actuamos debidamente. A continuación valoramos algunas de las consecuencias que puede tener el cambio climático en el futuro y qué factores están impidiendo que se avance de forma más decidida hacia una economía más respetuosa con el medio ambiente y, en última instancia, más sostenible a largo plazo.
En los últimos años se ha hecho evidente la necesidad de actuar con celeridad frente al cambio climático, hasta el punto de referirnos a este fenómeno como «emergencia climática».1 ¿Cómo podemos afrontar esta situación? En este artículo proponemos medidas para mitigar sus efectos o, al menos, intentarlo. Se trata de un reto colectivo que deberá embarcar a reguladores, empresas y hogares.
- 1éanse los dos primeros artículos de este mismo Dossier, donde se detallan las causas y consecuencias del cambio climático.
El fin de año se avecina, y con él llega nuestro habitual ejercicio de perspectivas acerca del devenir de la economía a lo largo del próximo año. Tal y como veremos, prevemos que 2020 será un año de moderación del crecimiento que no irá más allá de una transición hacia un estadio de crecimiento más suave tras un largo ciclo de recuperación económica.
Tras crecer un promedio del 3,0% en 2017-2018, la economía lusa ha moderado su crecimiento hasta cotas en torno al 2,0%, en 2019. La entrada en una fase más madura del ciclo y el desvanecimiento de factores de apoyo temporales que impulsaron el crecimiento en los últimos años son los principales causantes de una expansión más moderada. Aun así, este ritmo es suficiente para afianzar la recuperación de la convergencia de Portugal con el resto de la eurozona sin generar desequilibrios macrofinancieros.