Migraciones y políticas migratorias: una panorámica global

Más de 300 millones de personas, casi el 4% de la población mundial, viven hoy fuera de su país de origen. En este artículo analizamos las principales tendencias migratorias globales y cómo están evolucionando las políticas públicas para responder a este desafío.

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November 6th, 2026

Los flujos migratorios han respondido históricamente a necesidades humanas: conflictos armados, violencia contra determinados grupos, desastres naturales o, en la mayoría de los casos, simplemente la búsqueda de mejores oportunidades. Al moverse desde regiones o países menos desarrollados hacia otros en mejor situación económica, un migrante puede lograr mejores condiciones de vida y hacer un uso más productivo de su tiempo y talento, aprovechando la existencia de mejores instituciones, mercados y tecnologías, así como un entorno de menor incertidumbre.1 Además de producir efectos positivos a nivel individual y en el territorio de acogida, las migraciones también generan oportunidades de desarrollo considerables en el país de origen, por ejemplo, a través de remesas a familiares, inversiones o transferencias de conocimiento. Sin embargo, como ocurre con el comercio de bienes y servicios o la movilidad de capital, el desplazamiento de personas produce efectos distributivos y comporta importantes retos para las políticas públicas.

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    Cerca de un 70% de los trabajadores migrantes a nivel global se encuentran en economías avanzadas.

Tendencias recientes y patrones geográficos

En lo que llevamos de siglo, los flujos migratorios han seguido creciendo a nivel global y el mundo cuenta ya con más de 300 millones de personas que viven fuera de su país de origen (datos para 2024, año más reciente disponible).2 Aunque los principales países de origen y destino de los flujos migratorios no han cambiado sustancialmente, conviene destacar algunos rasgos relevantes (véase el primer gráfico). Por un lado, EE. UU. ha sido el principal destino de los flujos migratorios a nivel global, con más de 50 millones de migrantes en 2024. Además, han crecido sustancialmente destinos como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, el Reino Unido o España. Por otro lado, destaca el crecimiento de la India como principal origen de migrantes internacionales a nivel global, pero también el repunte de flujos migratorios desde países afectados por conflictos o crisis humanitarias, como Ucrania, Siria o Venezuela.3 Esta panorámica global esconde un fuerte componente geográfico, como ilustran algunas de las principales rutas migratorias, como los corredores México-EE. UU., Siria-Turquía, o entre países centroasiáticos y la zona del Golfo. La mayoría de los migrantes y desplazados se trasladan a países cercanos por facilidad de acceso, familiaridad con el destino y rapidez para encontrar seguridad.4

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    Según el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones, OIM (2026), «Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2026», esto corresponde a casi el 4% de la población mundial en 2024, en comparación con los 175 millones de migrantes en el 2000 (algo menos del 3% de la población).

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    Los datos de las Naciones Unidas apuntan a unos 2,5 millones de personas refugiadas con necesidad de reasentamiento este año, frente a menos de 1 millón en 2015.

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    OIM (2026), op. cit., tercer capítulo.

Los elevados flujos migratorios durante los últimos 25 años, junto con el proceso de envejecimiento en las economías desarrolladas,5 han comportado un significativo incremento del peso de la población nacida en el extranjero en estos países (véase el segundo gráfico). En el conjunto de las economías avanzadas, el incremento promedio entre el 2000 y 2024 se situó en los 6 p. p. Asimismo, Europa, América del Norte y Oceanía siguen situándose entre los principales destinos de migrantes internacionales, con poblaciones migrantes superiores al 15% de la población. Por países, los aumentos más significativos desde el inicio del siglo se han concentrado en algunos países europeos, como Austria, España, Suiza, Suecia, Bélgica o el Reino Unido, todos con aumentos cercanos o superiores a 10 p. p., en términos del peso de migrantes internacionales en la población.

En el conjunto de la OCDE, a pesar de una ligera desaceleración en 2024, los flujos de migración han alcanzado máximos en los últimos años, cercanos a los 6 millones de entradas anuales. Mientras que las entradas por trabajo prácticamente se han duplicado desde el periodo prepandemia, hasta superar el millón de entradas, los motivos familiares han seguido siendo la principal vía de entrada, y se ha visto un crecimiento sostenido en las entradas por razones humanitarias.6 Estas tendencias migratorias se han acelerado en el periodo 2022-2024 en países como España, Portugal, Países Bajos, el Reino Unido o Canadá, mientras que en Alemania, Suecia o Noruega se frenaron desde los máximos de 2014-2019 (véase el tercer gráfico).7

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    En 2024, se han alcanzado 3 millones de nuevas solicitudes de asilo presentadas en países de la OCDE, más del doble que en 2019. Este incremento ha estado impulsado sobre todo por EE. UU. (1,7 millones), pero también por Canadá y el Reino Unido, mientras que el número de solicitudes disminuyó en el conjunto de la UE.

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    De mantenerse las tendencias observadas entre 2019 y 2024, algunos países de la OCDE, como Alemania, España o Canadá, superarían el 20% de la población nacida en el extranjero antes del 2030, mientras que Francia, Italia, el Reino Unido y EE. UU. se acercarían al 15%. Según datos de la OCDE, en 2024 residían en España 8,8 millones de personas nacidas en el extranjero, correspondientes al 18,1% de la población. Según datos del INE, a finales de 2024 residían en España cerca de 9,5 millones de personas nacidas en el extranjero, o el 19,3% de la población. El último dato disponible (julio de 2026) apunta a unos 10,3 millones de personas residentes en España nacidas en el extranjero, o un 20,7% de la población (datos provisionales, Estadística continua de población, INE).

Políticas públicas ante el reto migratorio: implicaciones futuras

En este contexto, se han observado importantes cambios en las políticas migratorias en países de la OCDE. Algunos han fijado objetivos explícitos de reducción de flujos de inmigración y han endurecido especialmente las condiciones para solicitantes de asilo y reunificación familiar, además de limitar el acceso a beneficios sociales.8 En paralelo, las vías de migración laboral se han vuelto más selectivas y orientadas hacia las necesidades productivas de cada país. Asimismo, ante unos mercados laborales tensionados, se ha observado en los últimos años una rápida expansión de los sistemas de cuotas y el desarrollo de listas de ocupaciones deficitarias.9

En materia de integración, la tendencia dominante es vincular cada vez más las políticas de acogida a la participación laboral. Varios países han reforzado los mecanismos de reconocimiento de cualificaciones obtenidas en el extranjero y han ampliado la oferta de programas de formación e inserción destinados a colectivos más vulnerables, como las mujeres migrantes. Aunque algunos países están ampliando sus marcos de integración, otros han introducido mayores exigencias para los recién llegados, lo que refleja una tendencia general hacia sistemas más restrictivos y orientados a resultados económicos.

Asimismo, los principales países de destino de los flujos migratorios globales están tratando de encontrar un nuevo equilibrio entre las necesidades estructurales de inmigración y una creciente presión política para controlar estos flujos. Aunque la escasez de mano de obra, el envejecimiento demográfico y la competencia global por talento siguen impulsando la demanda estructural, se están adoptando políticas más selectivas que endurecen el acceso y vinculan cada vez más la inmigración hacia las necesidades de los mercados, y las políticas de integración están evolucionando desde enfoques centrados en la acogida hacia modelos que priorizan la contribución económica de los recién llegados.

Esta evolución refleja una transformación más profunda del fenómeno migratorio global. Si las migraciones se han explicado históricamente por factores humanitarios o por diferencias de renta entre territorios, hoy se sitúan en el centro de debates sobre crecimiento económico, envejecimiento poblacional y sostenibilidad de los sistemas de bienestar. Ante este nuevo escenario, la gestión a nivel nacional de los flujos migratorios seguirá siendo clave, pero requerirá la adaptación de un amplio espectro de políticas públicas y el refuerzo de la cooperación internacional. Políticas más restrictivas pueden alterar los patrones migratorios, pero difícilmente eliminarán los factores estructurales que impulsan la movilidad internacional y los retos que genera.

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    Véase, por ejemplo, Real Instituto Elcano (2026), «La aplicación del Pacto Europeo de Migración y Asilo: hacia políticas más restrictivas» y el Focus «Políticas migratorias Trump 2.0: ¿el fin del American Dream?», en el IM10/2026.

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    Además, se ha observado un enfoque en el desarrollo de mecanismos de migración temporal y direccionados a trabajadores con calificaciones elevadas. Véase OCDE (2025), «International Migration Outlook 2025».