¿Han sido las democracias más laxas en materia de confinamiento y testeo?

Contenido disponible en
10 de febrero de 2021
Gráfico de barras formado por pilas de monedas de 1 y 2 céntimos de euro

Una pandemia es una prueba decisiva para cualquier sistema político, pero, en las condiciones actuales, lo es especialmente para las democracias. En un momento de menor apoyo ciudadano a la democracia, se postula que la respuesta ante la COVID-19 de ciertos países autocráticos, China en particular, ha sido más efectiva en la lucha contra el coronavirus. Pero lo cierto es que la cuestión, así planteada, tergiversa la realidad. Con los datos disponibles en la mano, parece innegable que China ha sido muy eficaz en su lucha contra la pandemia. Testear a millones de personas en pocos días no está al alcance de cualquiera. Pero tampoco hay que olvidar que otros países claramente democráticos han sido capaces de exhibir grandes resultados en el control de la COVID-19, como es el caso ejemplar de Nueva Zelanda. Y que otros autocráticos han brillado más bien poco cuando se ha tratado de rebajar el coste humano de la crisis. En definitiva, para establecer un juicio objetivo sobre si ser o no democrático es un factor clave en la guerra contra el virus, hay que utilizar el rigor, en este caso, recurriendo a un análisis empírico.

¿Cómo se concreta dicho análisis en un tema tan complejo y cambiante? De entrada, cuando se contrasta lo que han hecho los distintos países para luchar contra la COVID-19, se pone de manifiesto que, en esencia y antes de disponer de las vacunas, se han manejado tres elementos: las medidas de confinamiento (estas engloban las restricciones a la movilidad y las medidas de distanciamiento social), la capacidad de testeo y rastreo de las cadenas de transmisión y la reducción de la movilidad que finalmente se produce. Los dos primeros son instrumentos de política sanitaria, mientras que el tercero es un resultado de las políticas implementadas.

Los confinamientos y el testeo, como bien sabemos, pretenden que el virus no se extienda fuera de ciertos focos. Óptimamente se deben utilizar de forma conjunta: se identifica tempranamente el origen del brote, se detectan los contactos y se establecen cuarentenas o confinamientos de grupos pequeños. Desafortunadamente, en la mayor parte de 2020, con una capacidad de testeo y rastreo de contactos baja en muchos países, el confinamiento fue, más que selectivo, masivo.

Hecha esta caracterización, estamos en condiciones de empezar a plantearnos las preguntas clave, esto es, las relaciones entre democracia e intensidad en el uso de los instrumentos (confinamiento y testeo) y entre democracia y capacidad de control de las interacciones sociales (movilidad). La primera de estas cuestiones será analizada en este artículo del Dossier, mientras que la segunda será objeto del siguiente artículo.1

Así, lo que queremos entender primero es la relación entre el sistema político y la dureza, o laxitud, de las medidas de confinamiento y de la intensidad de testeo. En otras palabras, lo que queremos saber es, en primer lugar, si dos países afectados con la misma intensidad por la pandemia (una tesitura que medimos por el número de casos en proporción de la población)2 han respondido con confinamientos de diferente grado de laxitud en función de si eran más o menos democráticos. Y, en segundo lugar, nos preguntaremos si dos países con igual grado de afectación pandémica han testeado diferencialmente dependiendo de su nivel de democracia.3

A simple vista y de manera ilustrativa, la visualización de los datos (véanse las líneas de tendencia en los gráficos de este artículo) ya sugiere una relación más fuerte entre el número de casos y el nivel de dureza del confinamiento en los países más democráticos. Mediante un análisis de regresión de panel con controles,4 se confirma estadísticamente que la respuesta al primer interrogante es favorable a la democracia: los países con mayor grado de democracia han respondido, a igualdad de afectación de la pandemia, con una intensidad de confinamiento superior. Este es un resultado importante, ya que contradice la visión superficial de que las democracias han sido «débiles» y que, en consecuencia, hay que plantearse hasta qué punto es importante ser más o menos democrático.

  • 1. Véase el artículo «¿Han conseguido las democracias un mejor control de las interacciones sociales?» en este mismo Dossier.
  • 2. Es interesante plantearse hasta qué punto los países autocráticos pueden estar reportando menos casos de los que realmente se están produciendo, bien sea por conveniencia política (para disminuir sospechas de ineficiencia en la lucha contra la pandemia), bien sea porque sus sistemas de recolección de datos son menos desarrollados que en las democracias (que tienden a ser países más avanzados y con mejores sistemas estadísticos). Si este fuese el caso con carácter general, los resultados todavía serían más favorables a las democracias, en el sentido de que la reacción «tibia» de las autocracias aún lo es en mayor grado debido a la infraestimación de la gravedad de la pandemia.
  • 3. Como paso previo a este análisis, se ha estudiado si las dos variables instrumentales de salud pública (esto es, cómo son de estrictos los confinamientos y número de test) han respondido ante el número de casos. Los resultados son los esperados: las autoridades de los diferentes países han reaccionado con el aumento de la dureza de los confinamientos y el nivel de testeo cuando los casos crecen (y viceversa).
  • 4. La relación entre la dureza o laxitud de las medidas de confinamiento, la afectación de la pandemia en el país y el sistema político se analiza mediante la siguiente regresión de panel con efectos fijos: Stringencyi,t = α0 + α1Covidi,t + α2 [Covidi,t × Di ] + ui + ut + μi,t donde Stringencyi,t es una medida de la dureza de las medidas de confinamiento en el país i y en el día t elaborada por la Universidad de Oxford, Covidi,t es el número de nuevos casos COVID-19 diarios en proporción de la población del país, y Di es una medida del sistema político en el país del 0 al 100 de menos a más democrático basada en una medida de las condiciones de los derechos políticos y las libertades civiles en 195 países elaborada por Freedom House. El coeficiente α2 se puede interpretar como la diferencia en la dureza de las medidas de confinamiento para contrarrestar la afectación de la pandemia en democracias en relación con países autoritarios. Los datos cubren 102 países entre febrero y noviembre de 2020. Este modelo sigue un planteamiento similar al de Frey, C. B., Presidente, G. y Chen, C. (2020). «Democracy, Culture, and Contagion: Political Regimes and Countries Responsiveness to Covid-19», Covid Economics 18.
Relación entre el número de casos de COVID-19 en el país y la dureza de las restricciones en países autocráticos y democráticos

Basándonos en el modelo estimado, se concluye que el factor institucional es bastante relevante. Un ejemplo práctico ayudará a entender la sensibilidad. Siendo 100 el máximo nivel de democracia posible, según el indicador de Freedom House, España tiene un nivel de 92 y Colombia, de 55. Ahora supongamos que la intensidad de la pandemia (medida por el número de nuevos casos por 100.000 habitantes) se multiplicase por 10 (como sucedió en España entre el 6 y el 13 de marzo, por ejemplo). En este supuesto, el resultado que arroja el modelo es que el cambio en el nivel de dureza sería en España 1,5 puntos superior al cambio en Colombia. ¿Cómo interpretar 1,5 puntos? Pues sería el aumento en el nivel de dureza que se produciría al pasar las autoridades de recomendar quedarse en casa a hacer obligatorio el confinamiento domiciliario con excepción de trabajo, escuela, ejercicio y compras esenciales.5 Un salto no menor, sin duda.

El mismo resultado se obtiene al utilizar el segundo instrumento de política sanitaria, la capacidad de testeo. Los resultados del modelo apuntan a una respuesta de las democracias más intensa que la de las autocracias. Como sucedía con el grado de dureza de los confinamientos, ser más o menos democrático representa una diferencia apreciable.

En definitiva, en contra de lo que a veces se ha criticado, las democracias no han sido laxas en su lucha contra la COVID-19 en comparación con las autocracias. Una cuestión distinta, y de hecho más trascendental, es si además de «duras» han sido efectivas. O lo que es equivalente, debemos regresar a la segunda cuestión que mencionábamos al inicio y plantearnos si se ha conseguido el comportamiento social deseado, esto es, el control de la movilidad. Exploraremos la cuestión en el siguiente artículo y estaremos más cerca de responder completamente a la compleja pregunta de si las democracias han estado a la altura en esta gran crisis sanitaria.

  • 5. El índice que mide la dureza de las medidas de confinamiento es el agregado de un conjunto de métricas de distanciamiento social, una de las cuales es el grado de las restricciones domiciliarias. Cuando dicha métrica pasa de una simple recomendación de quedarse en casa a una obligación de confinarse en el domicilio, el índice agregado de la dureza de las medidas aumenta en 1,5 puntos.