El fuerte repunte de la inflación en EE. UU. sigue avivando los temores de sobrecalentamiento.

La inflación general aumentó con fuerza en abril, hasta el 4,2%, una vez más por encima de nuestras previsiones. Este repunte se explica tanto por efectos puntuales de base como por el impacto del rebote de la demanda y de los cuellos de botella que empiezan a restringir la oferta en algunos sectores. Se trata de una tendencia sobre la que ya hemos estado advirtiendo en los últimos meses y que en mayo todavía estará presente. No obstante, en el tramo final de 2021, este repunte debería haberse disipado.

Antonio Montilla
12 de mayo de 2021
Notas breves sobre Estados Unidos
Dato
  • El IPC general de EE. UU. se emplazó en el 4,2% interanual en abril, 1,6 p. p. por encima del registro de marzo y significativamente por encima de las expectativas.
  • El IPC subyacente se situó en el 3,0 interanual, 1,4 p. p. por encima del registro del mes anterior.
  • En términos intermensuales (con la serie ajustada estacionalmente), tanto el IPC general como el subyacente avanzaron sustancialmente (un 0,8% y 0,6%, respectivamente).
Valoración
  • La inflación general ha vuelto a repuntar de la mano del importante efecto base que arrastramos y del aumento de la demanda, impulsada por el rápido proceso de levantamiento de restricciones. Se trata de una tendencia sobre la que ya hemos estado advirtiendo los últimos meses y que en mayo todavía estará presente. En el tramo final de 2021, no obstante, este repunte debería haberse disipado. Por su parte, la inflación subyacente se situará en cotas más contenidas a lo largo de 2021.
  • A pesar de que se anticipaba un aumento considerable de la inflación, por segundo mes consecutivo, este incremento ha sido significativamente superior al previsto por CaixaBank Research y el consenso de analistas. En concreto, la inflación general se emplazó en el 4,2% en abril (3,6% previsto por Caixabank Research). Por su parte, la subyacente, se situó en el 3,0% (2,2% previsto por CaixaBank Research; véase tabla en la versión más extensa colgada en PDF).
  • El fuerte aumento se explica, en primer lugar, por efectos de base, consecuencia de la fuerte caída en el IPC en abril 2020, en plena “hibernación” de la economía tras el estallido de la COVID-19. En concreto, estimamos que este efecto ha contribuido en torno a 0,7 p. p. al incremento de la inflación en abril. Asimismo, prevemos que dicho efecto se moderará en mayo (+0,1 p.p.) y se tornará negativo a partir de junio (véase gráfico en la versión más extensa colgada en PDF).
  • En segundo lugar, la combinación del repunte de la demanda, gracias a los estímulos fiscales y la continuada reapertura de la economía, y los cuellos de botella que empiezan a hacerse notar en algunas industrias han conllevado un aumento de los precios muy superior al que habíamos previsto. En concreto, en términos intermensuales y ajustado estacionalmente, el índice general ha aumentado un 0,8% (movimiento muy intenso), que se suma al 0,6% del mes de marzo. Este notable ascenso mensual se ha visto fuertemente apoyado por un salto enorme en el precio de los automóviles usados, que se incrementó un 10% intermensual, el mayor rebote en la historia de la serie de precios. La escasez de semiconductores ha lastrado la producción de coches nuevos, lo cual se ha reflejado en el mercado de segunda mano con este incremento sustancial en los precios. Por su parte, la mayor movilidad ha favorecido un aumento en el precio de los transportes (p.ej. los billetes de avión subieron un 10% intermensual).
  • Tras la publicación del dato, el treasury a 10 años se cotizó en 1,67%, 5 p.b. superior al inicio de la jornada. Por su parte, el tipo de cambio del dólar frente al euro se mantuvo en torno al 1,21 (usd por euro), mientras los principales índices bursátiles retrocedieron en la apertura (-0,5% en el S&P, -0,9% en el Nasdaq).
  • Los nuevos datos de inflación, la fortaleza que están mostrando los más recientes indicadores de actividad estadounidenses y los cuellos de botella nos obligarán a una revisión al alza de nuestra previsión de inflación para 2021 (que en abril situábamos en el 2,7% en el promedio del año).
Riesgos de sobrecalentamiento y postura de la Fed
  • El riesgo de sobrecalentamiento de la economía estadounidense ha aumentado. Si bien seguimos pensando que el repunte de la inflación será transitorio, los riesgos inflacionistas se han incrementado debido a las más recientes e importantes medidas de gasto fiscal y los cuellos de botella que empiezan a observarse en algunos sectores (p.ej. el automovilístico), en un contexto de fuerte recuperación de la actividad económica. De hecho, de acuerdo con el informe de empleo de abril, los salarios se incrementaron al mayor ritmo desde el inicio del año, lo que sugiere dificultades por parte del sector empresarial privado para cubrir las vacantes de empleo disponibles, situación que, de perdurar en el tiempo, podría restringir el ritmo de actividad e incidir en un aumento más permanente en la inflación; estimamos que, en este escenario alternativo, la inflación IPC general se podría mantener alrededor del 3% hasta 2022.
  • De momento, la Fed seguirá haciendo caso omiso al aumento de la inflación. Tras mantener el tono dovish en la reunión del 27-28 abril (véase Nota Breve), los miembros de la Fed han reiterado que los repuntes en la inflación son de índole “transitorio” y, por lo tanto, no deberían condicionar la política monetaria. El foco de la Fed está puesto en el mercado laboral: la pérdida de dinamismo en la creación de empleo en abril (véase Nota Breve) es incompatible con la condición de “progreso sustancial” que ha establecido el banco central para restringir su política de estímulos (el presidente Powell se ha referido a meses con crecimientos del empleo en torno al millón). En nuestro escenario central, la Fed mantendrá intacta su política de estímulos en lo que resta del año, seguido por el inicio del tapering en las compras de activos en el primer tramo de 2022 y la primera subida de tipos oficiales a finales de 2023. No obstante, reconocemos que el riesgo de un sobrecalentamiento en la economía se ha incrementado, a raíz de las dificultades en la oferta para responder al rápido repunte en la demanda. En un escenario de sobrecalentamiento, esperaríamos que la Fed adelantara la reducción de compras de activos a finales de este año y acordara la primera subida de tipos en la segunda mitad de 2022.
Antonio Montilla